La inmigración como socialización del miedo

Millán Gómez

Es de sobra conocido el afán histórico de la derecha por emplear la inmigración como un factor para obtener réditos electorales a través de introducir miedo en la sociedad. El PP, como principal partido de la derecha española, ha hecho suyo el lema y a un mes escaso de las elecciones ha dado a conocer cuál sería su política de inmigración en caso de llegar a La Moncloa. El plan que Rajoy propone para la comunidad inmigrante les obligaría a cumplir las leyes, hasta ahí lo lógico. Es éste y no otro el único contrato que los inmigrantes tienen cuando llegan a nuestro país. Aunque el PP lo desconozca como ha quedado demostrado. El problema radica en que la iniciativa del PP incluye la obligatoriedad de aprender la lengua castellana, así como respetar las costumbres españolas.

La medida rezuma xenofobia por los cuatro costados y tiene un tinte claramente nostálgico de tiempos pasados que algunos parecen no digerir. Los inmigrantes llegan a España porque aquí existen unas condiciones sociales y económicas manifiestamente mejores que en sus países. No vienen a España por ocio sino por la necesidad imperiosa de construir para sí mismos y para su familia un futuro mejor.

El PP ha utilizado en innumerables ocasiones el concepto “efecto llamada” para diagnosticar una supuesta “avalancha” de inmigrantes que llegan a nuestro país jugándose la vida. Sí, han leído bien, jugándose la vida. En multitud de ocasiones buscamos ídolos y modelos a seguir en otras latitudes y estratos sociales cuando deberíamos admirar a gente que un día sí y otro también dan un ejemplo de superación al luchar contra la barrera del hambre por alcanzar su bienestar. El único efecto llamada es el hambre y la falta de oportunidades.

El PP pretende, con esta medida, que los inmigrantes se conviertan en lo que ellos consideran como patriotas. Como bien dijo Javier Rojo en una entrevista hace unos días, el patriotismo no se mide por el tamaño de la bandera. Entre un ciudadano y una comunidad política existen unos vínculos objetivos y unos vínculos subjetivos. Dentro de los vínculos subjetivos se encuentra el sentimiento o no de pertenencia a un pueblo o una comunidad. Y ahí no deben intervenir las administraciones públicas. No deben derribar la peligrosa barrera de inmiscuirse en los sentimientos de cada ciudadano. Lo contrario es violar los derechos de las personas.

La medida es claramente inconstitucional y profundamente carca. Los inmigrantes lo que deben hacer es respetar las leyes y gozar de los mismos derechos y deberes que un ciudadano nacido en Villanueva de la Serena (Badajoz) o en Lorca (Murcia). Después ya entra en juego la ética personal de cada uno si decide o no integrarse en mayor medida en su país de acogida. Es evidente que si aprende la lengua castellana gozará de mayores posibilidades de entendimiento y le ayudará en su trabajo laboral. Pero eso se limita al mundo personal del inmigrante y ahí no debe meter los dedos la administración pública.

Da miedo que un sujeto como Miguel Arias Cañete puede gozar de algún cargo relevante en la economía de nuestro país. El tal Cañete afirmó que “los inmigrantes colapsan las urgencias” o que los camareros inmigrantes no poseen “la misma eficacia” que un camarero autóctono. El PP, que tanto se llena la boca criticando los nacionalismos, vuelve a contradecirse a sí mismo al clasificar a los ciudadanos en función de su adscripción identitaria. El PP representa hoy día el nacionalismo español.

Con esta medida sobre inmigración, el PP tiene como fin promover el miedo en nuestra sociedad y muy especialmente en aquellos barrios donde la comunidad extranjera cuenta con mayor peso específico. Esta medida es un nuevo ejemplo de irresponsabilidad y de poner en cuarentena debates pasados que quedaron perfectamente superados con la instauración de la democracia y el consenso constitucional.

Los inmigrantes son un factor clave en el crecimiento económico español y una posibilidad potencial de enriquecernos mutuamente si lo gestionamos correctamente. En caso de una hipotética victoria popular, la inmigración saltaría a la palestra como el enésimo factor para crispar el ambiente. Aunque bien es cierto que no sé si tendrán tiempo material para llevar a cabo estas medidas sobre inmigración porque si ganan las generales tendrán la agenda muy ocupada plantando 14.269 árboles durante cada hora de la próxima legislatura o disputando el Máster de Golf de Carlos Fabra en Castelló.