Leif Persson: El Declive del Estado del Bienestar

Lobisón

Se trata, contra lo que cabría pensar, de una trilogía de novelas policiacas cuyo eje es el asesinato del entonces primer ministro socialdemócrata, Olof Palme, en 1986. Probablemente por haber sido publicadas inicialmente en ediciones caras —aunque de las dos primeras ya hay edición de bolsillo— y en una editorial no especializada, estas tres novelas no son demasiado conocidas por los lectores españoles, que no saben lo que se pierden.

El caso Palme, torpemente investigado y nunca resuelto, parece haber supuesto para los suecos un trauma suficiente como para justificar el título. El propio Persson, en una entrevista, venía a decir que antes los suecos creían que su país era el mejor lugar para vivir para la gente corriente, y de pronto descubrieron que era sólo un país corriente.

Palme había sido primer ministro desde 1969 hasta 1976, y volvió a serlo en 1982 y hasta su muerte. Su personalidad y su origen ‘burgués’ no dejaban espacio para la indiferencia: ya en 1975 le habían asesinado literariamente la pareja Maj Sjöwall y Per Wahlöö, en su novela Los Terroristas. Como a Willy Brandt, se le suponía demasiado próximo a los soviéticos, y si a éste se le descubrió un topo de la Stasi en la Cancillería (Günter Guillaume) en 1974, a Palme le acompañó la leyenda de ser él mismo un agente soviético.

Por ahí comienza el primer volumen de la trilogía (Entre la Promesa del Verano y el Frío del Invierno, Paidos, 2004). Un periodista norteamericano, obsesionado por la relación de Palme con los servicios secretos, muere al caer desde la ventana de su dormitorio. En la investigación subsiguiente aparecen los personajes que van a ser el hilo conductor de las tres novelas, y se revela lo que ahora parece ser la convicción de otros autores suecos, como Henning Mankell en su última novela del inspector Wallander: que el verdadero problema era el alineamiento del gobierno sueco (durante el gobierno de Tage Erlander) con Estados Unidos, pese a la neutralidad mantenida oficialmente.

El primer volumen termina con el asesinato de Palme, cuyos autores de ficción conoce desde ese momento el lector. El segundo volumen (Otro Tiempo, Otra Vida, Paidos, 2008) se abre con la toma de la embajada alemana en Estocolmo, en 1975, y gira en torno a un asesinato no resuelto, sucedido años después, que permite al autor mostrar cómo los activistas radicales de los años setenta se han convertido en los nuevos pilares del sistema. Y, de pasada, se nos informa que el cerebro del asesinato de Palme ha muerto en Mallorca, al parecer de forma accidental.

En el tercero (En Caída Libre, Como en un Sueño, Paidos, 2008) se retoma directamente el caso Palme, y el principal protagonista de la trilogía llega a resolver todos los detalles de su asesinato, aunque no pueda cumplir su propósito de entregar a la justicia al ejecutor del primer ministro. El procedimiento policial es ahora el centro de la narración, pues Persson, profesor de criminología de la policía sueca, no sólo sabe de qué habla sino que muestra una convencida admiración por las primeras novelas de los citados Sjöwall y Wahlöö, en las que también tiene un papel clave el procedimiento policial.

Persson es un autor singular: conoció el éxito a finales de los años setenta con tres novelas, pero dejó pasar veinte años antes de escribir esta trilogía, en la que reaparecen algunos personajes de aquéllas. En esta nueva saga no se sabe si pesa más el deseo de exorcizar los fantasmas colectivos o el de poner de relieve la estupidez y la incompetencia con las que se investigó el caso Palme.

Para el autor un leitmotiv es la diferencia entre los ‘verdaderos policías’, como el protagonista y su mejor amigo, y las personas que nunca deberían haber encontrado sitio en el cuerpo. Las protagonistas femeninas, por cierto, son de una extrema brillantez, y la más joven demuestra notable capacidad con el ordenador, aunque son mujeres normales —alejadas de la sociópata Lisbeth Salander de Milenio— y quizá por ello atraídas y a la vez exasperadas por sus colegas varones y por los varones en general —‘¿qué les pasa a los hombres?’—, a los que retan incluso si les respetan.

Quienes leyeran en su momento las primeras novelas de John LeCarré, antes de que el deseo de convertirse en un ‘verdadero escritor’ le hiciera un tanto ilegible, es posible que encuentren un eco de aquéllas en  la descripción del funcionamiento de los servicios secretos. Pero hay mucho más: personajes hilarantes si se consigue superar la repulsión que producen, diálogos notables y un ritmo narrativo muy apreciable, además de un retrato de los cambios en la sociedad sueca.