La horda contra las mujeres

Carlos Hidalgo 

Siempre que se acerca el 8 de marzo aumentan de intensidad los lamentos de determinados coros masculinos. Que por qué no hay día del hombre -lo hay-, que si no somos todos iguales ya -no en la práctica-, que si ya no hay feminismo, sino hembrismo (¡o feminazis!). Y lo mejor: hombres enseñando a las mujeres lo que es ser feminista, que debe producir una sensación parecida a cuando un profesor de derechas me quería enseñar a mí a ser de izquierdas.

Para poder entender lo que sufren las mujeres a diario, sí, a diario, hay que hacer un esfuerzo para advertir una parte del mundo que lo hombres, en nuestro día a día, no vemos. Que te interrumpan al hablar, que si van a acompañadas de un hombre hablen al hombre, los piropos, los baboseos, los toqueteos, el trato paternalista a mujeres mayores de edad, como si éstas tuvieran el entendimiento de niños pequeños… Y la venda sobre los ojos definitiva: ¡yo no! ¡Yo no hago eso! ¿Y quién te dice que lo hagas? Pero seguro que lo hacen muchos hombres a tu alrededor y ni te fijas. Todas las mujeres que conozco, todas, independientemente de su físico o edad, han sufrido acoso alguna vez. Todas. Está claro que no todos los hombres de su alrededor las hemos acosado, pero no es menos cierto que todos los que las acosaron eran hombres. Si no somos conscientes de que ellas viven en ese mundo, ¿cómo vamos juzgar si viven en igualdad con nosotros?

Voy a poner un ejemplo de una chica que sufrió un acoso cotidiano, lo contó en las redes y recibió ese acoso multiplicado cientos de miles de veces. Hace unos años una chica se quejaba en twitter de que estaba en la biblioteca, estudiando, y un pesado no le dejaba concentrarse, al mirarla insistentemente, tratar de llamarle la atención y, finalmente, interrumpirla para instar a esta chica a tomarse algo con él. Ella, naturalmente molesta, le dijo que no y siguió a lo suyo.

Cuando esto saltó a las redes, no tardaron en empezar a haber clamores de que a ver si invitar a algo iba a ser una cosa mala. Cómo si no hubiera habido invasión del espacio personal, insistencia molesta y el absoluto desdén al hecho de que nuestra protagonista estuviera concentrada estudiando. Las voces razonables apenas se llegaron a escuchar y los indignados partidarios de forzar invitaciones a algo terminaron lanzando la “noticia” a Forocoches.

En Forocoches hay gente capaz de lo mejor de lo peor. Esta noticia fue difundida apelando a lo peor. Y poco tiempo después, la noticia saltó al equivalente iberoamericano de Forocohes: Taringa. Miles de hombres y hombrecitos, ofendidos porque una chica se atreviera a mandar a la porra a un pesado se dedicaron a hacer “doxxing”. El doxxing es el minado de datos personales de alguien en internet. Un usuario decidido puede averiguar nombre, DNI y hasta dirección y número de teléfono de casi cualquiera, sólo armado de Google y un par de trucos al alcance de cualquiera.

Durante días, semanas y meses esta chica fue señalada a diario en las redes, recibió llamadas de teléfono, vio cómo sus fotos y datos personales se difundían fuera de su control, como se publicaba su direccion y fue salvajemente insultada, día a día, durante casi un año.

Varios años después aún le llegan llamadas al móvil relacionadas con aquello.

Y todo porque se molestó porque un pesado no le estaba dejando estudiar en una biblioteca.

Esta historia, con pequeñas variantes, sucede todos los días, a diferentes mujeres en cualquier parte de nuestro civilizado primer mundo. En zonas menos desarrolladas es aún peor.

¿Creéis que aún seguimos siendo iguales?

5 pensamientos en “La horda contra las mujeres

  1. Mi solidaridad con las huelguistas en esta fecha tan señalada. No es el día para matizar o discrepar de algunos mensajes sino para ser solidarios con una lucha justa, que es lo importante. Por cierto, DC debería intentar incorporar mujeres a este blog. Y esta tarde a la manifestación. Todos.
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  2. Eso mismo que dice Polonio pensaba yo esta mañana. ¿Por qué no hay mujeres en este blog? Curioso

  3. Hay mujeres en el blog, o las hubo. Estaba Melinda, estaba Doña Ceferina, había alguna mas y me da rabia no acordarme del nick porque es como hacerlas de menos.
    Siempre podemos convocar a Cayetana Alvarez de Toledo o a la ministra de Sanidad e Igualdad para que nos expliquen o a la vez, sean voces del feminismo

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