Las políticas son grises, sin ideas y trepas ambiciosas

José Rodríguez 

Está muy de moda hacer perfiles de los políticos en activos. Estos perfiles describen algo más que su historial y currículum, hablan de sus habilidades, de las opiniones de sus colaboradores, de elementos de su carácter y de su vestimenta. Algunos hasta hablan de su lenguaje corporal. 

Estos perfiles son muy interesantes ya que nos proporcionan un aspecto del político que no conocemos. Nos permite descubrir características que si no mostramos atención quedan apantalladas por la comunicación política habitual. 

Pero una de las cosas que más me sorprenden es lo sesgados que se hacen estos perfiles cuando se trata de hombres o de mujeres. Las características se positivizan más cuando describen perfiles de políticos masculinos y suelen negativizarse cuando se describen perfiles de políticas. 

Un hombre es discreto, trabajador, sobrio, leal. Una mujer es gris, sin garra, viste como una monja, es poco femenina. Un hombre tiene garra, es ambicioso, es directo. Una mujer es demasiado masculina, agresiva, trepa y demasiado dura. Una mujer que es discreta es considerada gris, si es leal a su equipo y sus compañeros es que carece de ambición. Pero por el contrario si adquiere perfil y tiene garra política se la considera una trepa ambiciosa. 

A ello se le añade el continuo juicio sobre su aspecto físico o su feminidad. No me molesta esta tendencia a valorar el aspecto físico de los políticos, su expresión corporal, su capacidad de seducir y su comunicación emocional. Me molesta la enorme asimetría que se hace si el político es una mujer o un hombre. Si viste gris y sobrio es “muy masculina”, si viste llamativamente también se la critica, si va con camiseta es una mal vestida. En cambio no nos parecen sosos los clones de americana y corbata, los que llevan camisetas reivindicativas nos sorprenden y los que van en mangas de camisa son agradablemente informales. 

Si ya es difícil para una mujer superar las barreras de género, los condicionantes culturales, las asimetrías de oportunidad, si llegan arriba han de sufrir, nuevamente, una carga de juicio negativizadora de sus características que sus compañeros no sufren.