Los fantasmas de Kosovo

GCO

Las alarmas han vuelto a saltar en los Balcanes. La pírrica victoria – un 28% de los votos- en las pasadas elecciones serbias del ultra nacionalista Partido Radical de Tomislav Nikolic ha hecho que la Unión Europea vuelva centrar su mirada en la conflictiva zona balcánica. Pero esta victoria tampoco era algo que cogiera por sorpresa. Casi todo el mundo tenía en cuenta la posibilidad de que en Serbia el partido más votado volviera a ser el más radical. Digo volviera porque ya en 2003 el partido ultra nacionalista se convirtió en el partido más votado. Aunque todo indica que se volverá a repetir la misma historia de entonces, es decir, el partido más votado y la vez el más radical no gobernará pese a su victoria – parece ser que lo más probable es una coalición pro-europeísta- lo cierto es que hay una cuestión que parece complicarse: El futuro estatuto de Kosovo.

El problema es complejo. Kosovo es, desde 1999 una especie de protectorado de la ONU que se encuentra protegido por las tropas de la OTAN. De sus 2 millones habitantes, el 90% son albaneses, y el resto son serbios, goranis, arrumanos y algún turco despistado. Un gran puzzle de razas y religiones. Fue escenario de una de las guerras más terribles que azotaron la región en la última década de los 90, donde las Fuerzas Armadas Yugoslavas, formadas en su mayoría por serbios, y alentadas por un enajenado Slobodan Milosevic, cometieron algunas de sus mayores barbaridades. Aún hoy quedan resquicios de esos odios entre las comunidades albano-kosovares y los serbios de kosovo. También la OTAN, en circunstancias más que alegales participó en ésta particular ensalada de bombas y tiros, atacando a las tropas del entonces ejército de la República Federal de Yugoslavia y, de paso, a alguna infraestructura civil que quedaba por allí. El fin de la guerra llegó con el acuerdo de Kumanovo, en 1999, que fijó las reglas para la retirada serbia y estableció un protectorado en la provincia, donde los serbios no ejercían soberanía alguna. Sin embargo, y hasta ahora, Kosovo ha pertenecido oficialmente a la República de Serbia, y su independencia es una cuestión que ni el más moderado de los serbios aceptaría fácilmente.
Más de una década después, la ONU retoma la polémica cuestión de su estatuto. El próximo 2 de febrero, el enviado especial de la ONU, Martti Ahtisaari, presentará una propuesta para Kosovo. Cómo estarán las cosas, que en Europa ya se hacen llamamientos a la calma, por las posibles reacciones: “No dudamos que habrá insatisfacciones por parte de los kosovares y críticas por parte de los serbios� ha dicho el Ministro de Exteriores alemán, Frank Walter Steinmer, mientras pide moderación a ambas partes. Los rumores apuntan a que esas propuestas incorporarán algún tipo de autonomía muy cercana a la independencia de Kosovo.

En Europa quizá confían demasiado en la reciente tendencia moderada que se estaba – y se está – dando entre los vecinos de Belgrado. Y es que no hay que ser alarmistas: Lejos quedan ahora los años de la ideología racista y ultra nacionalista de Milosevic, e incluso los seguidores del Partido Radical parecen haberse resignado a olvidar la idea de la “Gran Serbiaâ€?. Se ha señalado hasta la saciedad el éxito de la nueva constitución para Serbia alcanzada por unanimidad en el parlamento de Belgrado, y refrendada por un 100% de los votantes el pasado octubre. Una constitución inspirada, además, en los valores europeístas. Y ni siquiera hubo alboroto cuando Montenegro votó por la independencia. Sin embargo, ninguno de los tres partidos serbios que previsiblemente gobernarán en coalición aprueban una independencia de Kosovo. Los radicales, ni se lo plantean. La provincia ha sido parte importante de la campaña de estas elecciones y quizá, una de las cosas que hizo posible el éxito de esa reciente constitución – esa constitución moderada y europeísta en sus términos – es, precisamente, su referencia a Kosovo como “parte inalienable de Serbiaâ€?.

La ONU tiene en Kosovo un gran reto: sacar adelante un estatuto que se antoja muy difícil de consensuar. El que en Serbia no gobierne el Partido Radical no significa que no haya que tener en cuenta a ese 28% de la sociedad que les ha votado. Y tampoco se puede olvidar, que el serbio más europeísta ve de forma muy reticente cualquier atisbo de independencia para la provincia. Pero a su vez, es absurdo hacer promesas a los kosovares que no se está seguro que se puedan cumplir. El futuro de Kosovo parece que ya no pasa por Belgrado, pero hay que saber jugar con todos los elementos: En definitiva, Kosovo sigue siendo, a día de hoy, una peligrosa incógnita y el 2 de febrero está demasiado cerca.

Por encima de todo, dos grandes males han condenado a la humanidad en toda su historia: Un sentimiento religioso fundamentalista y un nacionalismo exacerbado. En la historia de los Balcanes, estos dos elementos han jugado un papel primordial. Habrá que ver como se las apaña la comunidad internacional para no despertar a los fantasmas balcánicos.