La información nos hará libres

Aitor Riveiro

En 1976, la banda de heavy metal The Scorpions lanzaba al mercado su cuarto álbum, Virgin Killer, con el ojo puesto en el mercado estadounidense, donde sus tres discos anteriores habían tenido escasa repercusión. Para lograrlo, la discográfica trazó un plan de lo más simple: editar el LP con una portada provocativa que levantara las iras de esa América profunda y mojigata que ve maldad y perversión en todo lo que le rodea.

La portada en cuestión es esta:

La discográfica consiguió su objetivo y Virgin Killer fue un éxito en EE UU gracias a que determinados grupos ultraconservadores le hicieron la mejor publicidad: tratar de decirle a la gente lo que puede o no escuchar, leer, pensar, opinar, decir.

Hasta hace una semana, Virgin Killer era un disco olvidado salvo para los incondicionales de la mítica banda alemana y seguramente descatalogado. La niña que ilustra la portada es toda una mujer y The Scorpions unos abueletes greñudos.

Y digo que hasta hace una semana porque el pasado día 7 la Internet Watch Foundation (IWF) decidió incluir en su lista de páginas web prohibidas el artículo de la Wikipedia referente a Virgin Killer ya que, en su opinión, contenía una imagen catalogada como pornografía infantil.

Inmediatamente, los principales proveedores de acceso a Internet (ISP) del Reino Unido bloquearon el acceso a dicha página. Y es que la IWF es una organización sin ánimo de lucro sufragada a partes iguales por las propias ISP y cuya misión, según reza en su página de inicio, es “reportar contenido ilegal, específicamente abusos sexuales a menores” alojado en cualquier parte de Internet.

La noticia corrió como la pólvora y los principales medios digitales de Europa y EE UU se hicieron eco de ella (desconozco la relevancia que ha tenido en medios impresos, creo que ninguna). Apenas 48 horas después, la IWF lanzaba un comunicado en el que anunciaba que la página de la Wikipedia que contiene el artículo referente a Virgin Killer ya no formaba parte de su lista de páginas prohibidas, por lo que las ISP británicas ya no tenían por qué vetar el acceso a sus usuarios.

Cualquiera puede entender que no tiene sentido tratar de censurar una imagen que se difundió por primera vez hace nada más y nada menos que 32 años. A lo largo y ancho del mundo se habrán vendido algunos cientos de miles de copias de Virgin Killer desde que viera la luz en 1976; además, la portada del disco es una de las más reproducidas en libros o anuarios que versan sobre música, The Scorpions, fotografía, etc. Sería como tratar de censurar, y perdónenme la comparación, la Venus de Milo, el David de Miguel Ángel o un cuadro de Raphael repleto de angelotes de sonrosadas mejillas.

Y, sin embargo, los responsables de la IWF no adujeron cualquiera de estas circunstancias en el comunicado oficial en el que se informaba de su marcha atrás. No, lo que la IWF (la palabra inglesa para este tipo de organizaciones es genial: watchdog) dijo es que con su acción se habían “conseguido unos efectos opuestos a los deseados”. No es que estos ‘perros guardianes’ recapacitaran sobre la estupidez supina que supone prohibir algo que lleva circulando 32 años por todo el mundo; tampoco se dieron cuenta de que ellos, y sólo ellos, eran los que veían pornografía en esa imagen.

No, de lo que se percataron en la IWF es que, con su acción, habían llamado la atención de cientos de millones de personas que no sabían qué era eso de Virgin Killer y, seguramente, nunca habían oído hablar de The Scorpiones.

Para que los lectores de DC se hagan una idea de lo que estoy diciendo, el número de búsquedas que Google registró el pasado 8 de diciembre con la palabra “scorpions” es un 700% mayor que el día 6. Si en vez del nombre del grupo nos vamos al nombre del disco, la proporción es de 20 a 1, empezando en el cero absoluto.

[Nota: Google Trends es una herramienta de Google que permite estudiar de manera aproximada tendencias en las búsquedas de sus usuarios. No son datos exactos, pero sirven para hacerse una idea bastante aproximada de la realidad.]

Este caso es un clarísimo ejemplo de algo que se ha dado en llamar Efecto Streisand y que, aunque no se puede circunscribir únicamente a Internet, sí alcanza en la Red su máxima expresión.

En España vivimos hace poco tiempo otro ejemplo del Efecto Streisand, cuando el juez Ismael Moreno secuestró una edición completa de la revista satírica ‘El Jueves’ porque en su portada mostraba al futuro Rey y a la futura Reina fabricando futuros reinecitos o reinecitas. A la tontería de secuestrar los ejemplares impresos que ya habían sido distribuidos, Moreno sumó la de prohibir su reproducción en la página web de ‘El Jueves’. Dicho y hecho: miles, sino decenas de miles, de blogs y páginas web serias y menos serias reprodujeron la imagen al instante, haciendo de la orden del juez, que no debe de tener criminales que mandar a Alcalá Meco, papel mojado.

Hay muchos más casos prácticos, algunos mucho menos divertidos o mundanos y que van más allá del puritanismo de cuatro beatos con toga o traje de Armani. Hace apenas 10 años, por ejemplo, Yoani Sánchez no sería lo conocida que es hoy salvo en determinados círculos. Sin embargo, gracias a que estamos en la época en la que estamos, se ha convertido en uno de los símbolos de la lucha contra la dictadura castrista y han sido, precisamente, las reiteradas prohibiciones del régimen cubano las que han hecho de su blog el mejor del año, según unos prestigiosos premios concedidos por la radio televisión pública alemana.

Internet es un espacio libre, en el más amplio sentido de la palabra, por donde circula la información, toda la información. En Internet la censura es imposible, inviable e inútil; si cierran una página web en Myanmar, al día siguiente aparecerán decenas de réplicas por todo el mundo; si se prohíbe un texto periodístico, será traducido y difundido en cuestión de horas por todo el worldwideweb.

El problema de Internet es, precisamente, su libertad. Cada cual puede publicar lo que quiera sin ningún miedo: en apenas dos ‘clics’ podemos llegar desde una página web que defiende que el Gobierno de Aznar, junto con la CIA y el Mossad y la OTAN, perpetraron el 11M, hasta una que niega el Holocausto, pasando por un blog que no sólo lo niega, sino que lo defiende, al que hemos llegado desde otro que intenta hacernos ver que fue ZP quien ordenó poner las bombas en los trenes que acabaron con 191 vidas hace ahora 4 años.

Ante esta realidad existen dos opciones: tratar de censurar y prohibir estas páginas; impedir que se difundan imágenes tachadas de inmorales (una niña desnuda en un caso, un Mahoma en otro); prohibir la difusión de textos apologéticos o conspiranoicos. Se puede intentar, de la misma forma que EE UU y Reino Unido intentan con la red Echelon controlar el tráfico de correos electrónicos y otras comunicaciones ‘on line’ de todo el mundo.

Será inútil. Absurdo. Un gasto desproporcionado sin resultados. Y, además, inmoral.

¿La otra? Permitir que la información fluya y dedicar esos recursos a educar a las nuevas generaciones en el espíritu crítico para que sean capaces de contrarrestar toda la basura que pulula por Internet.

“La verdad os hará libres”. Pero la información nos acercará a la verdad.