Las víctimas de la Iglesia

Aitor Riveiro

José María Setién: “Los miembros de ETA son revolucionarios”. Así se despacha el obispo emérito de San Sebastián en una entrevista que publicó un remozado El País ayer, domingo (inciso: ¿dónde anda Máximo? ¿Libra los domingos?) Definitivamente, lo de la iglesia vasca es de órdago; y lo de la Iglesia, así en general, de hacérselo mirar.

Para Setién, ETA nace del mismo manantial que el ‘Mayo del 68’ de París, Praga o México, de ahí que “[L]a autodeterminación y la territorialidad son objetivos únicamente estratégicos porque, en el fondo, son revolucionarios [refiriéndose a ETA]. Para ellos, lo fundamental es avanzar educando a la sociedad en el conflicto”. Previamente, Setién resume en una veintena de palabras el Materialismo Histórico: “Utilizan permanentemente el conflicto para ahondar las crisis con vistas a un conflicto superior que, a su vez, les prepara para nuevos escenarios”.

La respuesta del cura a la pregunta del periodista llama tanto la atención que pasan inadvertidas otras aseveraciones mucho más graves de Setién. Tanto El País como los muchos lectores que han hecho algún comentario en la edición digital del periódico yerran el tiro al centrarse precisamente en esa afirmación. Según Setién los etarras son revolucionarios. ¿Y?

Quizá haya una parte de la sociedad (mundial) que identifica revolución con unos fines loables y justos, a través de unos medios proporcionados y, en último caso, enmarcados dentro del ‘mal menor’. Sin embargo no todas las revoluciones son ‘buenas’; mucho menos lo son sus fines; mejor no hablamos de los medios empleados. Es posible que en 1917 La Rusia de Nicolás II viviera una situación tan desesperada que justificara la revolución bolchevique; dudo sin embargo que dicha situación sirva para legitimar, por ejemplo, el ‘gulag’. Los ‘jemeres rojos’ también son revolucionarios.

Para muchos, asimilar ETA a revolución es dotar a los asesinos de una cierta legitimidad. Para mí no; pero lo que sí justifica los crímenes de ETA es otra frase de Setién que parece que ha pasado inadvertida. El diálogo entre periodista y cura es el que sigue:

P. ¿Las cosas no cambian con la llegada de la democracia?
R. ¿Y al desaparecer Franco desaparecieron todas las conductas injustas procedentes del poder político?

Claro no. Clarinete. ETA nace durante el franquismo como respuesta a unas conductas injustas procedentes del poder político. Como dichas conductas injustas (que en algún momento nos tendrá que explicar Setién) no desaparecen tras la Transición, ETA sigue legitimada para actuar.

Para finalizar el (no lo olvidemos) obispo emérito de San Sebastián iguala la condición de víctima y victimario y asegura que “afortunadamente, el juicio que llegue a hacerse sobre mi persona, no lo harán las víctimas”. No, claro; a según que personas les juzga la Historia. Y pidiendo permiso previamente.

Luego se sorprende la Iglesia de que cada vez menos gente se declara católico practicante, de sus templos vacíos y sus cepillos menguados (por suerte, papá Estado y mamá Hacienda corren veloces a ayudar a los pobres siervos del señor con unos cuantos cientos de millones de euros). Pero es del todo inconcebible que a pocos días de la multitudinaria beatificación que tendrá lugar el próximo 28 de octubre (¡Vaya! Qué casualidad) en el Vaticano de cerca de 500 mártires, en la que no ha cabido ni uno solo de los curas que murieron defendiendo el gobierno legal de la República, ni una sola voz autorizada dentro de la curia española haya protestado por la ausencia de dichos curas en el acto. (El que sí va es Moratinos).

O sea. Que uno está con las víctimas y los verdugos a partes iguales según interese, apetezca o nos venga en gana. No está mal saberlo.

P.D.: Estamos de enhorabuena: ‘Los girasoles ciegos’ pasan de la celulosa al celuloide. Viene bien para recordar a Setién y compañía el papel de la Iglesia durante la larga dictadura en la que se ‘legitima’ ETA.