La lengua, la clase y la identidad (2). Movilidad en Cataluña.

Alberto Penadés

Permítanme que añada unas notas sobre la lengua y la clase social en Cataluña. No puedo extenderme más de lo que ya lo hago, pero mucho de lo que aquí se dice podría decirse, con ciertos matices, también del País Vasco (aunque allí el nacionalismo es algo más interclasista que en Cataluña).

La pregunta es si la lengua puede ser un obstáculo para la movilidad social, que parece ser que sí lo es, si eso es bueno, que supongo que no, y si esto se puede remediar. De las políticas tendremos que hablar en otro momento, hoy sólo algunos hechos.

Las encuestas dicen lo siguiente. En Cataluña, la clase social está muy condicionada por el origen. La probabilidad de que un catalán de nacimiento, cuyos padres sean de fuera, sea un obrero supera en más de 15 puntos porcentuales  a que lo sea alguien de padres catalanes. La diferencia es de casi 30 puntos con alguien que no ha nacido en Cataluña. Desde el otro lado de la escala social: la probabilidad de que un hijo de catalanes sea un miembro de la llamada vieja clase media (propietarios, autónomos y pequeña burguesía en general) es el casi el doble a que lo sea un hijo de no catalanes, y más del doble para un nacido fuera de Cataluña. Lo que es más importante, casi lo mismo sucede con las nuevas clases medias (ejecutivos de empresa, profesionales, funcionarios…).

  Viejas clases medias Nuevas clases medias Trabajadores no manuales Trabajadores manuales.
Padres catalanes 10,5% 27,8% 25,8% 35,9%
Uno de ellos catalanes 6,6% 26,4% 28,3% 38,6%
Padres de fuera 5,8% 16,5% 26,7% 51,1%
Nacido fuera 4,7% 13,8% 17,6% 64,0%
Total 7,3% 21,3% 23,8% 47,6%

Elaborado con datos del CIS, año 2005.Encuesta postelectoral (N = 1964).

A juzgar por algunas encuestas anteriores, la segmentación social por origen no ha variado mucho en los últimos tiempos, salvo para las viejas clases medias, donde la brecha era todavía mayor en le pasado. En 1992, por ejemplo, la probabilidad de ser obrero para los hijos de inmigrantes era la misma que 15 años más tarde, aunque para los hijos de catalanes era aún menor (el 30,1% según los datos de entonces); para las nuevas clases medias la brecha era idéntica.

Se dirá que Cataluña es tierra de inmigración y que esto es simplemente lo esperable. Bien, yo no estoy totalmente seguro. Madrid también es tierra de inmigración, más aún que Cataluña, y en Madrid no sucede lo mismo. Según una encuesta de 1992, antes de las grandes olas de inmigración extranjera, más del 40% de los madrileños habían nacido fuera de Madrid (en esas mismas fechas, sólo un tercio de los catalanes) y sólo un 20%, aproximadamente, era nacido de padres madrileños (en esas mismas fechas, algo más de un tercio de los catalanes). Pues bien, ya en 1992 el acceso a la clase media estaba muy poco condicionado, en Madrid, por el origen territorial propio o de la familia, mientras que en Cataluña lo estaba como hoy o más; y la probabilidad de ser obrero para los “de Madrid” era muy poco menor que para los hijos de forasteros, o incluso para los venidos de fuera (salvo para los trabajos de menor cualificación), mientras que la diferencia era muy considerable en Cataluña.

Soy de los que opinan que esto está fuertemente relacionado con la diferente senda de crecimiento seguida por Madrid y Cataluña desde 1992 hacia acá. Puedo equivocarme, pero hay cierto consenso en relacionar la movilidad social y el crecimiento. En este sentido, la movilidad es buena para todos, no sólo para aquellos que tienen oportunidades de movilidad ascendente. Es mala para los que arriesgan perder privilegios. De ahí que existan mecanismos de “cierre social”. La lengua puede ser uno de ellos.

No es ninguna sorpresa que la lengua que se tiene como propia está muy condicionada por el origen en Cataluña. En la encuesta de 2005, el 86% de los hijos de padres ambos catalanes de nacimiento tienen el Catalán como lengua, mientras que el 80% de quienes sus padres nacieron fuera tiene el castellano como lengua. Para los hijos de parejas “mixtas” prevalece ligeramente el castellano (el 42,6%) sobre el catalán (39,5%). Como consecuencia de lo anterior, tampoco sorprende que el idioma esté desigualmente distribuido por clases sociales. El catalán no es “la lengua de los señoritos”, como ofensivamente se dice a veces en zonas de emigración, pero sí que es más la lengua  de la clase media y alta que de los trabajadores.

  Lengua castellana Lengua catalana Ambas
Viejas clases medias 32,6% 58,2% 7,8%
Nuevas clases medias 36,7% 53,1% 8,1%
Trabajadores no manuales 45,8% 44,8% 7,6%
Trabajadores manuales cualificados 54,1% 34,1% 5,5%
Trabajadores manuales no cualificados 64,6% 30,0% 3,4%
Total 50,4% 41,4% 6,2%

(El resto tiene otra lengua o no contesta)

Esto tiene también claras consecuencias políticas. Los partidos nacionalistas obtienen sus votos con mucha mayor probabilidad de las clases medias que de los trabajadores. La diferencia entre ERC y CiU es que el primero lo obtiene más bien de las nuevas clases medias y el segundo más bien de las viejas. En cuanto a la composición de su electorado, son ambos partidos burgueses. Esto alcanza incluso a Iniciativa. Aunque la diferencia sea menos acusada, que en el caso de ERC, es considerablemente más probable que IC obtenga el voto de un funcionario, un médico o un abogado que de un obrero. El partido más interclasista es el PP, un partido menos burgués que ERC por lo que toca a su atractivo para la gente de posibles, y que obtiene el apoyo de los obreros con probabilidad parecida a este segundo. El único partido con un perfil claramente de clase trabajadora es el PSC. Al menos entre sus votantes.

¿Tiene razón el Presidente Montilla al reclamar inmersión lingüística para impedir “ghettos”? ¿Puede la política de inmersión favorecer la movilidad? ¿Permitirá la burguesía nacionalista y sus representantes políticos que tal cosa suceda, o seguirá habiendo lenguas, clases, y clases de catalanes? Son preguntas que me hago y a las que espero que podamos responder.