La otra agenda

Marta Marcos

Los principales líderes de los partidos nacionales, es decir, el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy anuncian (¿o tal vez amenazan?) una presencia muy activa en la recién iniciada campaña de las elecciones municipales y autonómicas del próximo 27 de mayo, muy superior a la de sus antecesores en anteriores citas de este nivel. La propia campaña ha comenzado muy centrada en temas nacionales, además de verse afectada por las secuelas del pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre las listas por todos conocidas.Tal vez eso se corrija o, al menos, se suavice a lo largo de las dos semanas escasas que tenemos por delante, pero, de momento, los temas de la otra agenda, las cuestiones que más directamente afectan a comunidades autónomas y municipios, apenas parecen tener cabida en los discursos de los políticos o en los medios de comunicación, en especial, la televisión.

En realidad, ¿qué se juega en las elecciones? Pese a la tendencia a interpretar esta cita como un avance de los resultados de las Generales que, previsiblemente, se celebrarán a comienzos de 2008, aquí se plantean temas muy cercanos a todos. El panorama es heterogéneo y para ofrecer una visión cabal de todos los problemas que deben abordar municipios y comunidades, se necesitarían hojas y hojas. Así que contengo mis ganas de abrumarles, y me centraré en dos aspectos: el suelo y la gente.

El término más correcto para “suelo��? es territorio, y hablar de territorio es referirse a ordenación del mismo. Esto, que puede sonar a rollo tecnócrata, se relaciona de forma directa sobre cómo crecen los pueblos y las ciudades, si de acuerdo con sus necesidades, o de acuerdo con las necesidades de los empresarios (constructores) y/o determinados políticos. Me temo que va a ser lo último. Los expertos aseguran que la construcción de viviendas ha sido muy superior al crecimiento demográfico. En los últimos diez años se ha construido a un ritmo de 800.000 viviendas por año (según cifras del Observatorio de la Sostenibilidad de España), más que en Alemania, Inglaterra y Francia juntas. Esto, además de afectar al medio ambiente de manera drástica, sobre todo en la costa, no se ha traducido en un abaratamiento de las casas, sino que éstas se han encarecido de una forma desorbitada. Este crecimiento se vio respaldado por la Ley del Suelo de 1998, aprobada por el PP, que pone todo el suelo al servicio del desarrollo urbano, y considera como excepcional su protección, al tiempo que somete la valoración del suelo a criterios de mercado. Esto abrió la veda a ayuntamientos y comunidades, y se ha traducido en un crecimiento desaforado e irracional de pueblos y ciudades. Al mismo tiempo, ha fomentado los casos de corrupción en ayuntamientos, del que Marbella es un claro exponente, aunque tal vez algo exagerado (con folclórica incluida). La Ley del Suelo de 1998 será derogada próximamente y será sustituida por la que se ha aprobado hace dos días en el Congreso. Su puesta en marcha será todo un desafío para los que salgan elegidos el próximo 27 de mayo, quienes deberán lavar la mala imagen cosechada por los casos de corrupción y por un desarrollo urbanístico que no se ha traducido en mejores ciudades y pueblos, sino, que en muchos casos, los ha empeorado visiblemente.El otro gran tema son las políticas de población. Aquí, podríamos hablar, tirando de topicazo, de dos Españas: la inmigrante y la despoblada. La inmigración es todo un reto en Cataluña, las comunidades de Levante, Andalucía, Madrid y las islas. Gentes llegadas de un sinfín de países, en especial de Marruecos, Ecuador o Rumania trabajan y viven aquí, llevan a sus niños a los colegios, requieren de atención sanitaria y se mueven en la eterna duda de si conservar sus costumbres o adaptarse a las de aquí. En diez años, la población inmigrante ha pasado a suponer en torno a un 8-9 por ciento de la población española, es decir, unos cuatro millones de personas. Por ser un fenómeno reciente, se está a tiempo de adoptar las medidas adecuadas para integrarlos en las sociedades, lo que supone evitar los barrios-guetos, o la concentración de hijos de inmigrantes en unas pocas escuelas públicas. Esto implica combatir la desconfianza hacia el extranjero que puede ser explotada por los oportunistas de turno que lo traduzcan en formas más o menos explícitas de racismo. La España que se despuebla está formada por comunidades como Castilla y León o el Aragón que no es Zaragoza, por ejemplo. Esto se traduce en docenas de pueblos abandonados, junto a otros en que el más joven del lugar tiene algo así como 65 años. El drama aquí es que muchos no van a vivir a esos pueblos porque están mal abastecidos, apenas existen servicios. Y no se pondrán en marcha estos servicios, porque no hay gente. En definitiva, la pescadilla-pesadilla que se muerde la cola. Otro reto para municipios y comunidades autónomas.Por lo demás, ¿cómo va la campaña? Los primeros días transcurren entre dos epidemias: la “inauguracionitis aguda��? y la fiebre de encuestas. El caso más grave de inauguracionitis es sin duda el de Esperanza Aguirre con sus hospitales a medio hacer, puesto, que en el caso de Parla, llevaron unas incubadoras de pega para que la mujer se hiciera la foto. Las primeras encuestas muestran pocos cambios, casi ninguno, en realidad, si exceptuamos las comunidades de Navarra y Baleares. No parece que la retirada de los eternos Juan Carlos Rodríguez Ibarra y José Bono vaya a suponer un vuelco en sus respectivos feudos, de lo que se deduce que nadie es imprescindible. De las ciudades, poco se sabe, salvo Madrid, Barcelona, Sevilla y Santiago de Compostela: en ninguna se vaticinan ni vuelcos, ni sorpresas. Ya veremos en que se traduce todo esto, aunque, una vez más, conviene insistir en la dificultad de traducir unos resultados consecuencia de factores muy locales y particulares en tendencias nacionales. Tanto es así, que seguramente, el lunes 28 de mayo, todos se mostrarán felices y contentos, pues tendrán material más que suficiente para interpretar los resultados electorales de la manera que más les convenga. Se admiten apuestas…