La necesaria política de comunicación

Ignacio Urquizu

Durante la pasada legislatura, uno de los temas estrellas ha sido la no política de comunicación. Casi todos los analistas coinciden en que el primer Gobierno de Rodríguez Zapatero ha tenido graves problemas para transmitir los logros de su gestión. Este argumento no es nuevo. En los 80, los socialistas también se lamentaban de que una mala comunicación no permitía que se explicasen con claridad sus políticas.  

En España, la izquierda tiene más dificultades que la derecha a la hora de comunicar. Los conservadores tienen a su disposición numerosos medios de comunicación, servicios de estudios y fundaciones quienes, de forma coordinada, lanzan mensajes sencillos al alcance del ciudadano medio. En cambio, la izquierda apenas cuenta con el apoyo de grupos mediáticos y la generación de ideas desde think tanks es muy reciente.
A estas dificultades se añade la decisión de no usar los medios de comunicación públicos y la propaganda institucional como instrumentos de manipulación. Es una decisión necesaria y de salud democrática, pero que incrementa la ventaja mediática que tiene la derecha. Por ello, en un contexto tan desfavorable para el Partido Socialista, es tan necesario diseñar una buena política de comunicación.

En un reciente artículo publicado en El País se apuntan algunas ideas interesantes de cara al futuro (María José Canel Crespo, “Campañas electorales, publicidad y estrategia, 20-3-2008). Uno de los errores de la anterior legislatura ha sido separar la comunicación del proyecto político. Mientras que la Secretaria de Estado de Comunicación dependía del Ministerio de la Presidencia, la estrategia política se diseñaba en los equipos más próximos al Presidente del Gobierno. Esta separación de funciones ha mermado la política de comunicación. Por ello, sería conveniente que tanto Proyecto Político como Comunicación estén bajo el mismo paraguas, preferiblemente dentro del aparato de asesores del Presidente.

Esta nueva estructura tendría que estar coronada por el Portavoz del Gobierno –otra figura que se ha echado de menos en los últimos años-, sin necesidad de tener el rango de Ministro. Sería suficiente con que fuese una persona con capacidad para comunicar y que compareciese todos los días a la misma hora –preferiblemente a media mañana-. Esto permitiría al Gobierno tener un mayor control de la agenda, fijar los marcos del debate y dar más agilidad en las respuestas a los ataques de la oposición.

Algunos pueden ver en el nombramiento de José Antonio Alonso una forma alternativa de corregir la política de comunicación de la anterior legislatura. No obstante, es necesario introducir matices. El portavoz parlamentario no representa al Gobierno. Además, esta figura tiene asociada más funciones que impiden que se dedique a tiempo completo a la comunicación. 

En definitiva, para comunicar bien es necesaria una mejor estrategia de comunicación. Ello implica cambios en el organigrama y redistribuir competencias que permitan unificar criterios. Esto también debería afectar al PSOE. Lo que no es razonable es que existan distintas voces con diferentes mensajes.