Los entretenimientos de la burguesía

Guridi

Si nos atenemos a la vieja distinción marxista entre burgueses y proletarios, podríamos recordar el 15-M como el momento en el que gran parte de la burguesía progre rompe su alianza con la clase obrera y decide que la democracia que tanto trabajo costó traer a España no está a su altura.

El 15-M fue un enorme grito de enfado de personas que se creyeron más listas que el político medio y que con el eufemismo de “acabar con el bipartidismo”, nos venían a decir que la gente era tonta y que no sabe votar. Ahí se produjo la enorme brecha que nos traería a Ciudadanos y a Podemos, los partidos que representan a conservadores y a izquierdistas que creen que esta democracia está gastada y que sus normas, contrapesos y modos de representación son normas obsoletas, hechas para personas menos listas que ellos.

Esta brecha entre listos y tontos es una de más de las que nos gusta crearnos a los españoles entre nosotros. Ya en 1812 el concepto de España se fue a la porra, al identificar a España con Fernando VII, la Iglesia y el Vivan Las Cadenas, frente a los “franceses”, que eran los españoles liberales, los que pretendían un sistema más abierto, la abolición definitiva de los privilegios feudales y eclesiásticos. Desde entonces siempre ha sido todo así.

En la Guerra Civil, los fascistas negaban la condición de españoles a los republicanos, llamándoles “rojos” o “rusos”, mientras que los republicanos negaban la condición e españoles a los sublevados, llamándoles “moros”, “alemanes” e “italianos”.

En España llevamos más de dos siglos cayendo una y otra vez en la trampa de negar al otro la capacidad de participar en el mismo sistema en el que nosotros mismos estamos. Y no sólo eso, sino que nos esforzamos en putearle lo suficiente como para querer sacarle de la carretera. Con la crisma rota, si es posible.

Además de crear esas brechas, tenemos un don para elegir mal nuestras luchas. La parte revolucionaria del 15-M, esos que se creen más listos que los obreros a los que afirman defender, se aburre. Se aburre mucho, de verdad. Están tan inmersos en sus fantasías de luchas revolucionarias que no les interesa el porcentaje de españoles y de españolas que cobran menos de 1.000€ al mes. O que se hagan millones de horas extras semanales y no se paguen. O que aumenten las infraviviendas, la pobreza, las diferencias entre ricos y pobres y que los derechos laborales sólo existan sobre el papel. Todo eso está muy pasado de moda y, como diría Pablo Iglesias, “es poco sexy”.

Los burgueses revolucionarios buscan recrear las luchas liberadoras indigenistas, los movimientos descolonizadores, la toma de las calles del 68. Esas cosas. Al fin y al cabo los obreros son demasiado pobres, demasiado quejicas, demasiado ignorantes y demasiado feos para ellos. Por eso oiréis más veces a Errejón hablando de los tupamaros que de los falsos autónomos. Y también leeréis a más de uno de nuestros columnistas de cabecera quejarse de lo mal que se adaptan las normas a Podemos en lugar del aumento de trabajadores pobres. Esto es: gente que está en la pobreza aunque tenga trabajo.

¿Y qué puede haber mejor para excitar las aburridas mentes de nuestros burgueses revolucionarios? La independencia de Cataluña. Lo tiene todo. Es una tangana de tal magnitud que se les asemeja lo suficiente a una revolución. A esta gente, que sueña con “sacudir los cimientos del Estado” desde su sillón de orejas, les encanta y les fascinan las payasadas de Rufián, las paranoias de Tardà y los desplantes de Puigdemont, al que ven cómo un Che Guevara de traje y corbata. El Che sin balas, sin calorías, sin cafeína. El Che versión vegana. ¿Qué mejor para nuestros capitanes del mundo futuro?

Como en todos los grandes conflictos por lo que ha atravesado España, en este caso podemos ver cómo unos que se creen mejor que los demás quieren extrañar al resto y dejarles sin derechos políticos. Crear su arcadia superior, donde habrá menos gente que vote mal y eso.

Unas élites corruptas quieren convertir a Cataluña en su paraíso fiscal, como aquellos en los que han depositado los botines de sus robos. Y los burgueses progres se ponen a querer sumarse a la supuesta revolución indigenista o a reivindicar a las naciones como sujetos políticos por encima de las personas, en la peor tradición alemana de entreguerras. Y mientras se debate sobre el sexo de los ángeles catalanes dará igual que haya gente que pierda derechos, que haya mujeres que sufren acoso y violencia, que uno de cuatro niños en España sea pobre y que seguramente lo vaya a ser toda su vida.

Eso da igual. Y de eso no leeréis nada en los habituales digitales de izquierda, llenos de burgueses revolucionarios. Enhorabuena. Os va a quedar una revolución tan asquerosa como todas las demás.