La maldición del petróleo

Lobisón

La reelección de Dilma Roussef en Brasil y de Tabaré Vázquez en Uruguay contrasta de forma llamativa con la tensa situación en Venezuela. Mientras, las perspectivas económicas en la Federación Rusa empeoran espectacularmente no sólo a causa de las sanciones por su adhesión de Crimea y su intervención en Ucrania, sino ahora sobre todo por la caída del precio del petróleo. Es difícil saber hasta cuándo y hasta dónde llegará esta caída, pero es indudable que a estas alturas Maduro y Putin tienen ya serios problemas.

En economía política se habla a menudo de la maldición del petróleo, o, más en general, de la maldición de los recursos naturales. Los países que cuentan con grandes rentas gracias a la exportación de sus recursos naturales no desarrollan instituciones políticas basadas en la idea de ciudadanía. Al no depender de los impuestos para financiarse no tienen incentivos para convertir a sus súbditos en ciudadanos responsables, ya que pueden obtener su apoyo y mejorar su bienestar sin exigirles responsablidad fiscal.

Así se crea un círculo vicioso: los electores no se preocupan de controlar el uso que hacen los gobernantes de los recursos públicos, y sólo se interesan por los resultados. Por tanto crece el riesgo de que los gobernantes hagan un uso irresponsable de los recursos, a la vez que los electores se despreocupan de la racionalidad de ese uso, ya que esos recursos no provienen de sus propios bolsillos, sino del maná del petróleo. Por eso son siempre más populares las propuestas de nacionalización que las de reforma fiscal, lo que puede ser muy peligroso si el maná se agota o baja de precio.

Entre los comportamientos irracionales de los gobernantes que disponen de altas reservas de recursos naturales el más peligroso puede ser el que desata un sentimiento de omnipotencia en la esfera internacional. Se puede entender que Chávez financiara con el petróleo el desarrollo de la Misiones, de paso que hacía un favor a su admirada Cuba y forjaba una alianza con ella. Pero al intentar desarrollar una política internacional propia y hegemónica gracias a los recursos petroleros probablemente fue más allá de lo sensato —independientemente de lo insensato del proyecto en si— y ahora Maduro ya no tiene margen de maniobra para compensar su desastrosa gestión económica interna mediante los ingresos del petróleo.

Algo similar puede estarle sucediendo a Putin. La economía rusa podía ser el motor de un área aduanera alternativa a la UE en la medida en que los ingresos del petróleo y el gas la impulsaban. Ahora firma grandes proyectos con China a medio y largo plazo, pero tiene un problema serio para mantener sus ingresos a corto plazo, problema que le puede restar popularidad y erosionar su prestigio en Rusia. La incógnita peligrosa es saber si en esa desagradable tesitura no optará por escalar el conflicto con Occidente para compensar a golpe de nacionalismo el malestar económico interno. En fin, que no nos pase nada.

8 pensamientos en “La maldición del petróleo

  1. Noruega, Australia: las excepciones se explicarían porque ya había instituciones democráticas cuando el petróleo entró en juego.

    Pratxi, el problema en Venezuela es lo que vaya a hacer ahora la casta chavista, la bolicasta.

  2. Hablando del caudillo encarnado en un pajarito que instuye a su sucesor (hay precedentes de esa imagen en la literatura: las de los loros sobre el hombro de malvados piratas; tiene sentido), no he leido hasta ayer el enternecedor obituario que el economista Juan Torres -de actualidad estos días-, dedicaba en su web a Hugo Chavez: ¡si hablaba hasta de la lucecita del Pardo! No imaginaba yo tanta falta de pudor y de sentido del ridículo.

  3. Y hablando de petróleo, hoy la prensa se hace eco de unas declaraciones de Pedro Sánchez sobre el necesario acuerdo con otras fuerzas políticas, que debería alcanzar, según dice, la política energético. Sobre este asunto, el secretario general de los socialistas defendió las renovables como “el presente y el futuro”, rechazó abiertamente el fracking (fractura hidráulica) y se mostró partidario del cierre paulatino de las centrales nucleares después de 40 años.

    Pues no le veo yo muy orientado al pacto, si tan claro tiene ya los perfiles de lo que en su opinión es la política energética guay. Otro día, ya nos explicará por qué rechaza el fracking.

  4. Venezuela acabará el año con una inflación del 80% . El propio gobierno de Maduro no descarta llegar al 100% en 2015. La escasez de alimentos y medicinas provoca colas de 18 horas para los alimentos regulados. El salario mínimo, oficialmente en 100 dólares, no llega a 32 en el mercado paralelo. El ahorro producto del petróleo en los años de bonanza se estima en 21.000 millones de dólares ( Noruega ahorró cerca de 200.000 millones ), y aún así la fabrica de billetes no para. El dólar supera los 150 bolívares. Etc, etc.
    Y encima los pobres venezolanos tienen que aguantar a Monedero.
    http://youtu.be/lTWlvzNmTUo

  5. Siempre supimos que el Socialismo del siglo XXI de chavez era simplemente el socialismo de la chequera. Lo terrible ahora es que Maduro no se atreve a subir el precio de la gasolina dentro de Venezuela. Es casi gratis. La despreciable democracia parlamentaria anterior a Chavez, subió ese precio y la sublevación popuar fue el comienzo del fin y la llegada del Chavismo. Por eso ahora no se atreven a hacerlo. Pero maduro quiere gastar mucho dinero en hacer una gran Televisión Nacional para suplir todas las que hasta ahora ha expropiado.
    parece ser que es Arabia Saudita la que se niega a subir el precio del petroleo porque quiere paralizar la gran producción de petroleo en EEUU por el método del fracking. Este sistema es más caro y no puede expandirse al precio actual. Pero a los pobres venezolanos les convencerán de que es EEUU el culpable de ese precio tan bajo para hundir la Revolución del Siglo XXI.

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