Lecciones escocesas (II) (una revista de prensa)

Barañaín

Los referendos se cobran su factura (Jose Luis Barbería, en El País)

“Cabría preguntar a los escoceses si les han merecido la pena estos largos meses de discusiones, divisiones e incertidumbres, por mucho que hayan dado un ejemplo de civismo colectivo difícilmente reproducible en nuestras latitudes. Los amigos de las emociones fuertes dirán inmediatamente que sí, y también los irresponsables que obvian por sistema las consecuencias de sus actos, pero, visto el resultado, puede que muchos ciudadanos se pregunten estos días si el referendo era la única salida a las aspiraciones escocesas y si los debates, algunos fructíferos y aleccionadores, no habrían podido tener otro formato (…)  Puede que haya llegado el momento de clarificar las cosas, situar a los ciudadanos ante sus responsabilidades reales y darles y tomarles la palabra con todas sus consecuencias. Puede que haya llegado el momento de, con reforma constitucional o sin ella, habilitar una solución integradora con garantías para todas las opciones y voces. Todo, antes de que la frustración catalana se haga crónica y la burbuja de la frivolidad y el victimismo nacionalista siga campeando porque “no les dejan votar” y lleve al país a un callejón sin salida”.

La estrategia del palo y la zanahoria (Miguel Sebastián, en El Mundo)

“Desde 1979 los nacionalistas del Scottish National Party (SNP) no han hecho más que crecer, posiblemente por la cerrazón del partido Conservador en Londres, que no le importaba esa subida del SNP, dado que tenía lugar a costa del Partido Laborista, tradicionalmente mayoritario en Escocia. Pero los resultados de las elecciones de 2011, que dieron por primera vez la mayoría absoluta al SNP, pusieron de manifiesto que esta estrategia conservadora había sido miope. Como también lo ha sido ignorar en este último año la fuerza creciente del sentimiento independentista (…) Parece que la estrategia del “palo” se ha demostrado poco creíble y contraproducente. Por el contrario, la estrategia de la “zanahoria” sí parece haber funcionado”.

Una lección, una gran lección (Enric Juliana, en La Vanguardia)

“El primer ministro de Escocia y líder del Scotish National Party dimite porque diez puntos de diferencia son diez puntos, por mucho que Escocia haya conseguido una segunda ‘devolution’ (…)  Se va habiendo conseguido forzar un fenomenal cambio en las estructuras británicas. El Reino Unido, lo anunció ayer David Cameron, se encamina hacia una estructura federal y asimétrica que puede acabar siendo un novedoso referente en Europa. Federalismo y asimetría. Retenga el lector estos dos conceptos, atribuidos hace años a la incorregible extravagancia de Pasqual Maragall, porque los encontrará al final del laberinto catalán, si antes no ha ocurrido una desgracia. Gran Bretaña nos acaba de dar una lección fenomenal. Tardará en ser aceptada en Madrid –la lección, eso sí, la han entendido al minuto– y puede que sea mal interpretada en Barcelona”.

Lecciones escocesas (Editorial de El País)

“(…) la derrota de Salmond y los suyos es devastadora para los soberanismos europeos. Tras el reiterado fracaso del quebequés, el aplazamiento de la independencia por el flamenco, la ruina política y moral de una Lega Padana convertida en baluarte de la peor ultraderecha xenófoba…, la derrota de las ilusiones del Partido Nacionalista Escocés baliza el fin del ciclo del ilusionismo secesionista en las democracias occidentales. Pero ni Mas ni los suyos se dan por enterados.”

Mas felicita a Escocia y asegura que  el proceso catalán va adelante:”Este es el camino” (La Vanguardia)

“El president Mas ha lanzado varios mensaje al Estado a través de sus conclusiones sobre el referéndum escocés, el primero que “votar no divide” sino que “votar une”, y que la altísima participación registrada en Escocia da prueba de ello. A su juicio, “lo que separa es no poder votar”, porque la unión se da a través del voto, aceptando la opinión de cada parte, eso sí. El otro mensaje al gobierno del Estado se centró en evidenciar ante el temor de Madrid que la opción del no también puede ganar: “El no puede ganar, pero el error es intentar bloquear el proceso democrático a través de las leyes”, ha reprochado, porque esta actitud “lo que hace es despertar todavía más animadversión contra quien no puede votar”. En este punto ha vuelto a recordar que el Govern está dispuesto a dialogar y negociar una reformulación de la pregunta para incorporar su opción e incluso a recoger una propuesta de Madrid que en todo caso, debería someterse a votación, ha reclamado”.

La democracia frívola (Arcadi Espada, en El Mundo)

“Ahora imagina conmigo, incluso, que los resultados hubieran sido a la inversa. ¿Basta un 55 por ciento de los votos de un censo para destruir un Estado? ¿Es un porcentaje razonable? No. Es la democracia frívola. Y lo es, naturalmente, porque a ese 55 por ciento habría que añadir los millones de británicos que están en contra de la destrucción de su Estado. Nadie se ha ocupado de ellos. Al menos en el eco español del referéndum. El hecho de que Escocia celebrase su referéndum se justificaba campanudamente porque hace 300 años fue un país independiente. El virus historicista en la mesa de todos los días. Es decir, el hecho de que hace 300 años unos escoceses, que eran muchos menos que los de hoy, vivieran en la independencia política tiene mucho más peso y resulta políticamente más decisivo que el hecho de que en los últimos 300 años Escocia haya sido el resultado de la acción conjunta del Reino Unido. Por lo visto, esos tres siglos de acción mancomunada, moral, política, económica y sentimentalmente, da menos derechos políticos que el remoto precedente de una independencia ejercida, por cierto, en unas condiciones democráticas radicalmente distintas a las contemporáneas. Resolviendo: un ciudadano inglés de nuestro tiempo que haya contribuido a la construcción de Escocia tiene menos derechos que un cadáver escocés de trescientos años y un día que, eso sí, fue independiente. La democracia frívola”.

Paradojas escocesas (Kepa Aulestia, en El Correo)

“Resulta paradójico que toda corriente secesionista trate de aferrarse a las instituciones europeas mientras subraya los agravios padecidos por el centralismo londinense o madrileño. Como es aun más paradójico que el independentismo escocés aspirara a mantenerse dentro de la lbra esterlina y de la corona británica mientras mostraba su disgusto por la dependencia respecto a Londres (…) Pero aunque en las reivindicaciones territoriales prevalezca ese mecanismo de puenteo por el que los soberanistas tratan de recabar en Bruselas o Estrasburgo aquello que consideran se les niega en su propio Estado, las instituciones de la UE son objeto de la contestación social que ha contribuido a situar la independencia en el 45% del censo escocés (…) El impulso que llevó a Cameron al ‘todo o nada’ con el referéndum de autodeterminación para Escocia seguirá siendo analizado como un comportamiento político temerario, …. pero hay una vertiente de su decisión que invita a una reflexión menos politiquera. Es esa idea de que la consulta maximalista –sí o no a la independencia–, pactada como procedimiento, ha de preceder a cualquier otra negociación sobre el autogobierno. La experiencia de las autonomías vasca y catalana indica que la vivencia estatutaria no sacia el apetito soberanista, sino que lo alimenta. En su apuesta Cameron tentó la suerte, pero ha logrado para el Reino Unido una vacuna unitaria de eficacia para años. El autogobierno en su seno no se presenta como una escalada paulatina que lleve hasta la independencia. La independencia ha sido descartada cuando menos para una generación”.

Escocia, Cataluña y la nueva balcanización de Europa (Jose Antonio Zarzalejos, en El Confidencial)

“La gran recesión de 2007-2008, la crisis de la izquierda europea, la insuficiencia de las fórmulas de la austeridad para superarla de la derecha, el abandono atlantista de la presidencia de Obama y la emergencia de la Rusia de Putin con afanes imperialistas (Ucrania), ha provocado la decepción europea refrescando la memoria de las identidades nacionales y, sobre todo –y esta es la clave– ha cuestionado los modelos de Estados tradicionales como marcos de convivencia en el que el bienestar resultaba sostenible y el reparto de recursos interterritoriales ecuánime y aceptado. El germen de una suerte de nueva balcanización ha prendido en Europa. Pero no ya en la Europa periférica, ni en los Estados menores del Continente. (…) Escocia y Cataluña –allí hoy un referéndum legal y pactado, aquí un proceso soberanista ilegal, mal construido y peor impulsado– son las dos referencias de una Europa que entra en un nuevo tiempo. Añádase a Escocia y Cataluña, la llamada Padania (Lombardía y Véneto) en Italia, Flandes en Bélgica, Bretaña y Córcega en Francia y el malestar de otras regiones opulentas como el Estado libre de Baviera o el sudeste inglés y se concluirá que, aunque entre unos y otros los parecidos externos sean nulos, hay un fondo común que es el cuestionamiento del statu quo en el corazón de la Unión (…) Se ha puesto en marcha una dinámica de nueva balcanización que es muy resistente a los reveses coyunturales y que ha tomado mucho oxígeno por el apagón ideológico y político que hace irreconocibles a las grandes familias del conservatismo y la socialdemocracia”.