Las buenas intenciones

 Barañain

Los momentos preelectorales son  propicios para los manifiestos, esos documentos dirigidos a la opinión pública en los que una legión de “abajofirmantes” -habitualmente presentados como intelectuales, profesionales, artistas, etc…-,  nos cuentan sus opiniones políticas o, mayormente, contra qué o quién se posicionan. En realidad, ya se trate de escuetas declaraciones o de mamotretos con largos razonamientos y consideraciones, su destino es el de ser consumidos sobre todo por los propios firmantes y su máxima aspiración que, como mucho, se conozca  ligeramente su existencia  por el sector más ilustrado -lectores de prensa-, de la ciudadanía. Que  consigan condicionar esa opinión de manera mínimamente significativa,  alterar de algún modo la agenda de los poderes públicos a los que está dirigido su mensaje o, al menos, provocar un debate sobre su contenido en círculos más amplios que los de los propios firmantes, ya es un éxito que sólo está al alcance de pocas iniciativas de este tipo. Y en coyunturas particularmente trascendentales.

Recientemente se han hecho públicos hasta  tres manifiestos sobre el desafío soberanista de  Cataluña. Quizás porque estamos en una de esas coyunturas trascendentales, al menos uno de ellos, muy publicitado por el diario El País, ha conseguido ya uno de esos humildes objetivos a los que me refería. En las últimas horas se ha hablado del  mismo, los políticos nacionalistas han acusado el golpe y el PSC lo ha recibido como si de un refuerzo electoral se tratara. 

Primero fue el excelente “LLAMAMIENTO A LA CATALUÑA FEDERALISTA Y DE IZQUIERDAS” (http://federalistaidesquerres.cat/?page_id=1310 ), con finalidad declaradamente electoral. Un texto claro, honesto –no esconde sus cartas-, y coherente con la trayectoria de quienes lo han promovido. Demasiado largo y razonado –como tienden a serlo los que hace la izquierda -, y por tanto seguramente poco eficaz, en esta época de mensajes simples y pensamiento light, de cara a movilizar sectores que no estén ya previamente convencidos de la bondad de sus argumentos.

El manifiesto parte de una  clara interpretación política del proceso en curso, con un análisis de las responsabilidades y no sólo de las que cabe adjudicar a los nacionalistas catalanes.  Sitúa el “giro estratégico oportunista”  de Artur Mas  en el contexto de la crisis actual y de su política de recortes  y critica,  sin ambages, el discurso de quienes proponen la independencia como un camino mágico para salir de las dificultades, “un discurso donde se  mezclan verdades a medias y exageraciones diversas”, y que vende el camino hacia la independencia como un irreal “proceso sin costes económicos excesivos, sin fractura social, políticamente amable, donde todo será sólo beneficios”. Dado que no creen que pertenecer a España sea una obligación perpetua, pero tampoco comparten que haya ahora una necesidad de ruptura, apuestan por un “federalismo nuevo, desacomplejado y exigente con el Estado”  como la opción más inteligente para que “la ciudadanía de Cataluña se pueda sentir bien desde sus identidades compartidas”.

Pero son igualmente claros al reconocer un cierto fracaso en este propósito, “por un lado, porque la izquierda española mayoritaria  no ha querido jugar a fondo esta carta y, por otro, porque la derecha española es profundamente nacionalista y se atrinchera cuando le conviene en el inmovilismo constitucional” y eso ha dado lugar a un acúmulo real, no inventado,  de “muchos agravios e incomprensiones,  desde la desgraciada sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto hasta los reiterados incumplimientos  de los sucesivos gobiernos españoles en materia  de inversiones”.  Conscientes de que dos no bailan juntos si uno no quiere y de que la apuesta federalista es difícil porque exige socios que la compartan desde el otro lado, consideran “imprescindible que se inicie un movimiento federalista de ámbito español, que sirva también para subrayar que son más las cosas que nos  unen que aquellas que nos separan”.

Aparentemente como una respuesta favorable  a esta demanda, este fin de semana hemos conocido un “MANIFIESTO DE RESPUESTA AL CRECIENTE SECESIONISMO ESTIMULADO POR CIU” (http://politica.elpais.com/politica/2012/11/03/actualidad/1351974095_330773.html). He dicho “aparentemente” porque aunque empieza aludiendo al llamamiento de la izquierda federalista catalana  (“Queremos atender esa llamada” dicen) todo su contenido se reduce a una descalificación de los planteamientos soberanistas, con un lenguaje abstruso, sin empatía ni concesión alguna hacia los “díscolos” y sin una sola gota de autocrítica.  De las responsabilidades contraídas fuera de Cataluña en la génesis de este conflicto ni una palabra. El federalismo apenas es mencionado una sola vez, de pasada, al final del texto.  Como si desde Cataluña se hubieran pedido refuerzos dialécticos contra CyU y no complicidad para hacer creíble la opción federal.

Eso sí, se exhibe condescendencia  a raudales, por más inverosímil que suene a estas alturas. Si, como dicen, son conscientes del profundo sentimiento nacional existente en Cataluña y de verdad sostienen “con firmeza” que ese sentimiento ha de ser “reconocido e integrado de nuevo en el seno de instituciones compartidas” , ¿cómo es posible que no se oyera su voz en medio de la batalla campal desatada por la derecha en contra del Estatut si no fue para deslegitimar todo aquel proceso como un disparate fruto de la irresponsabilidad (“maragalladas” primero e “ingenuidad de Zapatero” después)?  ¿Acaso no hemos visto a no pocos de esos firmantes aplaudir hasta con las orejas el “cepillado” del Estatut por parte del Tribunal Constitucional? ¿Cómo es posible que no sean capaces  de apreciar ni un solo motivo justificado de queja en las aspiraciones soberanistas? Y si tan evidentes son sus objeciones ¿Cómo se explican el éxito social de la operación de Artur Mas? 

Lo más notable del texto es su compromiso a reconocer una hipotética expresión mayoritaria de la voluntad secesionista y a “tomarla en consideración” para encontrar una solución apropiada y respetuosa. Se añade que las leyes actuales –Constitución y Estatuto-, no niegan a los ciudadanos de Cataluña ejercer su “derecho a decidir”, pero es tan escueta la mención que lejos de clarificar o hacer pedagogía, sólo enredan un poco más. Si el derecho a decidir no tiene obstáculos legales actuales ¿de qué se está debatiendo ahora?  ¿No acabamos de ver que la defensa de ese “derecho a decidir” destacada en el programa electoral del PSC sólo ha encontrado como respuesta el desacuerdo –educado pero nítido-, por parte de Rubalcaba y la dirección del PSOE (y Rodríguez Ibarra pidiendo romper con el PSC)? Si a ese “derecho a decidir” a lo que se refieren los firmantes del manifiesto o no, nos quedamos sin saberlo, porque rápidamente cambian de tercio prosiguiendo con su descalificación de los independentistas.

Se agradece ese deseo final de que todas las fuerzas democráticas se sumen en la búsqueda de “un mejor encaje institucional para Cataluña, de una financiación más justa y de una federalización del deteriorado Estado de las autonomías”, pero deberían haber arriesgado un poquito más, creo yo, a la hora de identificar los obstáculos para esa aspiración no ya entre los nacionalistas periféricos –ya sabemos de sobre la opinión que les merecen-, sino en su propia casa.

Nada nuevo añade el tercero de los manifiestos difundidos, el que lleva por título “CON CATALUÑA, CON ESPAÑA” y ha sido  promovido por Nicolás Redondo Terreros, (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/11/04/espana/1352050146.html?a=047cc3e6d90c3f27cb39c5e152bca3c3&t=1352103942&numero) según el cual “Cataluña se ha hecho acreedora de la estima y la solidaridad del resto de España”. Tanto derroche de afecto debe emocionar a los catalanistas. Pero no parece creíble que llamen a la solidaridad del resto de los españoles. Si no analizan por qué hemos llegado a este punto y tampoco parecen mostrar el más mínimo interés por las razones de los soberanistas catalanes, ¿qué sentido puede tener esa muestra de afecto? ¿En qué se concreta?

Es imposible no darle la razón a ese dirigente nacionalista que ha señalado que en España  “no aparecen federalistas hasta que se ve que vamos en serio a la independencia” (aunque los federalistas, lo que dice federalistas, están aún por dejarse ver). En fin, bienvenidos sean esos llamamientos a la cordura, al sentido de la responsabilidad  y al respeto a los cauces democráticos, aunque sean tan unilaterales y tan poco dados a la humildad. Me temo que llegan un poco tarde y que el roto no tiene ya buen cosido posible. Y no me refiero al desenlace de la actual desafío político o al resultado de una hipotética consulta inmediata, ni siquiera al previsible éxito electoral de Artur Mas. No, es la fractura abierta entre buena parte de Cataluña –sea o no mayoritaria-, y el resto de España la que no parece ya fácil de solucionar. Pero, vamos,  por manifiestos que no quede.