Lo inevitable

Guridi 

Parece inevitable que Susana Díaz se termine haciendo con las riendas del PSOE. Mientras las huestes de Pedro aúllan y se revuelven mientras declinan poco a poco, Susana va mirando con lupa cada paso, tratando de quitarse cualquier posible piedrecita en el camino al despacho de Secretaria General, ahora clausurado, en espera de primarias y congreso.

Mientras que los partidarios de Pedro aúllan extendiendo la mentira de que no se convocarán primarias, Susana trata de que éstas se convoquen, pero que no haya más candidatos. Por eso de la unidad, se ve. Susana Díaz no quiso que ganase Madina y no le importó para ello situar a Pedro Sánchez al frente del PSOE y hay gente que no se olvida de ello. También hay gente que no olvida la manera en la que se desalojó a Pedro.

Pedro Sánchez ha sido un pésimo secretario general. Su herencia es la división y el sectarismo. La división del mundo entre su pandilla (siempre cambiante) y los enemigos. Pedro Sánchez ha dejado un partido roto y en su inmensa irresponsabilidad está dispuesto a romperlo aún más, azuzando boicots, estructuras paralelas y ataques personales. Rodeándose de gente de poca altura pero mucha ambición, como María González Veracruz o José Antonio Salas, ese adicto a la televisión que es el alcalde de Jun. Lo mejor que podría hacer Sánchez es darse cuenta de todo el daño que sigue causando y buscarse un retiro digno de la política, a la espera de ser rehabilitado en un futuro. Algo cada vez menos posible, dado su empeño en dañar conscientemente al PSOE para lograr su beneficio personal.

Pero es que el PSOE de Andalucía, sin estar tan dividido, no es precisamente un modelo de eficacia desde que lo gobierna Susana Díaz. Desde que ella es secretaria general, lo que impera es el silencio. Todo el mundo tiene tanto miedo de no resultar grato a los ojos de la autoridad, que poca gente se atreve a decir una sola idea original, por no hablar de atreverse a disentir. Mientras que José Antonio Griñán trató de elevar el listón y de premiar el mérito y la capacidad, Susana sólo premia la lealtad a secas y está rodeada de un entorno de colaboradores que están más empeñados en complacer que en darle buenos consejos.

Uno de esos buenos consejos sería trasladarle su enorme impopularidad, hacerle ver que no da tiempo a mejorar su imagen de cara a un congreso y que triunfar en unas primarias en las que no haya más candidaturas va a hacerle más daño aún. Quizá haya gente en Andalucía que piense que para el PSOE ganar elecciones es algo más o menos automático, pero el mundo de Despeñaperros hacia arriba es muy complicado y diverso. La famosa frase de “coser” queda vacía de contenido si se cree más en la eliminación que en la suma, si se actúa a hechos consumados y sin dar explicaciones, si sigue en las mismas dinámicas de premiar la lealtad de personas-mueble y chapuceros que en atraer el talento.

El reto que tiene ahora el PSOE es el de, por fin, realizar una renovación de su liderazgo mediante procesos transparentes y auténticamente democráticos. Y ya que Pedro Sánchez no va a dejar de hacer daño, habrá que buscar la forma de que no empeore la situación. Ganar congresos no es lo mismo que ganar elecciones. Y casos como los de Madrid, Castilla y León, País Vasco, Murcia, La Rioja, Galicia o el propio PSC deberían de haberlo dejado claro.  

Hace falta algo más. Pero para lograrlo hay que tener menos cautela y más generosidad. ¿Será eso posible? Veremos.