La increíble historia del crecimiento que encogía

Econcon

Uno de los lemas más coreados por los “esPPecialistas” en economía en los últimos tiempos ha sido algo así como que el crecimiento económico “de Zapatero” era bueno a nivel macro pero empobrecedor para las familias.

Esta original noción de “crecimiento económico” – cuya característica principal no es otra que ser “malo-zapateril”- se presentó en sociedad sustentada, como gran prueba de cargo, por supuestas pérdidas de poder adquisitivo. Por añadidura se la intentaba relacionar, si era posible, con la inmigración (como no), culpable de “rebajar los salarios” y además, se removía un poco la mezcla con la subida de letras de las hipotecas que sumía a muchas familias en una situación poco menos que desesperada.

La proposición se ha defendido con abundancia de palabras en jerga económica y una buena dotación de gónadas a partes iguales. Da igual que la economía española esté dando en casi todos los terrenos las mejores cifras en mucho tiempo, en realidad nos va fatal, claro está, por culpa de ZP, todo ello entre audibles baja “sí, sí, sí” o “claro, claro, claro” de los corifeos de turno.

Desafortunadamente para los mencionados “esPPecialistas”, su proposición económica no resiste ni el primer contacto con la economía o, dicho sea de otra manera, ni los datos tratados con la debida honestidad intelectual, ni la teoría, avalan algo semejante. ¿Qué es algo dicho en jerga económica pero que no es economía? La respuesta es: una trola, un enredo, una falacia…en fin… propaganda infumable, defínanlo con el término que más les mole.

Mostremos la tramoya:

1. La mayor es falsa. No ha habido tal pérdida de poder adquisitivo en los hogares.

No hay una metodología estándar para medir la variación del poder adquisitivo de los salarios. Por definición, una variación del poder adquisitivo se mide descontando de la subida de los salarios el incremento de los precios. Por cierto, este es el momento idóneo para decir que, en una economía de mercado como la española, NINGÚN GOBIERNO FIJA LOS SALARIOS (sólo un porcentaje marginal, léase el salario mínimo), y NINGÚN GOBIERNO FIJA LOS PRECIOS (sólo algunos poco significativos ya en la cesta de la compra.)

Dado que hay varias fuentes tanto para unos como para otros, resulta que podemos encontrarnos con varias opciones según los combinemos. Sería deseable que dieran resultados parecidos, pero debido a que los salarios y su evolución son difíciles de medir, esto no sucede así (afortunadamente las mediciones de los precios son más estables). Podemos decir que para la economía española hay tres grandes maneras de medir las variaciones del poder adquisitivo: una basada en la partida “remuneración a los asalariados” recogida en la Contabilidad Nacional, otra basada en los datos de las retenciones por IRPF y una tercera basada en las estadísticas de convenios colectivos.

Simplificando, puede decirse que la “remuneración a los asalariados” es la fuente de salarios de ámbito más completo y más comparable a nivel internacional, ya que dicha partida intenta recoger toda la cantidad en salarios de la economía. Lo más cuestionable de este indicador es que es muy sensible al crecimiento y la composición de la mano de obra y que, además, como está muy afectado por otras variables también complicadas de medir, como la población que hay detrás de la cifra consignada como “remuneración a los asalariados”, hay más estimaciones y supuestos estadísticos que en otras fuentes. Por ejemplo, una economía con mucho crecimiento de población y empleo como la española, digamos que “pone a prueba” más duramente la fiabilidad de las mediciones de los salarios obtenidas así. Con todo y con ello, sólo los datos de poder adquisitivo elaborados a partir de esta partida, siempre y cuando se escoja el índice de precios mas “desfavorable”, dan una ligera pérdida de poder adquisitivo en el año 2006. Este y no otro ha sido el sustrato pseudo científico con el que sostener la tesis del “crecimiento empobrecedor” aunque, uhmmm qué fastidio, resulta que en lo que va del año 2007 da una ganancia de poder adquisitivo de más de un punto… por tanto…primer cañonazo a la tesis “zapatero-empobrecedora”.

Otro indicador es el que se obtiene de las retenciones anuales del IRPF. Es muy fiable en el sentido en que mide todo lo que retiene Hacienda por conceptos de nómina, por tanto “se escapa” poca gente, y no hay estimaciones a realizar sino que “son los datos que son”. La inevitable existencia de pagos en negro afecta a la medición del nivel de salarios percibidos, pero, suponiendo que siempre se “engaña” en un porcentaje parecido año tras año, puede confiarse en que se recogen de manera fiel las variaciones de un año a otro. Usando este indicador, no se detectan pérdidas de poder adquisitivo en ningún año de la legislatura socialista, sea cual sea el indicador de precios con el que se le compare…segundo cañonazo.

El tercero y último indicador de las variaciones salariales se obtiene de los datos recogidos de los convenios colectivos. Es en los convenios donde patronal y sindicatos deciden, mediante acuerdos, cuáles van a ser tanto el nivel como la subida salarial para el año en curso. Los convenios tienen dos particularidades, la primera es que tienen rango de ley, la segunda es que incorporan cláusulas de salvaguarda para proteger contra incrementos de la inflación por encima de lo pactado originalmente. Esto impide que ningún salario de los sujetos a convenio pierda, de facto, poder adquisitivo de un año a otro. Efectivamente así lo confirma el indicador cuando se calcula, sea cual sea el indicador de precios contra el que se compare. No obstante, hay que hacer una salvedad: hay un colectivo significativo que no esta sujeto a convenios colectivos, que son los empleados públicos; este indicador, por tanto, no mediría lo que pasa con los sueldos de los funcionarios. Hecha esta advertencia, este indicador también concluye que no ha habido pérdida de poder adquisitivo en los tres años y pico de legislatura socialista, tercer cañonazo.

“Estos son mis poderes” (adquisitivos), que diría el cardenal Cisneros. Tenemos tres datos que dicen que no hay “empobrecimiento” contra “medio” que dice que pudo haberlo. Veredicto claro.

2. La inmigración no baja los salarios ni el empleo en la población autóctona.

Esto es lo que dice la investigación hasta el momento, ni en Estados Unidos (que ahí piensan mucho en estas cosas) ni en España se ha detectado este efecto con datos en la mano. Lógicamente puede pensarse que si no hubiese habido tanta inmigración, la presión para que haya alzas salariales hubiera sido mayor (sentido común), pero lo cierto es que un trabajador inmigrante también es un consumidor inmigrante, o sea, necesita cosas que hay que fabricar y demanda servicios. La inmigración puede ser un problema social, si se empeña uno en verlo como tal, en el sentido en que requiere integrar a gente de procedencias culturales distintas en un mismo ambiente, pero en el sentido económico es una bendición. Todo lo que se lee de que “parasitan el estado del bienestar” no responde a ninguna investigación empírica y en la mayor parte de los casos es pura xenofobia envuelta en jerga economicista.

Los inmigrantes no están empobreciendo a nadie, y además (de propina), la regularización es lo más decente en términos de justicia y lo más eficaz en términos económicos.

3. Los tipos de interés

A nadie al que le haya subido la letra de una hipoteca 200 euros en poco menos de un año le puede consolar todo lo anterior, el hecho es que su consumo se va a resentir. Pero suceden varias cosas: los tipos de interés son fijados por el BCE en función de las expectativas de inflación del Área Euro, ZP y sus malvadas políticas no tienen que ver nada en esto. Muchos hogares están endeudados, no todos. Según la encuesta financiera del BdE, estos no superaban el 15%, y aunque este dato está muy anticuado, da una idea de dónde se estaba hace tres años, y supone una base sobre la qué hacer cálculos razonables. Por mucho que duela, no, toda España no está hipotecada.

El efecto de una subida de tipos no es todo negativo, los tipos de interés suben para pagar -por los créditos-, pero también para cobrar -por los depósitos, etc.- Tradicionalmente la suma de los intereses percibidos por las familias es más alta que la de los pagados, y aunque esta diferencia se ha estrechado en los últimos 10 años, esto continúa siendo así.

 Hay más cositas de las que hay que hablar cuando hablamos de tipos que de los sufridores hipotecados.

4. Hay otros indicadores y otros aspectos a contemplar cunado hablamos de “hogares o familias”

Quizás los datos más contundentes contra la barbaridad de que el crecimiento económico de los “zapateriles años” ha depauperado a los hogares provengan de la Encuesta de Población Activa. Se observa que crece el dato de número de perceptores de renta por hogar. Crece y mucho el número de hogares con todos los miembros activos trabajando, crece muchísimo la ocupación femenina, decrece notablemente el número de hogares con todos los miembros en paro.

El crecimiento no empobrece, el crecimiento hace crecer, que para eso es crecimiento.

5. Los gobiernos tienen una influencia limitada sobre la economía.

Por último, algo que nunca esta de más aclarar, los gobiernos son responsables de las decisiones que ellos toman en un momento dado, pero nunca podrán escapar a tendencias de fondo, decisiones pasadas, coyunturas internacionales etc. etc. etc. Es legítimo pedirle cuentas a ZP sobre si ha subido o no la pensión mínima o el salario mínimo, o sobre si esto parece apropiado o no en términos de equidad o equilibrio presupuestario. Es legítimo exigir a un gobierno una política fiscal más o menos neutral o más o menos restrictiva si se considera que hay un problema de inflación. Pero es absurdo pretender que la subida de precios del crudo, responsable de la mayor parte de las sorpresas negativas del IPC, tenga algo que ver con las políticas practicadas por este u otro gobierno.

Lo malo de esto es que detrás de los “esPPecialistas” hay gente que de verdad sabe estas cosas, y que simplemente escoge la vía de lo falso. Luego, para el ciudadano, solo hay dos opiniones que tiende a valorar de igual manera… aunque una sea rigurosa y otra estúpida. Por tanto aprovecho para pedir dos cosas:

O que la gente ponga en cuarentena lo que oiga en ciertos medios de información más propagandísticos que periodísticos. O, la que más me mola, que el Colegio de Economistas-por ejemplo- patrocine un pelotón de sayones que se encargue de castigar de manera rápida y ejemplarizante al que maltrate y abuse de la disciplina en público.