La mudanza en pago

Julio Embid

Hoy me mudo de piso. Bueno, llevo mudándome tres semanas, entre cajas de libros y estanterías socialdemócratas de nombre impronunciable, pero hoy será la primera noche que duerma en el nuevo piso. Tras varios años dando tumbos por la periferia de la capital del reino, he logrado que cierta Caja de Ahorros me conceda una hipoteca a tan solo cuarenta años, para poder a cambio del 40% de mi sueldo, decir que presuntamente tengo un piso en propiedad. Proceso natural, Ley de Vida, el pájaro que se hace su nido propio.

 Hasta ahí algo normal, tengo trabajo y los pisos bajan y los alquileres no. Sin embargo cuando uno reflexiona sobre ello se asusta. Cuando el notario dijo: -“Este piso que blabla, que compra el sr. Fulánez y que terminará de pagarse en junio de 2051…”, a mi me entró la risa. En serio, ¡junio de 2051!, cuando haya monopatines aéreos como los de Marty McFly, cuando El País se venda en holograma 4D, cuando José Ángel Biel se haya jubilado, cuando quizá no exista España y sí la V Republique Espagnole. Asusta este futuro.

 Pero mucho más asusta, que pinten bastos (y yo a descarte en copas), que no pueda pagar las letras del alfabeto (o alifato), me lo embarguen y tenga que seguir pagando el resto de la hipoteca, porque en la subasta se lo quede el banco por la mitad de lo que me costó y si quieres arroz Yekaterina. Es por ello por lo que yo soy de los primeros partidarios de la dación en pago (¿dación de pulpo?, ¿dación de croquetas?). Una dación que es común en la mayoría de los países capitalistas civilizados del mundo libre, pero que en España no está, aunque sí se le espera. Sin embargo ayer me desayuné la noticia del Público[1] que decía que una sociedad gastronómica llamada Los Verdes-Ecopacifistas había bloqueado la Iniciativa Legislativa Popular en el Congreso para convertir a la datio in solutum en un Proyecto de Ley, por proponerla ella y no tener ningún intención de recoger las 500.000 firmas de rigor. Para postre estos son los mismos de los pelotazos inmobiliarios en Alcalá de la Selva y al pie de las pistas de Valdelinares, en la sierra turolense, aunque prometo otro día abrir este melón.

 Mientras tanto el crédito hipotecario limitado a los pisos de embargo, las grúas paradas, el Euribor es esa cosita que sube y que baja, Ciudad Valdeluz como plató de The Walking Dead, las inmobiliarias aumentando sus comisiones y Comisiones dando cera a Zapatero[2].

 Pues bien, ya es hora del cambio de tercio, de apretar a los que ahogan y de ayudar a los ahogados y de que el sentido común sea por una vez el más común de los sentidos. Tal vez algún candidato debería ponerse a ello sin esperar a que llegue el medio millón de autógrafos, pues obras son amores y no buenas razones.


[1] http://www.publico.es/dinero/385059

[2] http://www.ccoo.es/csccoo/menu.do?Inicio:205759