Lo que no se dice sobre los “ninis”

José Saturnino Martínez García (@mandarrian)

Somos el país con más jóvenes, entre 16 y 29 años que ni estudian ni trabajan. Esto, obviamente, se debe a que tenemos una tasa de paro juvenil (16 a 24 años) récord, por encima del 50%, así como un nivel de abandono escolar anormalmente alto (el 26% en 2011). Lo que no es tan obvio es que la tasa de paro juvenil es aproximadamente el doble que la tasa de paro del resto de la población, y que este hecho se ha mantenido más o menos invariable en las últimas décadas, y se da tanto en España como en otros países. Dicho de otra manera, el paro juvenil no es el problema, el problema es el paro del conjunto de la población. Si la proporción del paro juvenil es tan constante a lo largo del tiempo y entre países, se debe a que debe ser poco sensible a las políticas específicas de empleo juvenil.

En cuanto al abandono educativo, como ya he señalado en este blog, es anormalmente alto en España debido a una excepcionalidad extraña de nuestro sistema educativo: prohíbe cursar estudios post-obligatorios. Cuando comparamos la política educativa de distintos países, lo habitual es que, tras la etapa obligatoria, las personas puedan cursar algún tipo de formación reglada post-obligatoria. Pero en España, si no se tiene el título de ESO, no se puede seguir estudiando. Además, si se opta por cursar estudios de FP de Grado Medio, no se puede pasar de forma automática a la FP de Grado Superior. Como resultado, somos un país con una tasa anormalmente baja de personas con estudios de FP, debido simplemente a que no les dejamos estudiar. Este desaguisado ha sido arreglado en parte con la Ley de Economía Sostenible del pasado año, que facilitó el acceso al título de ESO y a la FP, así como a los Programas de Cualificación Profesional Inicial, vigentes desde 2007, y que posiblemente hayan contribuido a que la tasa de abandono escolar sea la más baja de nuestra historia (sin olvidar la “ayuda” de la destrucción de empleo en la construcción). Por ello, se entiende mal que el PP quiera poner todavía más trabas a quienes deseen estudiar, con las reválidas, así como, tras tanto criticar la LOGSE, retomen de ella una de sus peores medidas: el otorgar títulos que no permiten cursar estudios post-obligatorios, como sucedió con la extinta Garantía Social.

Tenemos muchos “ninis” porque hay mucho paro y porque tenemos un sistema educativo que dificulta estudiar. Lo primero se arreglará cuando se solucione la crisis financiera que vivimos, y el crédito vuelva a la economía. Lo segundo, estaba mejorando gracias a la Ley de Economía Sostenible, y al propio paro juvenil.

Pero hay que añadir algo más que no se suele decir de los “ninis”. Se presenta como un problema juvenil, sin señalar que la juventud no existe, existen los jóvenes. Es decir, el hecho de que un grupo de la población tenga la misma edad dice poco sobre ellos, más allá de que se les plantean ciertos problemas. Si miramos la Tabla 1, apreciamos el porcentaje de “ninis” según el nivel de estudios de los jóvenes y de sus padres. En la primera fila vemos la proporción de ninis entre los jóvenes que no han terminado la ESO. Si el padre no pasa de estudios inferiores, la proporción es del 46%, pero si el padre tiene estudios universitarios, la proporción es del 11%. Si miramos a los jóvenes con estudios post-obligatorios, también es mucho mayor la probabilidad de ser “nini” si los padres no tienen estudios (18%) que si son universitarios (10%). A los jóvenes de orígenes populares les renta menos cursar estudios post-obligatorios (*).

Resumiendo, el origen social cuenta mucho a la hora de ser “nini”, más que la edad. Poner el foco en la juventud en vez de en la desigualdad de clases es una forma de tergiversar el debate público, pues se presenta como problema juvenil lo que es una desigualdad de oportunidades según origen social. Parece que preferimos pensar que tenemos problemas juveniles en vez de pensar que los jóvenes, según en la familia que nazcan, tienen oportunidades muy diferentes. Con los años se deja de ser joven, pero no se acaba con las clases sociales.

Tabla 1. Porcentaje de jóvenes (16 a 29 años) que ni estudian ni trabajan, según su nivel de estudios y el nivel de estudios del padre

Fuente: Elaboración propia con los microdatos de la EPA II/2009 (módulo de inserción laboral juvenil)

(*) Se considera sólo la categoría de estudios post-obligatorios debido a que entre los 16 y 29 años hay muchas personas que no han finalizado sus estudios.