La ponencia política del PSOE en el ámbito de la Sostenibilidad Ecológica. Dos grandes carencias

Manuel Lobo 

Esta semana se ha publicado el documento político resultado del 39 Congreso del Partido.

He de confesar que aún no leí el documento completo que consta de 149 páginas, organizadas en tres grandes bloques: Marco estratégico Ponencia Política y Social; Economía, Empleo y Sostenibilidad Ecológica y la última sobre modelo de partido.

Por temas profesionales, si he leído los apartados vinculados con la Sostenibilidad “ecológica” y ahí si tengo alguna crítica al mismo.

La primera, el propio nombre. En todos los grupos de normalización a nivel europeo vinculados con la sostenibilidad, hablan de las tres vertientes, la medioambiental, la económica y la social. Y si es cierto que que tocan algún aspecto de todas, en general echo de menos un hilo argumental sobre la sostenibilidad que haga más completo el documento. No se es más sostenible por incluir la palabra ecología.

Dicho esto, una vez vistos los apartados que consta la parte de sostenibilidad, hay dos puntos que creo importantes que no están adecuadamente reflejados.

El primero de ellos que quiero destacar es el ahorro energético, que, en mi opinión, debe ser considerada como una fuente de energía renovable más. Fomentar el ahorro energético debería ser un eje más de las políticas de sostenibilidad.

La calefacción y refrigeración de nuestros hogares, según alguno estudios especializados (Informes anuales del Grupo de Trabajo de Rehabilitación), el consumo de calefacción y refrigeración de los hogares es el causante del 40% de las emisiones de CO2 de nuestro país.

Echo de menos una apuesta más clara por la rehabilitación energética de nuestro envejecido parque de viviendas. Además de ahorro energético, se podría conseguir rebajar los costes de calefacción de familias en situación de pobreza energética.

El segundo de ellos, y aunque si se menciona, es la rebaja de emisiones de CO2. Echo de menos en el documento medidas concretas para incentivar la eficiencia los procesos productivos que conduzcan a menores emisiones de CO2.

Quizá un incentivo sería obligar a “ecoetiquetar” los productos de consumo con las emisiones generadas hasta el punto de venta, de modo que los consumidores podríamos tener un elemento objetivo de valoración de productos que tienen menores emisiones.

Esto acompañado de la campaña de difusión correspondiente que consiga que todos nosotros sintamos interés y curiosidad por esas etiquetas, de modo que las incorporemos en nuestra decisión de compra. En este sentido me acuerdo de la magnífica campaña del Ministerio de Industria en la época de Miguel Sebastián que consiguió que los españoles apostáramos de una vez por todas por bombillas de bajo consumo.

Que la huella de carbono, determinada por los análisis de ciclo de vida de los productos que consumimos, o en los que invertimos o en los servicios que usamos (vehículos, vivienda, electrodomésticos, billetes de transporte…) estuviera claramente identificada y permita su comparación, sería un aliciente adicional para premiar, mediante su consumo a las empresas más eficientes.

Esta medida, sin duda tendría un efecto aún mayor que incentivos económicos de derechos de emisión, puesto que pasaría a ser un elemento fundamental del valor añadido que ofrecen las empresas.

De todas formas, y pesar de estas dos cuestiones, creo que el PSOE apuesta por la sostenibilidad medioambiental como una de las cuestiones fundamentales de las políticas a desarrollar en los próximos años.

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