La Vía Carpetana

Julio Embid

Los carpetanos fueron una tribu celta que habitaba en la Península Ibérica antes de la llegada del Imperio Romano. Ocupaban el territorio actual de las provincias de Madrid, Toledo y la parte occidental de Guadalajara y Cuenca. Los carpetanos se dedicaban tranquilamente al cultivo del cereal en los fértiles valles del Tajo, del Henares y del Jarama, hasta que llegó Aníbal Barca con sus cartagineses y sus mercenarios celtíberos y fueron arrasados y esclavizados. Después llegó Roma con sus legiones y los carpetanos ya no estaban para mucha batalla. Se rindieron con facilidad y su ciudad principal “Complutum” llegó a convertirse en un municipio romano de pleno derecho.

Los carpetanos ya no existen, pero la Vía Carpetana de Madrid sí. En honor a aquellos celtas que poblaron los alrededores de la futura capital de España se nombró esa calle, Vía Carpetana, que comienza en el río Manzanares y que acaba en el Hospital Gómez Ulla. Esta populosa y comercial calle sirve como frontera entre los distritos de Latina y Carabanchel. Los números impares pertenecen a Latina y los números pares a Carabanchel. Casi nadie es consciente de que existe esta frontera administrativa. Hasta esta semana que algunos recibimos unas cartas del Catastro y otros no.

El pasado mes de junio, cuatro días antes de las Elecciones Generales del 26 de junio, el Ayuntamiento de Madrid anunciaba que bajaría entre el 20% y el 40% el IBI de cinco distritos del sur de la capital. Uno de esos distritos está en el lado par de la Vía Carpetana de Madrid. El otro no.

El Impuesto de Bienes e Inmuebles (IBI) es un impuesto en el que resulta muy sencillo introducir criterios redistributivos o de justicia social. Basta con fijar que el que tenga una casa más grande y más nueva, con mayor precio de mercado o valor catastral, pague más. Sin embargo el Ayuntamiento de Madrid decidió reducir el IBI en función del descenso medio del precio de la vivienda en cada barrio en lugar de seguir el propio precio de la vivienda. Es decir, puesto que en los barrios del Distrito de Latina, donde residen más de 250.000 habitantes, hay un descenso del precio de la vivienda medio inferior al de Carabanchel, a una se le aplica la bajada del IBI y a otra no.

Los grandes números llevan a grandes injusticias porque tienen en cuenta sólo en la cifra media por distrito, haciendo que viviendas de realojo o de muy mala calidad y sin ascensor de las barriadas de Puerto Chico o Caño Roto en Latina no tengan ninguna rebaja de impuestos, mientras que los chalets de 2 millones de euros de la zona de Las Clarisas o el Manzanares en Carabanchel (que los hay) sí la tendrán. No tiene sentido para hacer estas concesiones tomar como unidad de medida barrios de 80.000 habitantes, tan grandes como muchas capitales de provincia, cuando el objetivo es ser más justo con las personas que peor lo están pasando.

El Ayuntamiento de Madrid puede ponerse las pilas y de verdad ajustar más, manzana por manzana, vivienda por vivienda, quienes se merecen una rebaja impositiva y quiénes no. Nuestros antepasados celtas decían que las grandes brechas se rellenan con pequeñas piedras. No dejemos que, por tomar decisiones electoralistas, el agua escape por los muros.