La Unión Europea reacciona frente al Brexit

LBNL

Nadie quería que Reino Unido votará para salirse de la Unión pero el referendum se perdió. Reino Unido tiene un follón de mil demonios para articular la salida – en primer lugar, decidir qué tipo de relación externa quiere tener con la Unión – pero la Unión también tiene un reto importante delante dada la importancia política, económica, militar y poblacional – gran mercado – del primer país que pretende abandonarla. Los Jefes de Estado y de Gobierno de los 27 restantes se reunieron a finales de la semana pasada en Bratislava y acordaron una Hoja de Ruta para el futuro inmediato que, de cumplirse, serviría para atajar algunos de los principales problemas que nos aquejan.

Conscientes de que las palabras no sirven de mucho, los líderes de los 27 acordaron un calendario concreto para impulsar y adoptar las medidas que acordaron poner en marcha. Además de reunirse a 28 con el Reino Unido en las reuniones ordinarias del Consejo Europeo en octubre y diciembre, los 27 volverán a encontrarse en Malta a principios del año que viene y de nuevo en marzo en Roma, con motivo del 60 aniversario del Tratado fundacional de la Unión, para evaluar el progreso hasta entonces y seguir impulsando la nueva Europa.

Más les vale porque la complejidad de los objetivos perseguidos, combinada con los procelosos procedimientos de toma de decisiones de Bruselas, ponen en duda la consecución de los objetivos y, todavía más, que puedan conseguirse en los plazos propuestos. Por ejemplo, no es la primera vez que la Unión se propone actuar decididamente contra el desempleo juvenil pero los resultados hasta la fecha son muy escasos. Pero hay otras áreas donde cabe ser bastante más optimista. Cuando llegó a la Presidencia de la Comisión Europea, Juncker propuso y sacó adelante un Fondo estratégico para la inversión que movilizado todo el capital propuesto y que está permitiendo lanzar muchos proyectos por toda Europa que están generando bastantes puestos de trabajo y estimulando eficazmente la economía. En vista del éxito, Juncker propuso la semana pasada duplicarlo y los líderes han acordado examinar la cuestión en diciembre.

En el mismo discurso del Estado de la Unión el pasado miércoles Juncker propuso también establecer un nuevo fondo de inversión pero para los países en vías de desarrollo, que podría movilizar más de 80 mil millones de euros y suponer un verdadero revulsivo en África, complementando el fondo de subvenciones que se lanzó el año pasado y que ha movilizado casi dos mil millones de euros para proyectos de desarrollo para África.

En el campo de los compromisos de dudoso cumplimiento figura también el acuerdo para intensificar el intercambio de información entre los diferentes servicios de seguridad nacionales: son reacios a compartir datos dentro de cada país y todavía más con sus socios europeos. El progreso será más tangible sobre el compromiso para controlar las salidas y entradas de los ciudadanos europeos en las fronteras exteriores de la Unión (medida claramente enfocada a controlar la salida y entrada de yihadistas europeos) y la creación de un sistema de información de datos para los visitantes extranjeros que no necesitan visados (al estilo del ESTA norteamericano).

Todo lo anterior se habría adoptado seguramente también con Reino Unido. La diferencia será, sin embargo, bastante acusada en el área de Defensa, que Reino Unido bloqueaba en la práctica, tanto para prevenir un posible debilitamiento de la OTAN como por mantener su propio autonomía. Ahora, en cambio, se está ultimando un Plan de acción sobre Defensa que muy posiblemente nos lleve hacia una cooperación estructural entre varios de los Estados Miembros sobre la base de una mayor integración de los ejércitos alemán y francés. Y en paralelo, la Unión se dispone a poner en práctica su parte de lo acordado en la declaración conjunta UE-OTAN del pasado mes de julio.

Especialmente en este último capítulo Europa podría hacer de la necesidad virtud. Reino Unido tiene armas nucleares y probablemente el ejército más poderoso de entre los europeos así que su salida debilitará la capacidad europa para defenderse. Sin embargo, también permitirá que aquellos que lo deseen avancen en la senda de integrar las cadenas de mando y parte de las capacidades militares, algo que no sólo servirá para poder defendernos mejor sino para ahorrar grandes cantidades de dinero hoy malgastadas en duplicaciones ineficaces y que no cabe permitirse en los tiempos de austeridad pública que corren.

Ahora bien, en la declaración y hoja de ruta de Bratislava no hay precisamente apenas nada sobre la austeridad. El pasado miércoles Juncker sí hablo de ello, abogando por una austeridad más flexible y una Europa más social. Pero los “austericidas” del norte no están muy por la labor y la fractura no permite acordar compromisos en este área, por más urgentes que sean. El populismo cabalga a lomos del crecimiento de la desigualdad por toda Europa y amenaza – en Francia, en Alemania, en Países Bajos, en Centro Europa… – con dinamitar a la Unión Europea desde dentro. Lamentablemente nuestros líderes no parecen percibir la raíz del problema y son más eficaces frente a las amenazas externas.