Ser o no Ser

La Maritornes

La meva cultura es reinventa glop a glop

l’oli que rellisca per la meva esquena

endolça el meu elocuent ingeni

No soc pàtria ni bandera

no soy tu pretensión ni tu abdicación

yo soy hibridez

soy de aquí y de allá

no soc ni d’aquí ni d’allà

Yo soy charnega

soc pocha

catalana mestiza

Mis raíces yacen bajo el desierto florido

Soc el somriure de la meva mare

soy el poema de mi padre

Soy locura y cordura

soy dulce y salá

soy tó y ná

Soy lo que sueño

soc cada bateg

en el que me reinvento

(La Pocha Catalana)1

Las críticas a las palabras que Pablo Iglesias dirigió a los ciudadanos de Rubí me han dado mucho que pensar principalmente por dos razones: una, por llamarme Ramos en el Prat de Llobregat y dos por haber cursado estudios étnicos y de género.

Pablo Iglesias en su discurso apelaba a unas experiencias, individuales y colectivas, que hacen que uno sea más sensible y receptivo a determinados proyectos e ideas. Sin embargo, esas palabras fueron consideradas como discriminatorias y “etnicistas”. Me gustaría reflexionar sobre este incidente porque aporta luz sobre cómo se plantea el futuro de este país.

En primer lugar, pensar que todos somos iguales es un discurso demagógico y naíf, que además de potenciar el asimilacionismo, defiende la meritocracia (uno tiene lo que se merece); pues bien, lo que uno obtiene viene la mayoría de las veces condicionado por el género, la clase y el origen. Siguiendo esta línea yo me pregunto: ¿es casualidad que los López, Sánchez, Ramos y etc…, nacidos en el extrarradio de Barcelona históricamente hayan tenido menos acceso a la universidad? ¿Es casualidad que se encuentren en minoría en los puestos de poder? Debe ser la misma casualidad que hace que las mujeres cobren menos por el mismo salario. Y es que llamarse Gutiérrez en Santa Coloma no es lo mismo que llamarse Gutiérrez en San Gugat, como tampoco es lo mismo que llamarse Bosch o Pradell en San Gervasi. Como no será lo mismo llamarse Mohamed que Laia.

David Fernández afirmaba en un debate televisivo que “Solo hay una fractura social en Catalunya: la desigualdad social, la pobreza y la precariedad”, y estoy de acuerdo; pero no debemos olvidar cómo influye en esta desigualdad el género, nuestro origen y la mirada del otro; ya que a nuestra pertenencia de clase se le suma una desubicación cultural y lingüística que inevitablemente influirá en nuestras experiencias y expectativas.

Esto me lleva a abordar el segundo punto: la carga negativa que parece contener el término etnicista: “Orgullosos de nuestros orígenes, humilladas por tu etnicismo”. El término étnico no alude a características fenotípicas sino que se refiere a cultura, y específicamente a diferencias culturales. La etnicidad es ante todo una forma de identificación, una identificación de uno con lo que uno mismo y otros entienden que es su grupo étnico. Teniendo en cuenta esta definición, está claro que Catalunya es un país multiétnico2; entonces  la pregunta es ¿Por qué somos tan reacios en este país a hablar  de la identidad cultural?; creo que la razón es que parece que solo existen dos opciones: o te identificas como “español” o como “catalán”. Pongo entre comillas los dos términos porque como explica Laura Freixas en su artículo “La batalla por la identidad”, ambos encierran  un contenido político muy marcado. Ser español se asocia con una simbología de la que se ha apropiado el franquismo y ser catalán responde a una serie de símbolos y tradiciones establecidos por una clase social determinada. Se ha producido un monopolio de ambas identidades que ha cerrado otras vías de identificación cultural. Y parece ser que también ha dejado fuera a otros proyectos políticos que van más allá de ser español o catalán; ya que para algunos, todos los problemas de este país se resuelven en unas elecciones plebiscitarias de “independencia sí o no”, obviando un debate complejo necesario.

Ser “charnego” no me impide ser catalán, ni  independentista; pero sí que influye en el proyecto de país que tengo, como ser de clase obrera no me impide ser feminista; pero hace que mi feminismo se aleje del feminismo burgués. No abordar estos debates es ignorar que no todos somos iguales, que los problemas que tiene este país no se resuelven con unas elecciones plebiscitarias y que la cuestión no es sólo ser o no catalán sino qué significa ser catalán.


 

1       La “Pocha Catalana” es el nombre artístico de Raquel Delgado. Delgado nació en Barcelona en 1979. Es licenciada en Filología Hispánica. En 2001 inició un estudio lingüístico sobre Spanglish que le llevó a centrar su investigación sobre el pueblo chicano. En 2006 colaboró en la organización de las primeras Jornadas Chicanas en Casa Amèrica de Catalunya en las que presentó su lectura En Busca de un Aztlán, donde realiza un análisis tanto lingüístico como cultural del pueblo chicano comparándolo con los catalanes de primera generación.

2     Hay varios estudios sobre los movimientos migratorios, especialmente de andaluces en Catalunya, y las relaciones interétnicas e intraétnicas en la nueva sociedad de acogida. Véase “La identidad cultural andaluza en Catalunya a través del movimiento asociativo de las Comunidades Andaluzas en el exterior” de Isabel Aguilar Majarón o “La etnicidad andaluza en Cataluña: criterios para una tipología” de Emma Martín Diaz