La lengua propia, la lengua común, el Libro del Génesis y el Milagro de Pentecostés

Alberto Penadés

Me gustaría compartir con ustedes algo de la Historia Sagrada que he estado leyendo. Los capítulos 10 y 11 del Génesis contienen versiones contradictorias, y narrativamente incoherentes, sobre el origen de la diversidad de lenguas: un fenómeno natural (las lenguas propias) o una maldición (la ruptura de la lengua común). De otro lado, en los Hechos de los Apóstoles, se remedia en parte la diversidad permitiendo milagrosamente que los elegidos puedan hacerse entender por cualquiera.

En Génesis 10 los hijos de Noé, tras el desastre del Diluvio, fueron dando lugar, con su descendencia, a las distintas “naciones” y “lenguas” de la tierra: véase 10.2-5 para los descendientes de Jafet, 10.6-20 para los de Ham y 10. 21-31 para los de Sem. Así, por ejemplo, los semitas son un conjunto de naciones, linajes y lenguas, aunque también una unidad frente a los Hamitas (tradicionalmente, los habitantes del Norte de África): “Estos fueron los hijos de Sem por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones” (Gen 10.31). Nación seguramente quiere decir aquí una especie de unidad política, aunque lo desconozco todo sobre el equivalente hebreo. Lo político aparece yuxtapuesto a lo territorial, a lo genealógico y a lo lingüístico, que son todos los elementos del cóctel étnico. A un pequeño paso, que no parece formar parte de la Revelación, se pueden imaginar como círculos de aspiración concéntrica. Sea como sea, tenemos una explicación natural de la lengua: cada grupo tiene un habla propia a medida que se fragmenta en la geografía, la política o la genética.

En Génesis 11 el Espíritu Santo continúa el relato como si no hubiera llovido desde que Adán diera nombres a las cosas, y comienza afirmando que “tenía entonces la tierra una sola lengua y unas solas palabras” (Gen 11.1). Como se sabe, los hombres se aprestaban a construir una magnífica ciudad con alta torre cuando Dios, enojado por la arrogancia de la empresa, se dijo: “ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.” (Gen 11.7). Esto obligó a los hombres a abandonar su empeño y a dispersarse, lo que ofrece una hipótesis claramente distinta, sobre el origen de la diversidad étnica y lingüística. “Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió el Señor el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra” (Gen 11.9). He leído que Babel recuerda al término hebreo para “confundió”. Si es así, tal vez puede buscarse su etimología en la onomatopeya del balbuceo, como bárbaro en griego o berebere en árabe: aquellos a quienes no entendemos. Al parecer Bab-Ili es acadio y significa “Puerta de Dios”, con lo que el Espíritu Santo hace un juego de palabras. (Ili, por cierto, es la raíz en Lérida –Ili-Erda-, Elche, Elvira, hoy Granada, y otras ciudades iberas).

Podemos suponer que el Espíritu Santo hace un juego de palabras porque, de hecho, sabe todas las lenguas. Más aún, consciente, se diría, de las dificultades creadas en Babel, si no antes, el Espíritu decidió descender sobre los Apóstoles y conferirles la glosolalia (don de lenguas) para facilitar la difusión de la verdad. En Pentecostés celebramos este hecho y el arranque de la Iglesia Universal (por alguna razón, Pentecostés es festivo en Cataluña pero no en toda España). Fijémonos bien que no se trataba de reunificar la lengua, sino de facilitar el entendimiento: la Iglesia siempre ha predicado en las lenguas locales. Sólo en este tercer movimiento teológico-lingüístico podemos empezar a contemplar la diversidad de idiomas como “riqueza” : “Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.” (Hechos 2. 9-11).

El “manifiesto por la lengua común” de Vargas Llosa, de la Marina, Arteta y otros (por orden alfabético, sic) dice que todas las lenguas son oficiales pero el castellano es más importante que otras porque es la lengua común. El Estatuto de Cataluña dice que catalán y castellano son oficiales (y el aranés, en su ámbito) pero la primera debe ser preponderante porque es la lengua propia. No creo que sean simplemente nacionalismos opuestos (aunque puede que también lo sean). Cuánto nos hace falta una lengua común para construir la polis (la torre era sólo una parte) y cuánto se debe intervenir en el curso natural de las lenguas propias (de las familias, de los territorios) es algo de lo que seguiremos discutiendo. Lo que hoy quiero compartir con ustedes es la mala espina que me da el punto de vista bienpensante que alaba la linguo-diversidad per se como para hacerse el moderado.

Hoy por hoy lo diverso siempre se celebra como riqueza, pero fíjense que, por ejemplo, la biodiversidad es buena porque no tenemos que intentar reproducirnos con otras especies, pues si la especie humana se fragmentara estaríamos peor, peor cuanto más lo hiciera; o que la diversidad en estilos de música, en colores de ropa, en estilos de vida, o en tocados de pelo es estupenda, pero nada tiene que ver con la diversidad de idiomas. Si cada cual hablara una lengua esto no sería un jardín sino un desierto. Entiéndase: dado que en España se hablan al menos cuatro grandes lenguas, es una riqueza saber más de una, pero eso no hace desear que se hablaran siete; diversidad bueno, pero con moderación. Creo que hay algo sospechoso en la alabanza de la diversidad, como lo hay en el mito fundacional del clero cristiano: que cada cual tenga su lengua, mientras nosotros nos comunicamos horizontalmente, entre las élites, y transmitimos la verdad hacia abajo, en la lengua de la plebe. Y a ponerse como curas. Sin duda, una de las rentas que el estado moderno le quitó al clero era la derivada de su glosolalia, lo que explica un buen trecho de algunas afinidades electivas.

Salud y progreso.

(Para la contradicción en el Génesis ver Eco: En busca de la lengua perfecta; en internet hay docenas de biblias con buscadores e hipertextos)