Los anti-sí-mismos

Guridi 

Esta semana, publicaba Luis Arroyo un artículo en InfoLibre sobre el debate entre el “Homo Cañetus Vorax” y Elena Valenciano. Al margen de las conclusiones que extraía del debate, en él citaba una frase de un consultor político estadounidense llamado Ed Rollins, que decía que si las compañías aéreas se hicieran publicidad acusándose mutuamente de pilotar aviones inseguros, la gente abandonaría el transporte aéreo e iría en tren.

 Bien, pues esa es la política española últimamente: los partidos se dedican a atacar a sus adversarios lanzando mensajes que denigran la política en general y, colateralmente, a sí mismos.

 El PP trata de tapar la corrupción que le es consustancial, diciendo que es una cosa normal y que en todas partes cuecen habas.

 El PSOE, se defiende de su inmovilismo acusando de inmovilismo a los demás.

 Izquierda Unida habla de regenerar la política desde la Verdadera Izquierda(TM), mientras sus líderes sesentones apoyan al PP en Extremadura y mantienen desde hace 20 años en el Parlamento Europeo a un tipo que aún no se ha enterado de que Rusia y la URSS ya no son lo mismo.

 UPyD advierte de los males de los “políticos profesionales” con una líder que no ha ejercido otra profesión en su vida y unos cuadros compuestos de rebotados de otros partidos, precisamente por que no “pillaban cacho”. Lo mismo pasa con Ciutadans-Ciudadanos. 

Y otros, como “Podemos”, se dedican a denunciar a “la casta”, cuando sus cabezas pensantes son ejemplos de la peor casta académica, de eternos enchufados/privilegiados en la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense. 

Disparando esta clase de balas, aún habrá quien se extrañe de que la abstención para este domingo se prevea en cerca del 60%. Es verdad que a la política la aquejan muchos males y que la gente ha ido manifestando su justa (e injusta) indignación en numerosas oleadas. Pero parece que aún no se ha entendido que para defender la política, hay que empezar por dejar de ser parte de los que la atacan. 

Tan verdad como que la democracia consiste en atender a las opiniones de la gente, lo es que también consiste en ejercer un liderazgo constructivo, que intente mover la sociedad en otras direcciones e intentar que todos saquemos lo mejor de nosotros mismos, en lugar de nuestras emociones menos favorables al bien común. Y este ambiente de antipolítica no puede seguir alimentándose desde los partidos, ya sea por miedo o por oportunismo. Hay que creer en uno mismo, hay creer en las propias ideas y hay que creer en que le gente es mucho mejor de lo que parece, o seguiremos cayendo en el círculo vicioso del desinterés, el cinismo y mediocridad. 

Si la Unión Europea tiene un serio problema de conocimiento y de legitimidad, no veo como esta campaña, centrada en cuestiones nacionales, golpes de efecto personalistas -y ataques personales- va a ayudar a resolverlo. Es cierto que cada día nos jugamos más cosas en Europa, pero he sido incapaz de apreciar mensajes que sean capaces de expresar eso en positivo y con convencimiento. Y eso que yo soy del 8% de personas predispuestas a escucharlos. 

Y, reflexionemos, no se trata de antipolítica a secas. La gente en España nunca ha estado tan interesada en política como ahora. De lo que se trata es de hacer buena política, de inspirar con el ejemplo y de ofrecer algo más el ibérico rezongar en la barra del bar. La gente está deseando votar, la gente está desando votarnos. Vamos a darles motivos para hacerlo.