La justicia

Lobisón

Puede que me deje llevar por los prejuicios, pero me preocupa que el juez Elpidio Silva se haya convertido en el héroe del sindicato Manos Limpias, esa extraña agrupación en la estela de Blas Piñar que parece haber descubierto una mina de demagogia en la corrupción ambiente. En todo caso parece haber consenso en que hoy por hoy no existe un ‘caso Blesa’, y que sin embargo hay quienes están tratando de crearlo, aprovechando el clima de irritación disparado por la crisis y la aparente invulnerabilidad de quienes han gestionado los grandes centros de poder financiero en los años de la burbuja.

El problema es que las cosas ya están bastante mal sin que nadie aproveche la exasperación social para crear un clima de histeria. Entre otras razones porque la histeria se retroalimenta. Si, como es probable, el juez Elpidio acaba empapelado por la excesiva desenvoltura de sus procedimientos —más algunos pecadillos anteriores—, se va levantar un clamor en su defensa diciendo que se le persigue por querer acabar con la impunidad de los poderosos, y la evidente diferencia entre su caso y la condena contra Garzón no servirá para mostrar que hay que distinguir y matizar —siguiendo  el viejo principio detectivesco: qui prodest?— sino que todo se sumará en un inmenso barullo que desacreditará a la justicia en su conjunto.

Y es que todo es bastante complicado. Ya hay una batalla en marcha sobre la continuidad del juez Ruz, y quienes temen que se le quiera apartar para apagar las llamas de los casos Gürtel y Bárcenas tienen buenas razones para estar nerviosos. Al mismo tiempo, sin embargo, la notable prudencia del juez ofrece sus propios motivos de nerviosismo. ¿Por qué este hombre no procedió en su momento a incautarse de la documentación de Bárcenas, y sólo se ha tomado en serio la cuestión cuando Pedro J. la ha hecho explotar? ¿No han sido demasiado prudentes las fiscales y el juez en este caso?

El problema no es sólo de alarmante lentitud judicial, sino en otros casos de over-reaching. ¿No es un poco insensato incluir en el mismo procedimiento el saqueo de fondos públicos en el caso de los ERE y la responsabilidad de los políticos y gestores que diseñaron el procedimiento administrativo? ¿Se va a acusar a éstos de cooperación necesaria por haber ignorado las advertencias de la intervención? ¿Da lo mismo que no haya habido aprovechamiento personal o partidario de los fondos defraudados? ¿No cabe sospechar de intencionalidad política en tanta ambición procesal?

Y para colmo tenemos el problema de que en este contexto cualquier archivo de un procedimiento o revocación de sentencia puede verse como un apaño cómplice entre los partidos para ocultar sus vergüenzas, aunque los argumentos jurídicos puedan ser, más que sólidos, evidentes. Sumemos a esto un presidente del Constitucional al que se le olvidó darse de baja de su partido en el momento procesal oportuno y ya están dados todos los elementos de una imagen desastrosa de la justicia.

5 pensamientos en “La justicia

  1. Yo creo que el articulista, rememorando a Pedro Pacheco, debía haber titulado su artículo como: “El cachondeo”, ya que considerar que escribe sobre la justicia sin hacerlo en base a sentencias sino simplemente opinando, de manera totalmente subjetiva, sobre situaciones aún pendientes de ser falladas judicialmente, está más en la órbita de tratar sobre el cachondeo que sobre la justicia.

    Como en el artículo se trata de opinar, yo opino que el PP, como todos los partidos de una u otra manera, se ha financiado ilegalmente, y es posible que los papeles de Bárcenas tengan algo, o mucho, que ver con su financiación, mientras que aún no han aparecido los apuntes referentes a la financiación del PSOE en los años posteriores a Filesa.

    En lo referente a los ERE, lo de “over-reaching” todavía suena más aún a cachondeo. Yo creo que más que preguntarse sobre si no puede ser insensato incluir en el mismo procedimiento el saqueo de fondos públicosy la responsabilidad de los políticos, el articulista debería darnos su opinión, como hace en el resto de asuntos que toca, sobre que es lo que considera que pretendían esos políticos y gestores cuando diseñaron y modificaron el procedimiento administrativo. Podría aclararnos si entiende que esa generosidad ante terceros lo es porque de la caja es más difícil robar y enriquecerse, cosa que va por otros caminos, y simplemente se utiliza para “comprar”, y en donde los compradores desviando los 700 millones de Euros, actúan según el clasico principio de: “quien parte y reparte ………….. ”

    La corrupción, o se combate desde dentro de los propios partidos haciendo aflorar ellos mismos las iregularidades y expulsando a las personas vinculadas a las mismas, o seguiremos con el intento de esconder los tejemanejes tratando de capear, como se pueda, los que vayan saliendo a la luz. Por ahora parece que seguimos en lo segundo y el artículo de hoy apunta más al sectarismo que a la transparencia.

  2. Bueno, quizás no haya sido muy justo por mi parte valorar interrogantes que se hace el articulista, que para mí tienen clara respuesta cual es el caso de los ERE, como forma de evadir el enjuiciamiento sobre algo aparentemente muy probado y cercano a conclusiones finales nada favorables al PSOE, dando a entender que en un caso hay sobreactuación, intencionalidad política y ambición procesal, cuando no es más que el procedimiento viene de tiempo y está muy avanzado, mientras que en el de Bárcenas el estar aún en fase inicial es valorado como de actitud excesivamente prudente de juez y fiscales. Dudo que de estar los partidos políticos cambiados en ambos procedimientos la opinión del articulista sobre velocidad e intensidad fuese la misma. Por eso impregno el artículo de tufo sectario. Si no es así, …… mis disculpas.

  3. Fernando, la comparación con Pedro Pacheco me duele, como te puedes imaginar. En cambio la posibilidad de que escriba bajo el influjo de mis propias simpatías políticas no me ofende, aunque lo del ‘tufo’ sectario suena o huele bastante mal.

    La instrucción de los ERE, por mucho que haya madurado, me temo que está mal enfocada: una cosa es la utilización indebida de los fondos y otra el mal diseño del instrumento, a menos que se pueda probar que éste se diseñó ex profeso para posibilitar un saqueo interesado. No conozco indicios fuertes en este sentido, pero puede ser simple falta de información.

  4. Por otro lado, la preocupación central en mi artículo es que el intento de hacer justicia ‘ejemplar’ puede hacer inevitables revisiones que, por muy bien razonadas que estén, incrementen la sensación de que los poderosos pueden escapar el peso de la ley. Yo hablo del ‘caso Blesa’, pero hoy tenemos además la reducción de la condena a Matas y el archivo de las actuaciones contra Barcina (y antes del procedimiento contra Blanco).

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