Las tres divisiones de la Liga

Guridi

Con el Gobierno del PP en sus horas más bajas, hasta en este blog, que cojea a la izquierda, la candidatura de Sánchez despierta el mismo entusiasmo que tender una lavadora. Sin embargo, se perdona todo con tal de desalojar al PP del poder, que no es lo mismo que conseguirlo para uno mismo.

Me ha sorprendido notar cómo hasta el precocinado Albert Rivera despierta simpatías aquí. Aquí y en todas partes. Y más después del programa de Évole. Con una salvedad, por supuesto. Que lo de Évole no fue un debate, fue un espectáculo televisivo diseñado a tres bandas: por Podemos, por Ciudadanos y por el equipo del programa. La edición, los tiempos, hasta la elección de temas quedaron en manos de la postproducción y me consta que temas -como el de los desahucios- se quedaron en la sala de montaje.

Évole y el resto de los medios están creando una especie de bipartidismo a tres ligas, con PSOE y PP luchando por la primera división, Podemos y Ciudadanos peleando por el ascenso y UPyD e Izquierda Unida peleando en tercera, recordando glorias pasadas y luchando por las supervivencia de sus respectivos clubes.

Lo de Évole es un claro ejemplo de cómo se publicita a los equipos nuevos, dando por amortizados a los dos grandes. Y tratando de sacar petróleo de los aspirantes. Es como cuando Canal Plus te vende un épico duelo entre el Atlético de Madrid y el Villareal porque Antena 3 ya tiene los derechos del Madrid-Barça.

En primera división tenemos a un PP en clara decadencia, como el Madrid de Benito Floro. Y a un PSOE que no entusiasma, como el Barça de los últimos años de Cruyff (al cual deseo una pronta recuperación, por cierto). De hecho, es hasta posible que Pedro Sánchez piense como yo, vista sus últimas políticas de fichajes, entre lo inexplicable y lo absurdo. Y a Rajoy se le ha puesto la misma cara de sonriente y corrupta perplejidad que a Ramón Mendoza. Ni en el PSOE, ni el el PP están contentos con sus actuales líderes, pero todo vale si se consigue el Gobierno. De hecho, se recuerda lo que ha ocurrido en las elecciones autonómicas, donde algún mediocre ha ascendido a estadista inesperadamente. Y todo ha sido para bien. De momento. En el PP están demasiado ocupados hablando con sus abogados, grabándose unos a otros, guardando papeles por si acaso y evitando ser apuñalados, mientras apuñalan a otros. 

En la segunda división tenemos a los dos ambiciosos aspirantes. Un Pablo Iglesias que ya llega desfondado, pero tan arrogante como al principio y a un Albert Rivera que es el nuevo favorito de los medios. El yerno perfecto soltando opiniones de cuñado. Iglesias pensaba que iba a ocupar el lugar del PSOE, pero se ha cumplido el vaticinio de Ignacio Urquizu en El País: que terminarían siendo Izquierda Unida II. Rivera, vestido de centrista y con recursos de sobra, espera ocupar todo el espacio de la derecha “no Opus” y de la gente de centro que votaba al PSOE, por no votar a un PP más feudal que liberal. Iglesias no llegará y es hasta posible que su soberbia le haga perder más votos. Al fin y al cabo, no se sabe mucho más del panorama que quiere pintar Podemos, excepto el de llenar las ciudades de pijos barbudos en bicicleta. Como si todos fuéramos Ramón Espinar (Junior). Rivera ya se sabe bisagra y seguramente esté barajando en qué situaciones puede llegar a ser investido Presidente del Gobierno, siendo el tercero más votado.

En la tercera división tenemos a UPyD y a IU. UPyD ha caído víctima de su cesarismo, su antipatía, su suficiencia y su arrogancia. Pudo haber absorbido a Ciudadanos en su momento y ahora… Ahora Ciudadanos se ha quedado con sus sedes, gran parte de sus cuadros medios y la mayor parte de sus votos. Se han quedado unos pocos y a solas con Gorriarán, que sigue ladrando a los coches, gruñendo a los carteros y mordiendo a los transeúntes. Y a IU… A IU le ha pasado casi lo mismo. Pudieron haberse hecho con Podemos en su momento, si hubieran desplazado a Willy Meyer, por ejemplo. Con Marina Albiol de número uno y Pablo Iglesias de número 2 en las europeas, nada de esto hubiera pasado.

Todos los viejos comunistas menean la cabeza, desconcertados, porque no entendieron nada en su momento y siguen sin entender nada ahora. Y lo que menos entienden son todas esas estrategias de Alberto Garzón, que más parece un liquidador enviado por Podemos, que el tipo que vaya a salvar a la “izquierda transformadora” del hoyo. Que Cayo Lara se despidiese del Congreso con un “OTAN no, bases fuera”, casi me conmovió hasta las lágrimas de la risa. 

Eso sí, todos siguen clamando contra el “bipartidismo”, cuando ahora tenemos un triple bipartidismo, un terrible guirigay donde no se habla de paro, educación, sanidad, derechos laborales o corrupción, sino de convergencias, coches oficiales, Laclau… y todas esas cosas de las que hablan las personas que ven series en lugar de leer libros. 

En fin, vaya liga. Para ponerse a hacer quinielas.