¿Llega la Primavera a Sudáfrica?

Magallanes 

Cuando los viajeros se acercan por mar a la Ciudad de El Cabo ven una preciosa bahía bordeada por apartamentos lujosos y detrás el centro de la ciudad y sus parques que suben por la falda de la montaña Mesa. Pero oculto a la vista, detrás de esta montaña, se extiende otra ciudad donde viven la mayoría de sus 3,7 millones de habitantes, por supuesto, los menos favorecidos. En el mes de octubre de este año, una inmensa manifestación  rodeó la montaña y se presentó en el centro de la ciudad exigiendo mejores condiciones sanitarias y viviendas mas dignas. Los salarios son muy bajos y a pesar de ello el desempleo llega al 50% y el crimen, las drogas y el alcohol abundan.

La Constitución de Sudáfrica, sin embargo, promete a sus ciudadanos los derechos de vivienda, alcantarillado, sanidad y educación. La primera ministra de la provincia de El Cabo, la señora Zillen, que además es la líder del principal partido de la oposición, Alianza Democrática, acusó a los manifestantes de actuar por razones políticas, movidos por el partido Congreso Nacional Africano (CNA), que gobierna Sudáfrica. Su partido, arrebató al CNA el gobierno de la provincia de El Cabo en las elecciones de 2009. Por supuesto, algunas instancias de pillaje y desorden que se cometieron ese día también fueron atribuidas por ella al Congreso Nacional Africano.

Lo cierto es que los objetivos de la Constitución que se instauró hace 20 años (1994) con el triunfo electoral de Mandela y el CNA, están muy lejos de cumplirse. El PIB de Sudáfrica se triplicó en este período y el eslogan del partido Alianza Democrática es que el crecimiento mejorará las condiciones de vida. Sin embargo, parece que las desigualdades sociales se han hecho mayores y, como las ciudades se desarrollaron a lo largo de varias décadas aplicándose estrictamente el Apartheid, siguen divididas en una suburbe negra muy pobre y una superurbe blanca con algunos barrios con descendientes de indios. Las desigualdades sociales, por tanto, son mucho mas visibles que en otros países.

Pero, ¿qué ha hecho el CNA para mejorar esta situación durante veinte años de gobierno? El resto del mundo nos dimos cuenta de que algo no iba bien en Sudáfrica cuando se publicó en los medios que la policía había suprimido una huelga de mineros  matando a treinta y cuatro y dejando heridos a muchos otros. Fue muy parecido a los métodos represivos que usaba la policía en tiempos del Apartheid. La única diferencia es que ahora los que disparaban contra los mineros no eran blancos sino negros. Si hasta entonces las acusaciones de corrupción y nepotismo en el CNA le quitaban simpatizantes, su negación a exigir responsabilidades a la policía y sus jefes y, por el contrario, acusar a los mineros de ser ellos los que habían matado a las víctimas, marcó un antes y un después en su monopolio del electorado negro.

Consecuencia de ello ha sido el surgimiento de otros partidos. Uno de ellos, el de Julius Malema, que fue el líder de las juventudes del CNA, ha fundado recientemente el partido de los Luchadores de la Libertad Económica. En su primer mitin declaró: “Tenemos que restaurar la dignidad de la mayoría negra, ha llegado la hora de cumplir las promesas de 1994”. Y abogó por la nacionalización de las minas y tierras propiedad de los blancos. Pero, este estilo demagógico no cuadra demasiado con su anterior forma de vida a todo lujo y con las acusaciones de que amasó su fortuna con  adjudicaciones a dedo a un contratista en su provincia de Limpopo. Naturalmente, él ha negado estas acusaciones y ha manifestado que están propagadas por el CNA, que no quiere indisponerse con la minoría blanca, que es la que ha permitido a sus dirigentes enriquecerse. Pero, a  pesar de sus insinuaciones, fue denunciado, enjuiciado y condenado a pagar impuestos impagados en el pasado. Tuvo que vender su mansión y otros bienes para pagar su deuda.

Otro nuevo partido es el abanderado por la Sra. Mamphela Ramphele, que fue compañera del líder negro Steve Biko, asesinado por la policía blanca después de torturarle en tiempos del apartheid. Ella pretende que es un partido abierto a todas las razas y, probablemente aglutine a indios y mulatos además de blancos socialdemócratas.

Es muy probable que le quite muchos votos tanto al CNA como a Alianza Democrática.

Pero el CNA sigue siendo el favorito de la mayoría negra, sobre todo en las enormes regiones rurales donde los iconos del partido que arrebató el poder a los blancos pueden más que las tristes condiciones de vida  de los negros urbanizados. Alianza Democrática también puede mantener su electorado blanco porque se apoya en la necesidad de que la economía de Sudáfrica sea competitiva con otros países exportadores de materias primas, recomendando que para ello hay que reducir a su mínima expresión la legislación laboral y el acceso a la educación y sanidad gratuitas.

Esta es también la doctrina del FMI y del Banco Mundial. En fin, que Sudáfrica, país notable en su transición política, con los excelsos juicios organizados por el Obispo Desmond Tutú para reconciliar a negros y blancos, que tanto éxito tuvieron, se enfrenta nuevamente a una mayor confrontación social que esperemos sirva para que los barrios negros tengan condiciones de vida  iguales a las de los blancos y mejores oportunidades de dejar de ser mano de obra sin cualificar.