Los Ministros de Rajoy

José D. Roselló

Transcurrido el primer año de legislatura popular y  estando cercano el fin de año natural, parece un momento bueno para ojear como les ha ido a los ministros (y ministras) del gabinete Rajoy en un año tan peleón como el que finaliza. Por respetar la cadena de mando, se sigue el mismo orden que en la web de Moncloa.

Soraya Sáenz de Santamaría

Vicepresidenta, Ministra de la Presidencia y portavoz, nada menos. Directamente ascendida desde la jefatura del grupo parlamentario popular en la oposición, dónde protagonizó sonados enfrentamientos con Mª Teresa Fernández de la Vega, es a la que corresponde la labor de dar  a conocer las medidas que se aprueban en Consejo de Ministros todos los viernes. Como es natural, en este año le ha tocado tragarse un sapo detrás de otro, romper delante de los periodistas todas y cada una de las promesas populares de campaña, y contradecir sus propios discursos en la oposición. Buen aprendizaje vital, sin duda alguna, no tan bueno para mantener la credibilidad personal. Como no podía ser de otra manera, acusa cierto desgaste, se nota incluso en su tono, siempre un poco impostado, si antes hacia una sana indignación, ahora hacia una resignada responsabilidad. Si nadie le mueve la silla, o la llaman a otros destinos, parece, no obstante que hay vicepresidenta para rato.

José Manuel García-Margallo

Dentro de lo malo, Exteriores es un ministerio relativamente menos expuesto a la tormenta. Político veterano, no diplómático, con vitola de ser un activo importante de cara a ganar influencia en Europa. Este año le ha tocado, sin embargo, navegar en la corriente Moratiniana, donde lo más sonado ha sido el reconocimiento que España ha recibido en la ONU como patrocinador de la Alianza de Civilizaciones y el voto a favor de la entrada de Palestina como estado observador. Sus méritos o deméritos como “alfil” en Europa, serán difíciles de valorar a simple vista, ya que lo próximo que ha de venir de Bruselas son unos presupuestos donde España va a pasar de ser receptor a contribuyente neto. Siempre es  complicado defender una mala noticia con un “podría haber sido peor.”

 Alberto Ruiz Gallardón

Ministro de Justicia, político de raza y posiblemente uno de los personajes públicos con un más elevado concepto de si mismo desde Luis XIV. De su cartera han salido la muy retrógrada reforma de la ley del aborto -por lo visto la que teníamos era no solo ya inconstitucional, sino imposible- y el polemiquísimo (que diría el) ascenso de las tasas judiciales que impone unas cargas económicas ciertamente altas a aquel que quiera recibir justicia. Los seis millones de parados le permiten recibir menos contestación de la que, en otras circunstancias más favorables, podría estar recibiendo. Dice constantemente, a quien le  pregunte, que el Ministerio de Justicia colma sus aspiraciones en política. Una pena. Por mucho que se disienta de sus ideas, y por mucho que pueda irritar a veces su capacidad de escurrirse, es mejor tener políticos inteligentes que mediocres.

Pedro Morenés

Ministro de Defensa. Un perfil proveniente de la industria armamentística es siempre controvertido. Bien es cierto que en esta ocasión el Ministerio no es un repartidor de fondos, sino un humilde deudor; se dice que fueron estas conexiones con el sector las que hacían a Pedro Morenés un perfil idóneo para su cartera. Posiblemente transcurrida su labor ministerial, esperemos que con la mejor de las fortunas, vuelva, ya ex-ministro, al despacho de al lado del que saliese.

Cristóbal Montoro Romero

Ministro de Hacienda -ni más ni menos-. Veterano político popular, ex ministro y bregador en los años de oposición, Montoro tiene una de las carteras infernales. Su tarea no era sencilla, pero la pulsión por el regate corto le ha hecho buscarse  más problemas de los que ya tenía el cargo. Le ha tocado decirle a Europa en un par de ocasiones que no se van a cumplir los objetivos de déficit y al menos le va a tocar un par más decir que sus previsiones no solo son erróneas, sino difícilmente justificables; y le ha tocado decirle a su electores que la subida de impuestos pasó de ser mortal, abyecta, terrible y una barbaridad, a ser ahora estupenda. Lógicamente su imagen está muy dañada.

Jorge Fernández Díaz

Ministro del Interior. Político muy conservador, durísimo en la oposición, es el primer ministro de su cartera en toda la democracia que no va a tener enfrente a ETA. Tradicionalmente los responsables de este ministerio han sido altamente valorados por los ciudadanos en parte por esa encarnación de la lucha antiterrorista. A Fernández Díaz le toca pilotar el cambio de ministro encarcelador de etarras a ministro de política penitenciaria y ministro de disolver manifestaciones. Le será más fácil hacerlo sin tener a él mismo en la oposición diciendo algunas cosas que no fueron, ni serán jamás, de recibo.

Ana  Pastor

Sí, aún hay Ministerio de Fomento en España, y tiene una responsable y todo. Ana Pastor es también ex ministra, le toca lidiar con uno de los ministerios más afectados por los recortes. El otrora poderoso Fomento, ha pasado de ser un ministerio de los que hacía política e invertía a ser un ministerio de casi gestión. En el año transcurrido no ha sido un lugar demasiado ruidoso, toda vez que se aplazó la privatización de AENA; está en ciernes que pasará con la reforma del transporte ferroviario. En un año como este, Ana Pastor tiene la suerte de que la gente ni se acuerde de ella, en el buen sentido de la palabra.

José Ignacio Wert

Ministro de Educación, Cultura y Deporte. Sin trayectoria como responsable político, se le describe como persona inteligentísima y de verbo acerado. Como ministro está haciendo las delicias de Iglesia y sectores más centralistas del electorado popular. Consecuentemente concita un enorme rechazo en casi todos los demás. Si fue reprobable su utilización de citas falsas a la hora de justificar la retirada de Educación para la Ciudadanía, sus declaraciones acerca de la situación del castellano en Cataluña o de la no suficiente españolidad de los niños catalanes, merecen ser ejemplo de cómo no se vertebra un país. En su haber está el haber conseguido una relativa paz en el asunto de las descargas ilegales, canon digital etc.

Fátima Báñez García

Ministra de Trabajo y Seguridad Social. Ministerio durísimo en tiempos de crisis y recortes. Si uno de sus predecesores,  José Corbacho, parecía un ministro sufriente y dolorido por cada incremento del paro, la ministra Báñez a veces parece que ha adoptado un enfoque no ya zen, sino directamente lisérgico.  Si cuando encomendó el futuro de la economía española a la Virgen del Rocío quedó raro,  empezó a irritar a extraños y más de algún propio al anunciar el final de la crisis hace un par de meses.  El colofón, de momento, ha sido el autoadjudicarse un aplauso de los pensionistas tras endosarles una considerable pérdida de poder adquisitivo en la última no-actualización. Su imagen, hoy por hoy, es de las más deterioradas del ejecutivo.

José Manuel Soria

Ministro de Industria y Turismo. Ministerio técnico y sectorial, la única patata caliente con un grado elevado de visibilidad pública, la tiene en el tema energético. El Ministro Soria se estrenó con una reforma en las renovables que, en otro tiempo menos estresado, podría haber sido un punto de fricción al reducir sus incentivos. El Turismo, amén de ser una de las competencias más descentralizadas, es de lo poco que va bien en la economía nacional. El ministro Soria pasa, saludablemente, desapercibido.

Miguel Arias Cañete

Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Repite en su cartera, un ministerio casi paradisíaco en los tiempos que corren. Arias Cañete puede ser recordado por las desafortunadas declaraciones sobre los camareros extranjeros, pero es un político  duro, sin desbarrar e inteligente, de los que puede hablar, y muy bien, sin papeles. Le va a tocar lidiar con un posible recorte de las ayudas agrícolas europeas. En los “misterios” de la política nacional está el cómo en un país donde se puede hacer dimitir a un ministro por coincidir con alguien en una cacería, o se puede hacer una campaña en prensa de meses porque la empresa donde trabaja la hija de un presidente de Comunidad Cutónoma recibe una subvención, el ministro (dos veces) que canaliza los fondos europeos esté casado con la mayor receptora de dichos fondos, y no se mueva ni una hoja.

Luis de Guindos Jurado

Ministro de Economía y Competitividad. Profesional con experiencia como Secretario de Estado y en el sector privado, Luis de Guindos está situado, junto con Montoro, en el epicentro del terremoto. El ámbito técnico de las competencias de su ministerio hace que su grado de exposición a la opinión pública sea menor, ya que habla de cosas que la mayoría de la gente no entiende completamente. Salvo aquel famoso empeño de llamar al rescate bancario de todo menos lo que era, de Guindos a diferencia de Montoro, no ha cometido errores graves o salidas de tono. Esto le hace tener una imagen ligeramente mejor.

Ana Mato

Ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad. Forjada en la política madrileña fundamentalmente, Ana Mato representa a ese fenotipo de políticos que nunca dan la impresión de valía o solvencia -no se discute que la tenga a raudales-. Responsable de un ministerio cuyo nombre no corresponde ya a sus funciones (al estar el grueso transferido a las CCAA) no se explica muy bien su ausencia completa en el proyecto de Ley del Aborto o que tenga poco que decir sobre la reducción de ayudas ligadas a la Ley de Dependencia. Los rumores la sitúan como candidata a suceder a Ana Botella  en las elecciones a la alcaldía en Madrid, o lo que es lo mismo, como próxima alcaldesa de Madrid. Quizás un observador más informado pueda percibir más méritos.