La subida del IVA, aquel disparate

Barañaín

Las hemerotecas son crueles. Por eso, tal vez, se jactaba el señor Rajoy de leer sólo prensa deportiva: para no encontrarse con aquellas proclamas suyas tan enfáticas con las que, desde la oposición, denunciaba la subida del IVA ejecutada por el gobierno de Zapatero: “Va a subir el IVA hasta de los chuches y a todo el mundo”.  Era la subida del IVA, recuérdese,  “un sablazo de mal gobernante” pues, como nos recordaba un profesoral Cristóbal Montoro,  la medida no sólo era “perjudicial” en época de crisis e “ineficaz”, porque no generaría más ingresos, sino sobre todo  “profundamente injusta”, al tratarse de “un impuesto que grava a las rentas más bajas” ya que “afecta principalmente a pensionistas y parados”.

En fin, lo que hacía el gobierno anterior con el IVA era  “un disparate” producto de su inoperancia que sólo podía implicar “más paro y más recesión”. Había que rebelarse, incluso en la calle: “¡No más IVA!” clamaban las señoras Cospedal y Aguirre. Ahora Cospedal, sin despeinarse, dice que entonces tenían razón y ahora también.  En el debate electoral con Rubalcaba en televisión, Rajoy le echó en cara su colaboracionismo con aquella fechoría zapateril: “Yo no soy como usted, le subió el IVA a la gente y no llevaba en su programa…yo lo que no llevo en mi programa no lo hago”. Claro que, a estas alturas de la legislatura, no debe quedar un solo incauto que busque en el programa electoral de Rajoy  la explicación de sus decisiones.

 Lo más ridículo de este culebrón es que el máximo responsable de la hacienda pública justifique la subida del IVA en que son pocos los que lo pagan (nos alecciona con que “si el IVA lo pagaran más quienes lo tienen que pagar no habría que subirlo tanto”, como si acabara de  descubrir el fraude). Y es el mismo personaje que justifica a la vez la amnistía fiscal. Y eso que cuando anunciaron esa desvergonzada oferta a los defraudadores lo hicieron porque aunque no les gustaba era, eso dijeron, la única alternativa a la subida del IVA (Marta Fernández Currás, secretaria de Estado de Presupuestos, entrevista en  ABC 1/4/12).  El caso es que ahora tenemos amnistía fiscal y subida del IVA.

 Como este gobierno se caracteriza por hacer lo contrario de lo que ha venido anunciando hay que prepararse ya para recibir lo que se descartaba anteayer. La impresentable que dirige el ministerio de trabajo – Fátima Báñez -, declaraba en abril que “hay dos líneas rojas que no vamos a traspasar: las pensiones y las prestaciones por desempleo”.  La cosa está entonces clara: con toda seguridad,  ambas líneas serán rebasadas. La subida del IVA irá acompañada de rebaja en las cotizaciones a la seguridad social, de recortes en el desempleo y las pensiones, de despidos en la función pública y –algo positivo, al menos-, de la desaparición de la desgravación fiscal por la vivienda que el PP, imprudentemente, se empeñó en rehabilitar (y fue casi lo único que cumplió del programa electoral con el que mintió a millones de españoles). 

 Se trata de cumplir las condiciones impuestas desde el exterior, que son más exigentes para España que las planteadas hace sólo un par de meses. Eso sí, con un año de prórroga para cumplir en materia de déficit: ¡Un año más de agonía! Seguramente cuando lean este desahogo ya sabremos algo más de las condiciones del rescate bancario,  ese “salvavidas financiero” a España, cuya letra pequeña sigue sin esclarecerse y que fue publicitado por Rajoy como su “gran triunfo”, confirmando ante los socios europeos sus peores impresiones respecto a la solvencia  del equipo que gobierna en La Moncloa. La prensa adelantaba ayer, en sus ediciones digitales, que estamos ya “suavemente” intervenidos.

 “España me recuerda a Ballotelli llorando en la final”  cuenta Mario Draghi a Eugenio Scalfari, en el diario italiano  La Repubblica. El periodista –en realidad es Draghi quien se expresa a través de él -,  evoca la diferencia entre la actitud de la selección de fútbol española, la forma de armar su eficaz juego, y la de nuestro gobierno:”los ministros, los responsables de los bancos, no trabajan juntos y, sobre todo, son muy lentos. Saben que deben promulgar una ley, firmar un documento, iniciar un procedimiento, pero van aplazándolo y todo permanece inmóvil. Estas son reflexiones que Draghi ha repetido en público y ha comunicado a las autoridades españolas interesadas, pero los resultados no se han visto hasta el momento, los españoles siguen posponiendo las cosas y el resultado es que sus bancos se encuentran todavía en una situación pésima”. http://economia.elpais.com/economia/2012/07/09/actualidad/1341851503_417609.html

 Nunca había sido más baja la credibilidad institucional de España, desde nuestra integración en Europa, dice una fuente diplomática (anónima) que cita el periódico. Será por eso que España no deja de perder batallas en Europa. Ayer nos enterábamos de que se queda por primera vez sin un puesto clave en el consejo del BCE. En la silla que ocupaba un español (González-Páramo) se sentará a partir de ahora el actual presidente del Banco de Luxemburgo. Ya es casualidad: ¡de Luxemburgo tenía que ser! Del país cuyo gobierno dirige  Jean Claude Juncker, recién reelegido como presidente del Eurogrupo, ese al que “a veces hay que explicarle las cosas” según apreciaba hace unos días nuestro ministro de economía.

 Tal vez el primer efecto político de la intervención de España  sea la resignación  ciudadana, la parálisis crítica frente a este  gobierno de mentirosos compulsivos. Abrumados por la amenaza del goteo de desastres sobre nuestras cabezas la reacción consiste en interiorizar nuestra condición de culpables. Se generaliza mansamente la estúpida convicción de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Escribe Miguel Ángel Aguilar, citando a Milan Kundera: “La víctima busca incansable su culpa. Necesita identificarla para encontrar sentido al castigo que está recibiendo porque lo que se hace intolerable es el sinsentido”.