La recomposición

 Jon Salaberría

Mañana del 19 de julio de 2016. Fecha de resonancia histórica: se conmemoran las trágicas fechas del inicio de la Guerra Civil Española, el comienzo de la matanza fratricida que precedió a cuatro décadas de sombra democrática en nuestro país, y sobre la que indica el maestro Paul Preston, con no poco acierto, que España tiene un auténtico déficit educativo. Sin relación directa con la efeméride, se constituyen en estos momentos las Cortes Generales de la XII Legislatura Constitucional, con la elección de las Mesas de las respectivas Cámaras. Sin sorpresas en el Senado, Cámara en la que el Partido Popular disfruta de una sólida mayoría absoluta, y mucha más dinamicidad y hasta polémica en la composición de la Mesa del Congreso de los Diputados, con movimientos y tomas de posición que determinan un cambio de ritmo notable respecto a los episodios que hemos vivido desde enero.

Fue en su momento Albert Rivera quien propuso, como gesto inapelable de regeneración democrática, la elección de un/a presidente/a de la Cámara Baja que no perteneciese a la fuerza política más votada en los comicios. Un acuerdo de esas características, inspirado en esa idea base, ya facilitó el nombramiento de Patxi López Álvarez y determinaría una Mesa plural en la composición, flexible en las decisiones, y dinámica en el funcionamiento. El mantra de la regeneración democrática que ha esgrimido desde su génesis el partido naranja no podía tener mejor concreción práctica ni mejor portada de presentación. Hoy, giro copernicano hoy con el acuerdo entre Partido Popular y Ciudadanos que ha determinado el nombramiento de Ana Pastor Julián (Zamora, 1957) como sucesora de Patxi López al frente de la Cámara Baja, con los preliminares del órdago de Unidos Podemos al Partido Socialista con el nombre de Xavier Domènech como excusa. Una encerrona, una nueva genialidad táctica de Pablo Manuel Iglesias Turrión para obligar a los socialistas a posicionarse entre el blanco y el negro, y todo, otra vez, sin dar margen a la negociación seria y reposada. El resultado práctico no es otro que el fortalecimiento de la posición política del Partido Popular.

El otro matiz cualitativo, y no es menor, es la nueva posición de los partidos nacionalistas periféricos en la votación, facilitando el acuerdo de la derecha nacional. Así, los 169 escaños de Partido Popular y Ciudadanos reconstituyen la unidad relativa de un bloque de centro-derecha que coloca a la dupla Pastor-Prendes al frente de la Cámara y que despeja bastante el panorama de cara a una eventual investidura, por la vía rápida, de Mariano Rajoy Brey. Como bien señala el diputado socialista Odón Elorza, pasamos de Patxi López a Ana Pastor, de un Mariano Rajoy desahuciado a un Mariano Rajoy revivido, de una derecha rota a una derecha unida en bloque: es el sorpasso de la derecha.

Pero no hay que obviar algo: el beneficiario de la apertura de esta válvula de escape inesperada lo es también el Partido Socialista Obrero Español. No hay mal que por bien no venga, y la aritmética del 169 libera de presión adicional a los socialistas, los grandes damnificados del acoso ambiental de las últimas semanas. Las portadas de los días previos a la inauguración solemne de la Legislatura han traspasado todos los límites deontológicos, si de lo que hablamos es de profesión periodística. Ahora sí, como planteaba Pedro Sánchez Pérez-Castejón, es el Partido Popular es que debe asumir de pleno la responsabilidad de conformar en torno a su candidato una mayoría suficiente para gobernar contando entre sus apoyos con sus afines políticos, entre los que NO se encuentra el Partido Socialista. El sueño de un gobierno alternativo de no-resignación se difumina, sin duda, pero para los socialistas se abre una apasionante etapa en la que tendrán la tarea, doble y titánica, de reconstruir el proyecto socialdemócrata con vocación de volver a ser fuerza de gobierno y de mayoría, por un lado, y de regenerar la vida parlamentaria en unas Cortes Generales en las que ya no existirá la mayoría absoluta castradora que ha determinado los niveles más bajos de participación democrática y de vitalidad institucional desde 1977. También con Odón Elorza, hay que señalar el camino de un nuevo trabajo centrado en el refuerzo de la intensidad del trabajo parlamentario (con un papel más activo de las comisiones, de las comisiones de investigación y de las comparecencias), la interactuación ciudadana a través de las nuevas tecnologías, la garantía de la transparencia en todos los foros, la apertura de las ponencias y comisiones a agentes sociales, expertos, colectivos y sociedad civil en general, las iniciativas incluyentes y la reformulación, tras cuatro décadas de proceso democratico, del derecho de petición como instrumento fundamental. Mucho nos tememos que en esta ingente labor los socialistas no van a encontrar aliados estables a su izquierda. Las fuerzas de confluencia siguen ancladas en el tacticismo y en la política de gestos. No hay señales claras de que quieran salir de ese círculo vicioso, y sólo el tiempo dirá si estarán dispuestas a un trabajo parlamentario serio y riguroso, y en el establecimiento de las bases de la alternativa para 2020.

Posdatas:

(*) ¿Existe relación entre la nueva posición del Ministerio Fiscal en relación con las peticiones de pena privativa de libertad para Artur Mas y otros dirigentes soberanistas por el Caso Consulta y la nueva posición política de los nacionalistas que, en una paradoja envuelta dentro dentro un enigma, otorgan el control del Congreso al PP? ¿Alguien recuerda en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero las acusaciones de claudicación ante los nacionalistas a las primeras de cambio y por cualquier cosa? Nacho Escolar, para El Diario, intuye alguna relación.

 (**) Hay quien decía que, en el futuro, el acuerdo de gobierno PSOE-Ciudadanos, entre el centro-izquierda y un centro-derecha moderno, de corte europeo y reformista, que abría las puertas al relevo democrático del Partido Popular, sería echado de menos como una oportunidad arrojada por la borda ante el maximalismo de unos y la irresponsabilidad de otros. Los hechos comienzan a confirmarlo. 

(***) Que durante al menos un día se manejase seriamente la posibilidad de que Jorge Fernández Díaz fuese el sucesor de Patxi López al frente del Congreso de los Diputados habla bien a las claras del absoluto desinterés del Partido Popular en la limpieza y la regeneración ética de su terruño particular. Será una de las grandes frustraciones de la etapa que comienza