La ley Sinde, capas, sayos, ascuas y sardinas

Sicilia

“Hacer de su capa un sayo” es un dicho español de evidente antigüedad, gráfico hasta no poder más, y se usa para aquellas situaciones en las que se usa algo con un propósito para el cual dicho algo no estaba originalmente concebido, más bien en el sentido de “estirarlo” o de querer hacerlo valer para más cosas de las que vale.

“Arrimar el ascua a su sardina”, también dicho pintoresco, se le asemeja algo. En este caso se usa cuando alguien da una versión o una interpretación forzada a ciertos hechos o normas de forma que favorezcan sus intereses, bien puramente crematísticos, bien puramente intelectuales.

Dos veces entre esta semana y la pasada se han visto post en este foro más bien capisayescos y ascuasardineros al respecto del asunto de la Ley Sinde. Aprovechando la actualidad de la antedicha ley, los autores nos relataban sus visiones sobre el negocio de los contenidos digitales, el mundo de Internet, su opinión sobre la reivindicación de los titulares de derechos e incluso sobre de si en el mundo debe o no haber cultura más o menos libre y cómo, de ser así, debería funcionar. Por el tono de las líneas anteriores puede colegirse que lo dicho a continuación no va a ir en la misma dirección.

Es un hecho palpable que ciertos modelos de negocio en el mundo digital funcionan… más o menos. I-tunes, puramente una tienda on line, goza de una razonable buena salud ligada a los productos de Apple. Spotify, servicio de reproducción de música a la carta, parece que funciona también, aunque menos, debido a su peculiar manera de monetizar sus servicios; hablando en plata, no cobra a todos sus usuarios y sí paga a todos sus “input”. De las radios digitales quedaron pocas cuando se enteraron de que aquello no consistía solo en hacer caja.

En resumen. Sí hay negocio digital, como hay negocios de otros tipos analógicos. ¿Se ha adaptado el sector de mejor o peor manera a los nuevos tiempos? Debate interesante, hay casos a seguir y casos a abjurar, con el tono general de que muchos de los grandes actores del sector no han sido especialmente rápidos. Por eso, como la Ley Sinde permite que se cierren páginas web que hacen negocio vendiendo mercancías de otro sin su permiso,  significa que se protege a los autores estúpidos  que no entienden nada.

Este era el sabor de un artículo recientemente leído aquí. No extrañe lo forzado de la inexistente transición final. No existía. Porque se puede hablar de modelos de negocio y de adaptaciones de unos y otros, cierto. Lo que no pega muy bien es que haya que ganarse la tutela de los derechos mediante el éxito en el mercado.

La cosa no deja de tener guasa. Porque el tema no es que el coche sustituya al caballo, no, lo que pasa es que el caballo mío se lo está regalando a usted ese señor al que no conozco de nada.

Uno puede sentirse más o menos a gusto con ciertos conceptos como “cierres”, lo que no debe caerse es en el embrujo del vocablo “Internet”, o en lo que un buen articulo linkado aquí la semana pasada denomina “Digitalismo”, de tal suerte que si yo le espeto a alguien “hijo de mala madre” de palabra o en letra impresa es una injuria, pero si lo hago vía twitter es “contenido digital”. Comercializar contenidos de otros sin su permiso está mal. Todos juntos, está mal. No hay que hacerlo.

 Luego después, hablamos de lo que se quiera; eso sí, por favor, vamos a ver si conseguimos no introducir falacias como que “no exista algo así como la propiedad intelectual”, total, por bajarnos dos o tres series… Es matar moscas a cañonazos.

No menos interesante resultó ayer mismo leer cómo, enternecedoramente, parece que el futuro de la producción de contenidos pasa por la suscripción pública. Total, si para defender la inviolabilidad de seriesyonkys, que es, por lo visto, como el mundo debería funcionar en realidad, hay que ir a un modelo donde un probo ciudadano se dedica a recorrer digitalmente en mundo recaudando miguitas con las que alimentar primero a Nick Hornby y compañía, y luego a sus “ninios”, se va. Con un par.

Seguro que El Padrino se rodó exactamente igual, o que las series de HBO etc., que tan generosamente ofrecen seriesyonkys y similares, también se elaboraron por semejante método, y si no, que le dejen a Casciari, que lo que les pasa a los demás es que son unos tiburones y unos avariciosos ¡Hombre ya!.

Hay que encarar el asunto con un mínimo de seriedad, y el que desee hacer obras experimentales, o pseudobenéficas, o sin ánimo de lucro, tiene todo el derecho a hacerlo y es un modelo a imitar por sus incuestionables ideales morales. Sin duda, pero no es una vía de nada. ¿Que se acabe la prensa y sea sustituida por aqueste Debate Callejero?

El Estado de California, el estado más rico del país más rico del mundo, tiene como sector líder al sector de Entertainment. Eso no solo significa que los dueños de las productoras vivan de lujo, que lo hacen, o que las estrellas de cine sean millonarias, que lo son. Significa que hay una industria entera, generadora de empleos de muchos tipos, de riqueza y con efectos de eslabonamiento hacia atrás bastante interesantes. No es raro que en Estados Unidos, pero no el único sitio, se tomen ciertas cosas más en serio. La meca de la producción cinematográfica y la meca del máximo desarrollo tecnológico y de sociedad de la información (que está en Silicon Valley y no en los ombligos desde donde algunos twittean, tabletean y bloguean) es uno de los países donde más se persigue al que se aprovecha indebidamente de la propiedad intelectual ajena. Será que no son tan modernos como aquí, qué pena.

Y lo más gracioso, yo confieso públicamente que me bajo cosas. Y que fumo. Cuando se podía, fumaba en los bares, ahora no. Cuando cierren seriesyonkys, dejaré de usarlo.

En ambos casos procuraré que las ansias no me destemplen.