Las sedes y el agua

.Julio Embid

Año 2004. Un imberbe alumno de provincias de Ciencias Políticas de la Complutense entra al baño, se coloca en un urinario de pie y aparece, en otro urinario contiguo, el ex secretario general de un famoso partido político y ex candidato a la alcaldía de Madrid con el mismo negociado.
El expolítico y entonces profesor le dice a su alumno:

-A ti te gusta mucho la política eh. ¿Estás afiliado a algún partido?
-Pues sí.
-Pues un consejo te voy a dar. Cuando tienes un despacho en la séptima planta de Génova o de Ferraz, te vuelves gilipollas.

Los actuales inquilinos de la séptima planta de Génova 13, tras perder este domingo más de la mitad de sus diputados, y bajar de 137 a 66 diputados, han decidido hoy que la sede no se vende y si hay que despedir a decenas de trabajadores pues se hace. Es el mercado amigos.

Los partidos políticos como entidades vivas que son, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Y al PP sus propios spinoffs se le han comido la merienda. En el próximo mes se juegan la supervivencia o pasar a la historia del conservadurismo junto a la CEDA y la UCD.

Los socialistas ya tienen experiencia en la venta de sedes. En Madrid la FSM vendió en 2002 su sede histórica de Santa Engracia en el centro para mudarse a una nave en un polígono en San Blas. Ahora están de alquiler en un humilde bajo junto a Ferraz. El PSC también tuvo que vender su sede del carrer Nicaragua y el otrora todopoderoso Partido Socialista de Francia tuvo que vender su sede de la Rue de Solférino tras el huracán de Macron y la debacle de 2017. Poca broma, era un palacete del siglo XVIII junto a la Asamblea Nacional valorado en 50 millones de euros aproximadamente.

Los nuevos partidos han ido saltando, en las capitales de provincia, de pequeñas sedes en pisos de oficinas a locales cada vez mayores pero quizá sean extravagancias efímeras difíciles de sostener. Sin embargo, hoy las principales sedes donde se transmiten los mensajes y se combaten las ideas rivales son los grupos de facebook y whasap de los padres del cole, los primos o la cuadrilla de amigos.

No creo que, como dijo aquel viejo profesor, tener un despacho en la séptima planta te vuelva gilipollas. Pero la credibilidad no te la dan los metros cuadrados útiles de tu sede. Quizá, abandonar la corrupción y el extremismo y recuperar la credibilidad, proponiendo políticas públicas serias con financiación suficiente, sean ideas mejores que conservar el castillo. Aunque como decía Jruchev, el antiguo Secretario General del PCUS: «Los políticos siempre hacen lo mismo: prometen construir un puente aunque no haya río». Y Pablo Casado sigue buscando el agua que ya hace tiempo ha dejado de correr.

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