La oleada que viene

Senyor_J

Restaurada la normalidad institucional en el Reino de España, mediante el nombramiento de don Mariano Rajoy Brey como presidente del gobierno y del correspondiente equipo ministerial, no son pocos los que han celebrado el resultado como una victoria del orden sobre la inestabilidad, de lo previsible sobre lo imprevisible. El país disfruta ya de un presidente conocido, con unas políticas más conocidas aún, que ante la desaparición de las mayorías absolutas cuenta ahora con un novedoso espacio de apoyos, en una suerte de nuevo feudalismo en el que a Ciudadanos y Partido Socialista no les ha quedado al final otro remedio que jurar fidelidad al líder del Partido Popular. Se superpone así a ese Parlamento más segmentado que nunca una macroestructura de partidos que paradójicamente genera unas mayorías más amplias que antes, aunque al precio de que la oposición deje estar liderada por el otro partido que tradicionalmente había servido para alternarse con el que ahora gobierna. Con semejante panorama, es normal que abunden los brindis y el regocijo, y que muchos vean en todo ello las bases de un largo periodo de estabilidad para seguir haciendo lo de siempre.

No obstante, es el momento de arremangarse. El tiempo político sigue siendo terriblemente complejo y las lecturas autocomplacientes tremendamente peligrosas. Porque ahora más que nunca es apropiado recordar aquella frase que dice “cuando crees que se acaba, todo vuelve a comenzar”, musicalizada por esa leyenda viviente llamada Raimon:

Quan creus que ja s’acaba, torna a començar, i torna el temps dels monstres que no són morts -i el silenci fa niu en la vida, fa niu en les coses-, quan creus que ja s’acaba, torna a començar…”

Los procesos que han contribuido a generar un año de inestabilidad institucional y que han forzado una repetición electoral siguen estando muy vivos y las consecuencias de todo lo que ha venido aconteciendo estos últimos años van a seguir ejerciendo su efecto. Ya lo advirtió Pablo Iglesias cuando le intentó explicar a Rajoy que su continuidad al frente del gobierno implicaba, por la forma en qué se había producido, la muerte del turnismo, de la alternancia bipartidista, y que ponía las bases para un gobierno liderado por los partidos del cambio, que acabaría llegando tarde o temprano. Más allá de lo acertado o no del pronóstico, conviene quedarse con la idea de que lo que se hace y la forma en que se hacen las cosas tienen consecuencias y que no se va a librar nadie de las mismas.

Retomando el apunte de Pablo, parece claro que el espacio del cambio dispone de una oportunidad política muy importante para convertirse en el otro frente político, con un PSOE en estado de coma tanto por sus decisiones políticas como por su fuerte agitación interna y su crisis de proyecto. Falta que PODEMOS pueda resolver civilizadamente sus procesos de reelección de cargos orgánicos, sus confluencias acabar de confluir y que entre todos sean capaces de aparecer ante la totalidad de la población española como la mejor alternativa a Mariano, pero las circunstancias no pueden ser más favorables para ello. Con la disposición actual de piezas, en la XII legislatura deberíamos esperar uno de los parlamentos más animados de la historia de la democracia, no un espacio aburrido en el que nunca pasa nada y donde todo se apruebe por la fuerza de las mayorías: las cosas se aprobarán igualmente, pero cada uno va a tener que pagar el precio que le corresponda por apoyar a según qué y a según quién.

Pero aun ofreciendo el Congreso numerosas oportunidades de disfrute, todo parece indicar que el principal estímulo a la inestabilidad va a volver a venir de Cataluña y que esta vez va a ir en serio. 2017 podría llegar a ser el gran año del soberanismo, ese momento tan esperado en que se van a disputar las batallas realmente importantes y finalice el procés tal y como lo hemos conocido hasta ahora. ¿Pero puede suceder tal cosa? A menudo se ha recurrido a la metáfora del videojuego para describir el mencionado procés, según la cual se han ido pasando una serie de pantallas que nos iban acercando al desenlace final. Hay que recordar, sin embargo, que los videojuegos no dan opciones a quedarse parado, que solo es posible seguir avanzando o morir en el intento, con el correspondiente peligro que eso conlleva. Pues bien, a lo largo del último año hemos visto como las expectativas de un cambio político en España hacían soñar con reabrir la salida del referéndum pactado, un atajo que habría permitido escapar de las pantallas más delicadas, esas en las que no te queda otro remedio que hacer lo que decías que ibas a hacer y en las que ya no van a servir los paripés. Investido Rajoy, con Ciudadanos a su lado y con el PSOE tomado por los sectores más mesetarios, esa opción se ha desvanecido por completo y pocas alternativas quedan a empezar la guerra en serio.

Hay acontecimientos muy recientes que no hacen más que aumentar la probabilidad de todo ello. No se trata solo de las leyes de desconexión que están a punto de salir del horno ni de la última promesa electoral constituyente. Tenemos por un lado la presión judicial sobre Mas i Forcadell a cuenta de las urnas de cartón del 9N, pero ahora sumamos por el otro la detención la semana pasada de la alcaldesa de las CUP de Berga por tener una estelada en el consistorio durante las elecciones catalanas y las generales del 20D. Todo ello va aumentando algunos grados más la temperatura soberanista, pero personalmente me quedo una vez más con lo que está sucediendo en el Partido Socialista. Me refiero, en este caso, al frente abierto contra Cataluña por aquellos que ostentan ahora el poder. Que porque el PSC haya optado por apoyar a Pedro Sánchez, se ponga sobre la mesa la separación de este partido de los órganos de dirección del PSOE y la eliminación de sus militantes de los procesos de elección de un secretario general, más allá de lo impresentable del tema, no puede ser más desafortunado políticamente. Por si alguno no lo tiene claro, déjenme que les diga que con ello se está lanzando un mensaje muy claro: “el PSOE que nosotros queremos es uno que pretende gobernar Cataluña desde el resto de España”. Ello va muy en la línea además de un Partido Popular que hace tiempo que dejó de ver Cataluña como un lugar donde obtener votos, para convertir el territorio en un eslogan con el que conseguir votos en el resto.

Pasarán cosas en este curso político que seguirán tensando la cuerda nacionalista y cuando pasen los catalanes verán frente a ellos a dos partidos estrictamente mesetarios y otro formado por unos catalanes impuros. Y entonces las locomotoras empezarán a avanzar una contra la otra. ¿No lo ven claro? Pues qui ja ho sap tot que no vingui a escoltar-me:

“…Un crit cert i uns quants matisos, poemes de vells poetes, un amor encara viu, molta ràbia acumulada en la lluita necessària contra el matalàs immens que ens volen posar damunt, és el que jo cante…” (Raimon de nuevo).