Los otros problemas de Catalunya

David Rodríguez 

Atendiendo a lo expresado por la gran mayoría de medios de comunicación con presencia en Catalunya, el asunto de la independencia es sin lugar a dudas el debate fundamental, el que acapara todas las portadas, editoriales, artículos de opinión y noticias varias. Pudo apreciarse de manera clara durante la campaña electoral y también en el momento de presentar los resultados, cuando todos los gráficos situaban la suma de los dos grandes bloques, sin saber muy bien dónde colocar a los Comunes, ya que éstos habían cometido el sacrilegio de huir de la dinámica de frentes. Sin embargo, y aunque pueda parecer extraño, hay vida más allá del tema de la independencia, y Catalunya presenta otras problemáticas de las que merece la pena hablar, aunque sea muy de vez en cuando, y por supuesto avisando con antelación para no coger a nadie desprevenido.Me gustaría comenzar con el grave problema de la violencia machista, un tema que se cobra vidas humanas y merece algo más de espacio en nuestras reflexiones. Nueve mujeres han muerto asesinadas en Catalunya a lo largo de 2017. Según el IDESCAT, casi 10.000 denuncias se han interpuesto durante los tres primeros trimestres del año, cifra a la que deberíamos siempre sumar las víctimas silenciosas que no acuden a las comisarías. Pero la discriminación por razón de género va más allá: el salario bruto anual medio de las mujeres sigue siendo un 25% inferior al de los hombres, un 72% de contratos a tiempo parcial son para mujeres o la pensión media que reciben es un 38% inferior. Las mujeres resultan especialmente perjudicadas por los recortes sociales, que se han acentuado durante esta gran estafa llamada crisis. Estos datos son sangrantes, pero la discusión pública acerca de los mismos queda siempre en un segundo plano ante la guerra de banderas que padecemos, y no parece que en los debates de investidura se coloque en los discursos nada relacionado con el combate ante esta lacra.

En Catalunya, entre 2009 y 2016 se han producido, según el Consejo General del Poder Judicial, la friolera de 68.274 desahucios, más de 23 al día. En 2014, cifras del IDESCAT muestran que el 26% de la población está en riesgo de caer en la pobreza o en la exclusión social, proporción que en el caso de menores de 16 años se eleva el 28.8%. El bombardeo de datos sobre temas sociales podría continuar casi hasta el infinito, poniendo de manifiesto que la sociedad catalana sufre una brecha cada vez mayor entre clases sociales. Pero esta fisura no aparece apenas en los debates públicos, en los que se da a entender que toda la fractura social se sustenta en el asunto nacional. Sin desmerecer la importancia de resolver la relación entre Catalunya y España, el ninguneo de estos escandalosos números sobre la catástrofe social que vivimos es un hecho a todas luces aberrante. Y tampoco parece que la formación del próximo gobierno pivote en absoluto sobre estos menesteres.

Finalmente, me gustaría comentar otra materia que está cayendo en el baúl de los recuerdos. Se trata del cambio climático, en el que nos jugamos nada menos que el bienestar, no sólo de las futuras generaciones, sino también de la presente. La temperatura media catalana ha subido 1,55 grados desde 1950 y se espera un incremento similar de aquí al 2050. Son de sobras conocidas las repercusiones de esto sobre los fenómenos meteorológicos extremos, sobre la salud de las personas y sobre la economía del territorio. Pese a ello, no es una cuestión que ocupe demasiado tiempo en nuestras cavilaciones. Hace unos años, el gobierno tripartito catalán tomó una serie de medidas para mejorar la calidad del aire en el Área Metropolitana de Barcelona, entre ellas la limitación de velocidad a 80 kilómetros por hora en muchas vías de acceso. Pero el gobierno de Artur Mas levantó dicha prohibición, sin que la sensibilidad sobre tan delicado asunto haya vuelto a realizar acto de presencia en el imaginario del último gobierno.

Por supuesto, los partidos integrantes de ambos bloques afirman estar preocupados por los temas sociales y dicen abordarlos en sus discursos. Pero es interesante observar la manera en qué los tratan. Por un lado, el bloque independentista acusa al gobierno español de la falta de recursos financieros de la Generalitat y de los déficits sociales que padecemos. Por otro lado, los propulsores del 155 señalan que el gobierno de Catalunya provoca la fuga de empresas y profundiza la crisis económica debido a sus veleidades separatistas. Por tanto, inmediatamente después de sacar a relucir lo social, vuelven a supeditarlo de nuevo al problema nacional.

Finalmente, quiero recordar un hecho relevante. El déficit social catalán se debe, principalmente, a la falta de ingresos derivados de un sistema fiscal insuficiente, regresivo y poblado de fraude. Me refiero al sistema fiscal español, sí, pero lo curioso es que los problemas que derivan del mismo han sido provocados por los gobiernos del PSOE y especialmente del PP, pero siempre con el apoyo entusiasta de la derecha nacionalista catalana, la misma que culpa a Madrid de todos nuestros males. Desde luego, hay algo que no tiene fronteras, y es el cinismo.

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