La realidad de la nación

Aitor Riveiro

Un 31,4% de los andaluces llamados a las urnas ha votado a favor de su nuevo Estatuto. El ‘sí’ ha recibido 1.899.860 votos (poco más del 36% de las papeletas válidas). Este número equivale al 23,8% de la población de Andalucía (7.975.672 habitantes en total). Es decir, que poco más de uno de cada cinco andaluces está de acuerdo con el nuevo marco jurídico de la comunidad autónoma más poblada de España. Pues estamos bien. Cuando más del 60% de la gente llamada a votar no acude a las urnas, algo está fallando. No es comprensible que el presidente de la Junta, Manuel Chaves, haya declarado: “Andalucía tiene un nuevo Estatuto respaldado y legitimado por un ‘sí’ abrumador, cercano al 90%, y, en esta jornada, eso es lo realmente trascendente y significativoâ€?. Quizá para el viejo político ceutí no sea importante, pero alguien debería preguntarse por qué, en cada cita electoral, menos españoles ejercemos nuestro derecho a voto.

Cada elección es independiente de las demás y no son comparables, por ejemplo, los resultados del referéndum sobre la constitución europea con los del ‘Estatut’ o el celebrado ayer en Andalucía. Sin embargo, sí marcan una tendencia y podría afectar seriamente a la calidad de nuestra democracia. Si únicamente acuden a votar los incondicionales de cada partido, los que votan aquello que se les dice desde su trinchera mediática sin pararse a pensar en las consecuencias, nuestros políticos terminarán por acomodarse. Ya no tendrán que preocuparse de convencer a los electores porque no acuden a votar; lo único que tendrán que hacer es ganarse al aparato de su partido. Y eso ya sabemos cómo se hace.

Por lo visto en las cuatro últimas elecciones llevadas a cabo en España (las elecciones del 14 de marzo de 2004 no creo que fuesen muy normales), a nuestros conciudadanos se la trae al pairo la política. La excusa no es, como se dijo cuando tuvimos que votar la constitución europea, el “desconocimiento� o que es algo lejano y meramente burocrático. Parece que tampoco nos interesa cuando lo que elegimos es algo tan cercano como es nuestro propio estatuto de autonomía o el presidente de nuestra comunidad, por muy charnego que sea.

Estos días leeremos muchos análisis que versarán sobre el “toque de atención� que esto supone para los políticos, que “algo tendrán que hacer�… Muchos asegurarán que han “tomado nota� y que han “entendido el mensaje�. Claro que lo han entendido. El mensaje es “haced lo que queráis, que me da igual� y el toque de atención es para la sociedad.

Si a los andaluces no les interesaba la ‘realidad nacional’, si no que les interesa la ‘realidad de la nación’, pues tendrían que haber ido a decir ‘no’ ayer. La abstención no puede ser nunca una opción. Quizá tendríamos que cambiar la ley electoral para impedir que un referéndum que cuenta con un apoyo tan exiguo como el andaluz o el catalán entraran en vigor. Entonces sí tendría (algo de) valor el quedarse en casa en vez de acudir a las urnas.