La segunda caída de los dioses

 Guridi

En las pasadas elecciones municipales y autonómicas vimos cómo se le demudaba el semblante al PP de la Comunidad Valenciana. Sus casos de corrupción eran tan escandalosos, tan evidentes y tan terribles, que sacar un sólo voto menos que la oposición ya era garantía segura de que no iban a seguir en los gobiernos en los que llevaban décadas. Paco Camps, Rita Barberá, Carlos Fabra… todos asistían incrédulos a cómo la Guardia Civil acudía a por ellos y veían con horror cómo su arrogante omnipotencia del pasado se desvanecía. De ser aclamados pasaron a ser abucheados. De ocupar las primeras filas en los actos de su partido, a ser repentinos desconocidos de las élites que antes les cortejaban.  

Parecía un fenómeno propio de la Comunidad Valenciana, pero no lo era. Ahora estamos viendo las mismas caras de perplejidad en la Comunidad de Madrid. El PP, que pensaba que tenía acotados los casos, contados a los jueces y sujetos a los fiscales, ve que la cosa no estaba tan atada y bien atada como pensaban. 

Si por algo la Comunidad Valenciana parecía el epicentro de la corrupción, es precisamente porque es ahí donde empezaron a caer las piezas del dominó, pero será interesante ver si los trabajos de jueces, fiscales, policía y guardia civil llegan hasta sitios como Euskadi, Galicia o Castilla y León.  

He de reconocer que me ha gustado ver (de nuevo) a Esperanza Aguirre pisar los juzgados, saber que la policía ha grabado a Paco Marhuenda haciendo sus sucios negocios y me he quedado con las ganas de ver a Ignacio González con los grilletes.  

En Madrid queda mucha tela por cortar y me da esperanza saber que los fiscales han protagonizado una rebelión contra el indigno fiscal anticorrupción actual y contra el no menos indigno ministro de justicia.  

Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid cabalgando a lomos de la corrupción, y añadió más corrupción a la que existía en tiempos de su melifluo antecesor. Y pensó que la podía perpetuar colocando a Ignacio González como sucesor.  

Me gusta que también la Policía y la Guardia Civil estén registrando las sedes de constructoras y consultoras. Porque tan culpable de la corrupción es el que pone el cazo, como el que paga y los que bendicen las cuentas (llenas de agujeros) a precio de oro. PriceWaterhouse Coopers o Deloitte, por ejemplo, son nombres que se ven demasiado a menudo en casos que abarcan de Bankia a Gürtel, pasando por Púnica. 

Queda ahora que Ciudadanos, esa fuerza que venía a limpiar la política y a renovarlo todo, repare en que está apoyando a los mismos responsables de los casos de corrupción que están saliendo a la luz estos días. Y que Podemos esté a la altura de las circunstancias. Aunque con Ramón Espinar (hijo) al frente, poco podemos esperar.