La presunta izquierda

Julio Embid 

Marcharme a la capital a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Complutense ha sido la mejor decisión de mi vida. La segunda mejor después de hacerme del Atleti a los 20 años. Pero no fue fácil integrarse en el corazón del núcleo irradiador, cuna del podemismo y el quince eme, donde las pintadas de “Carlos Presente”, “Viva ETA manque pierda” y “Eskupe al alkalde” eran parte del paisaje cotidiano. Donde ser socialista, socialdemócrata o liberal implicaba pertenecer a la extrema derecha vasalla del Ibex 35, la OTAN y los zentraedis. Allí, si no estabas a la izquierda de la izquierda, te tenías que limitar a ver, oír y callar. El primer año, el primer mes, allá por octubre de 2001, una alumna rubia suiza de erasmus, cansada de que los dos afiliados de Izquierda Unida de clase avasallasen al resto de la clase con sus peroratas, se puso de pie y con acento francés dijo: “Me marcho. No tengo por qué aguantar esta propaganda barata comunista”. Mis compañeros de la presunta verdadera izquierda, incapaces de alcanzar la dictadura del proletariado intentaron imponer la dictadura del palabrariado, interviniendo en todos y cada uno de los debates. Y aquella rubia se fue, a la francesa. Francosuiza para ser exactos. Creo que se equivocaba.

A la presunta verdadera izquierda se la combate con ideas y con votos. Se la derrota, cada día, en el BOE que es nuestro principal campo de batalla. No te levantas y te vas por muy pesados que sean, que lo son. Esa es la base del libro “La izquierda es la libertad” del profesor José Andrés Torres Mora, a la sazón diputado socialista por Málaga. En este libro, editado por La Catarata, se defiende la política y el pluralismo, frente a la intransigencia y la revolución siempre pendiente por llegar. Porque en el fondo, cuando un mundo mejor, maravilloso e ídilico está por llegar tras pasar un imprescindible calvario revolucionario de dolor, el mesianismo religioso e ideológico se entremezclan. 

Cuando encuentras a gente presuntamente de izquierdas burlándose de los que hacen cola en el Primark, o ven Telecinco, o leen el Marca, generalmente estás frente a alguien que no es de izquierdas. Porque en el fondo no entienden que su voto como licenciado o doctor valga lo mismo que el de una teleoperadora o un parado sin estudios. El discurso político hegemónico de la intelectualidad cree indecente que haya políticos, alcaldes o diputados, que no hablen inglés o no hayan terminado su carrera y haya jóvenes, con doble titulación universitaria y varios idiomas, hayan tenido que marcharse del país para buscarse la vida. Sin embargo luego se extrañan porque sus opciones no son las más votadas y terminan resumiendo todo con la frase: “la gente es gilipollas y se equivoca votando”. Yo niego la mayor y creo que el votante siempre tiene la razón. Incluso cuando arrasaba Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, porque a pesar de robar las elecciones del 2003, para la mayoría los madrileños era la mejor opción.  

El liberalismo no es lo que hicieron los gobiernos del PP de la Comunidad de Madrid, de privatizar todos los servicios, crear redes clientelares con mordidas de obra pública y bajar el impuesto de sucesiones mientras se desprecia a todas y cada una de las minorías. El liberalismo (y la izquierda) pasa por respetar a los demás, tal y como son, y garantizarle las oportunidades para que puedan desarrollar su vida en libertad y seguridad. Por eso terminamos, en ocasiones, encontrando gente que cree que es de izquierdas pero no respeta a los demás imponiéndoles siempre su razón.  

Pertenezco a un gobierno, el Gobierno de Aragón, formado por una coalición de dos partidos de izquierda socialdemócrata (PSOE y Chunta Aragonesista) apoyado en las Cortes de Aragón por dos partidos presuntamente a su izquierda (Podemos e Izquierda Unida) que, no exentos de dificultades y largas negociaciones, ha sido capaz de aprobar tres presupuestos anuales y casi medio centenar de leyes. Y nuestras conquistas se ven reflejadas en el BOA y en las cifras de las partidas presupuestarias. El comienzo no fue sencillo porque los socialistas tenían miedo de los podemitas y los podemitas despreciaban con furia a los socialistas, herederos de la cal viva, la casta y el poder establecido. Hasta que, un día, un periódico local, Heraldo de Aragón, publicó que el Secretario General regional de Podemos-Aragón Pablo Echenique tenía trabajando, mientras era eurodiputado, a una asistenta personal en casa sin contrato. Ese día se acabó el adanismo y las tontadas, cuando los morados vieron que en todas casas cuecen habas y los sociatas se despendolaron y aceptaron que se podía hablar de tú a tú, de leyes y de partidas presupuestarias. 

Recomiendo el libro de Torres Mora, no porque sea fan suyo, que lo soy, sino porque resulta un ejercicio interesante de reflexión acerca de los valores y las ideologías. De lo que somos cada uno, de lo que queremos ser y de cómo pensamos lograrlo. Decía Carlos Marx que: “Nadie combate la libertad; a lo sumo combate la libertad de los demás. La libertad ha existido siempre, pero unas veces como privilegio de algunos, otras veces como derecho de todos”. Cuando uno está a la izquierda de la izquierda niega el derecho de los de abajo a votar a Esperanza Aguirre, o a ver Telecinco, o a comprar ropa barata en el Primark. Ese día a mí, como socialista, me encontrará siempre en contra. Para sentarnos a negociar y tomar decisiones que hagan que el mundo sea un poquico mejor, mi puerta siempre estará abierta.

3 comentarios en “La presunta izquierda

  1. Leído.
    En los primeros párrafos fija bien claro el enemigo. No estoy de acuerdo en el inicio, entendiendo que es su experiencia, sí en algunas cosas que dice sobre cierto elitismo en las izquierdas, me sorprende que no sepa verlo en el PSOE y en algunos momentos parece que le haya cogido el teclado Moreneo.
    Me sabe mal no poder debatir más ampliamente por que me da para ello, por ejemplo me es difícil no pensar en Felipe González y a la vez en el IBEX y la OTAN a las vez…
    Me alegra que se ponga de acuerdo con Podemos e IU para los presupuestos.

    Una curiosidad, los 2 de IU de la Suiza, siguen en IU?

  2. Yo soy socialista con tres lustros de cuotas pagadas (que no es la leche, pero tampoco está mal) y coincido con algunas cosas de Embid pero no con todas.

    La más interesante es el elitismo intelectual, que lo hay en la izquierda de la izquierda (claro que lo hay), pero pretender que no lo hay en «lo social liberal» es de ser un poco ingenuo. Vamos que no se ha oído veces «es que esto la gente no lo entiende» «es que eso no lo puedes decir porque la gente se enfada» y determinadas alusiones gestuales, en el tono etc respecto a determinados tipos de lideres frente a otros ..en fin. Como hay que esconder determinados mensajes o determinados perfiles porque son , o se entiende que son, utiles para el gobierno pero «invotables» o como también en la oposición se saca el perfil proletario y en cuanto se llegaba al gobierno , si te he visto no me acuerdo.En fin, que llevamos mucho tiempo todos por aqui para según que cosas.

    Por otro lado me aprece interesante llamar un dia a alguien populista por un lado y al otro elitista, conceptos basicamente antagónicos.

    Eso sí, tengo que coincidir en que «la izquierda de la izquierda» y mas allá, presenta unas casuiticas y unos pelajes que en muchas ocasiones son de caerse de espaldas. (Ojo, como en la derecha aunque hoy en relación al artículo, no toca) .

    Yo tambien , por cierto soy de una región dodne hay un pacto PSOE P´s para al comunidad autónoma, pacto cortito dada la gran diferencia en representación, pero que funciona lo sucficiente.
    Y ahi está la cuestión, en la capcidad de pacto en la -indicutible- necesidad de desbravarse qeu tenia mucho miembros «de la izquierda de la izquierda» y de apreciar, sobre todo, esa toerancia que da la experiencia en ver que todos somos humanos , aunque los haya mejores y peores personas.
    Fan máximo de Torres Mora, por cierto.

  3. A veces me pregunto cómo puedo convencer a esa izquierda que está todos los días pensando en lo que hacer,hasta la extenuación por aburrimiento,para que dejen de comportarse como meros » perros del hortelano».
    A esos que piensan que ser pragmático con lo que tienes,es claudicar con los principios básicos de la utopía que llevan en la cabeza despues de largos días de aburrimiento.

    Y luego están los superdemocratas,
    A esos hay que darles de comer aparte.
    Los superdemocratas…..vaya ,con ellos,si que no puedo…no puedo.
    En fin…leanme entre líneas….jeje.

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