La tormenta en el vaso de agua

 Jon Salaberría

La campaña electoral que finiquitamos este viernes 22 de mayo va a dar paso, sin duda, a una de las jornadas electorales más apasionantes, si no la que más, de todas las que se han desarrollado en nuestra historia democrática: unas Elecciones Municipales y Autonómicas (salvas las Comunidades históricas) que pondrán fin a la mayor acumulación de poder en manos de un solo partido político conocida jamás tras la ola azul de 2011. Unos comicios que en su lugar, muerto el malhadado bipartidismo, raíz de todos los males, dejarán en su lugar un panorama coral al que no estamos acostumbrados. Tal vez a las 23:00 horas del domingo 24 de mayo conoceremos ya si entramos en un escenario a la italiana con composiciones que convertirán los pactos en encajes de bolillos a los que la alergia a la cultura del consenso dará impronta de imposibles, o si los guarismos de Partido Popular y Partido Socialista, con una relativización de su caída, nos devuelven a un escenario similar al de 1979, con cuatro formaciones divididas en parejas a centro-izquierda y centro-derecha claramente identificadas (PP-Ciudadanos y PSOE-Podemos, representados éstos por sus listas Hacendado) en tales coordenadas y con idéntica propensión al pacto. Una noche en la que el alto índice de indecisión puede convertir en no apta para nervios sensibles, y que con toda seguridad puede determinar la cita electoral cumbre del año: unas Elecciones Generales que bien podrían ver adelantada su convocatoria una vez hecho balance general del complejo mapa que se avecina.

 Pues con todo este material sobre la mesa, Andalucía sigue estando en el objetivo. Nuestro Debate Callejero, precisamente ayer, se hacía eco de la sugerencia de nuestro colaborador Senyor_G para dar salida al bloqueo parlamentario de la investidura de Susana Díaz Pacheco como Presidenta de la Junta de Andalucía tras la tercera votación negativa a la misma por la unión de los votos de PP, Podemos, Ciudadanos e Izquierda Unida: la posibilidad de un candidato/a alternativo/a a la Presidenta en funciones. 

Como bien saben ustedes, tanto por mi inquietud personal, por motivos vitales obvios y por militancia, he traído a este foro en varias ocasiones las peripecias del proceso electoral que nos ha ubicado en este punto exacto. En una situación de bloqueo inédita que supera, en su inicio y en lo que se refiere a votaciones, a la de la legislatura 1994-1996, la de la famosa pinza PP-IU. Manuel Chaves consiguió entonces la investidura por mayoría simple en segunda ronda. 

No cabe duda alguna: la Presidenta en funciones de la Junta de Andalucía es la responsable del adelanto electoral. Susana Díaz conocía obviamente el solapamiento de calendarios. El del proceso de investidura y el de unos comicios locales y autonómicos que se disputarían con el cuchillo entre los dientes. No pocas críticas con cierta dosis de razón nos recuerdan cómo la aprobación de los Presupuestos de la Comunidad para 2015, con más facilidad en el acuerdo de la que se podía prever a priori, proporcionaban un colchón de estabilidad en la gestión que hacía innecesario el adelanto y dejaba expedito el camino a la normalidad de 2016, justo tras este intenso 2015. Algunos confidenciales de la prensa digital española exponen incluso la presunta certeza del arrepentimiento de la máxima dirigente de la mayor federación socialista por esta decisión que lastraría las también presuntas pretensiones de Susana Díaz de lanzarse al ruedo de la política nacional. De disputar, en definitiva, las primarias abiertas al actual secretario general socialista, Pedro Sánchez Pérez-Castejón.  

Ayer, alguno de nuestros más veteranos amigos ponían el dedo en la llaga con un excelente conocimiento de causa. No me quedo en medias tintas: se llama cinismo político. Un presuroso Moreno Bonilla, con el estigma del dedazo mariano, llevaba más de un trimestre solicitando el adelanto mientras denunciaba el fracaso de la gestión del gobierno de coalición PSOE-IU. Izquierda Unida, el socio incomodo, arrinconaba al sector posibilista de Valderas para poner fecha de caducidad al acuerdo tras estas municipales, atenazado por el miedo de unos al abrazo del oso de Podemos y por el deseo de entregarse al mismo de otro notable sector de la organización, aderezado el guiso con el retorno del viejo mesías de Córdoba. Y Podemos, en pleno éxtasis de encuestas, pedía insistentemente la convocatoria como primera etapa de su asalto al cielo. Todos querían el adelanto, hasta que el adelanto se firmó, y ese adelanto sirve ahora para arrojarlo cual boomerang una vez que nadie consiguió sus objetivos electorales, con la salvedad de Ciudadanos y su explosión. 

Cinismo que ha seguido luego durante la negociación y el posicionamiento de las fuerzas respecto a la eventual investidura. La razón se llama tacticismo y se justifica en la cita del domingo 24-M. El Partido Popular, una vez no consigue el compromiso socialista de intercambiar investidura por respeto a las listas más votadas en la municipales, se enroca en la corrupción política (ironías de la política), agitando incluso el espantajo de una nuevo escándalo minero que apunta a muy poco recorrido. Podemos y Ciudadanos juegan a mantener la virginidad mediante el establecimiento de unas líneas rojas que se endurecen y se conforman más complejas cuanto más cercano está el acuerdo. Sólo IU, que se justifica en el presunto agravio de la ruptura y en su situación cercana a la marginalidad, ha sido clara y coherente en su negativa, que no va a cambiar después de los comicios. Ni Podemos ni Ciudadanos, los propietarios de la llave, querían acudir a las urnas con el sambenito de instrumento útil de los socialistas andaluces. 

Tormenta en un vaso de agua que no pasará a mayores. No habrá una repetición de elecciones. El mismo tacticismo electoral que aporta razones de dimensiones catedralicias se tornará en tacticismo de cara a los pactos posteriores en ayuntamientos y Comunidades. Como dice Antonio Avendaño, tras los comicios, tanto Podemos como Ciudadanos optarán a regir, pacto mediante, notables corporaciones locales e incluso Comunidades. ¿Pedirá el Partido Socialista a Podemos que publique los trabajos de asesoría de Juan Carlos Monedero y un rechazo por escrito a los encarcelamientos políticos en Venezuela? ¿Pedirá el Partido Socialista al Ciudadanos que publique el historial de algunos de sus más polémicos fichajes y el reconocimiento de que en Catalunya no existe más guerra lingüística que la provocada por ellos mismos? Es obvio que no. Tras las preguntas retóricas de Avendaño está implícita la respuesta: las exigencias de ambas formaciones se suavizarán (aunque serían lógicas si se tratase de entrar al gobierno, no de facilitar la investidura), porque nadie quiere unas nuevas elecciones en las que el castigo alcanzaría duramente a algunos de los miembros de la coalición del no. La abstención, facilitada por las negociaciones fuera de Andalucía, de las dos formaciones emergentes darán fin a esta trifulca más artificial que real. Ni que decir tiene, las invectivas intuitu personae, tratando de centrar una posible salida a la situación con un recambio de candidato/a, no tiene mucha lógica democrática; sería una intromisión en el proceso democrático interno del partido que ganó las elecciones que creo que no sería aceptada por ninguna de las demás formaciones en caso similar. Sólo una grave situación de índole judicial de la candidata (que no existe aquí) justificaría una sustitución de esa índole.La estabilidad de la herramienta presupuestaria otorga, además, un plus de tranquilidad: la maquinaria administrativa, aún a ralentí, sigue funcionando. 

La solución, pues, muy próxima y muy convencional… salvo aventurerismos de última hora. 

Posdata: El resultado electoral del PSOE de Andalucía arrojaba un porcentaje del 35,43% de los votos. La última encuesta publicada por El País para la hipótesis de la repetición electoral, además de hundir al PP en beneficio de C’s, estancar a Podemos y dejar en la irrelevancia a IU, eleva a un resultado superior al 37% al PSOE. Para algunos, este resultado no convierte al Partido Socialista en la fuerza más representativa de nuestra sociedad de cara a una formación de gobierno. Son los mismo que, mientas acusan de peronismo y deslegitiman democráticamente a la Presidenta andaluza y su formación, cantan las hazañas de Syriza como mascarón de proa y encarnación misma del pueblo griego en su totalidad, sin más matices, y escriben cantos de gloria a su caudillo Tsipras, cuando les deja tiempo las que escriben a Iglesias Turrión. Syriza ganó por un 36% las elecciones generales en el país heleno y se vio favorecida por su particular sistema electoral. Las cosas siguen teniendo el color del cristal con que se miran.