La Universidad, foco libertario

Millán Gómez

La Universidad es un laboratorio de ideas destinado a formar ciudadanos para un futuro. Tiene un talante inequívocamente académico pero, asimismo, sólo es libre quien más conocimientos tiene y quien recibe los diferentes puntos de vista posibles para formarse su propia opinión ante una realidad concreta. La educación, ya sea universitaria o de modo autodidacta, es la base del futuro. Cuanto más se prepare uno y más se informe, más libre es.

A lo largo de la historia, las facultades universitarias han sido lugares fundamentales en la lucha por las libertades y los derechos civiles. En España, también. No en vano, el oscuro poder autoritario siempre ha sentido alergia a la educación. Es mucho más fácil construir una dictadura monolítica cuando la ignorancia de la opinión pública es más acusada. Para quienes no aceptan más que su verdad, lo más sencillo es cerrar los salvoconductos que permiten al ciudadano acceder a la información. En una dictadura, al igual que en una guerra, la primera víctima es la verdad. Como decía el filósofo griego Epícteto, la verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita complicidad. Hay demasiados imbéciles y oscuros que son cómplices, pero la historia es un triunfo lento aunque progresivo de la libertad y, por ende, de la educación.

La querella del sindicato Manos Limpias contra el rector de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Berzosa, por permitir celebrar un acto en apoyo al magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, responde al deseo de quienes no aceptan más verdad que la suya. Manos Limpias se autoproclama como una especie de fiscalía independiente siempre atenta a la corrupción. Pretenden convertirse en un lobby. De todos modos, engañan a poca gente. Todo el mundo conoce sus pretensiones y su afán revisionista. Cuando les llaman ultraderechistas siempre salen por la tangente afirmando que ellos también lucharon contra el caso Gürtel, aunque de eso no informen en su página web. Ahora la han tomado contra la Universidad Complutense.

Un centro universitario es sinónimo de libertad y no puede permanecer ajeno ante los deseos nostálgicos de algunos que, bajo la trampa de denunciar una presunta prevaricación, sólo pretenden impedir que quienes vivieron la larga noche de piedra del franquismo sean dignificados como lo que son, es decir, luchadores por la libertad frente al autoritarismo más rancio. Más de tres décadas después algunos siguen agarrándose al clavo ardiendo del inmovilismo para que el progreso sea un ideal y no una realidad. No se analizan los crímenes de una Guerra Civil donde ambos bandos han asesinado, sino las atrocidades cometidas por una dictadura donde las víctimas siempre eran los mismos y los victimarios vestían de azul y pertenecían al Partido, es decir, la Falange. Son los mismos que se querellan contra Garzón y a los que el juez del Tribunal Supremo Luciano Varela ha expulsado del proceso contra el magistrado porque en su escrito de acusación se ha negado a retirar valoraciones ideológicas. La decisión de Varela llega tarde pero llega y, visto lo visto, no es poco.

En una universidad deben celebrarse actos de cualquier tipo que partan del respeto al disidente y que sirvan para contrarrestar ideas. No sólo el progresismo debe tener cabida, por supuesto. De todos modos, la Falange y sus adláteres no pueden dar lecciones a nadie y deben ser deslegitimados. Manos Limpias se ha buscado unos malos compañeros de viaje y, mientras no demuestren lo contrario, van de la mano de quienes son cómplices de los peores momentos de nuestra historia.