La hora de la verdad para Pedro Sánchez

LBNL

Y finalmente esta noche veremos a Rajoy debatir aunque sea con sólo uno de sus contrincantes electorales, Pedro Sánchez, que a decir de todos los medios y las últimas encuestas, está en horas bajas. La cicatería de Rajoy para esquivar los debates hasta ahora escudándose en la “tradición” de los debates entre la fuerza gobernante y la primera fuerza de la oposición, le da sin embargo a Pedro una última oportunidad que bien pudiera aprovechar. Claro que habrá que ver cuánta audiencia reúnen los dos líderes de “la vieja política”, es decir, el Presidente de Gobierno peor valorado de la democracia y el candidato socialista que, pese a lo difícil que parecía, puede batir con creces el récord negativo de escaños del ínclito Rubalcaba. Pero no seremos pocos y los comentaristas y tertulianos amplificarán el efecto del debate con creces.

Dado lo poco que Pedro Sánchez puso en práctica de los consejos que le he venido brindando desde esta tribuna las últimas semanas tengo poca esperanza de que mis recomendaciones sirvan para nada. No se trata de que me lea y me haga caso sino de que, al menos algunas de las recomendaciones, me parecen de cajón y por tanto deberían nacer también de sus asesores. Para el debate del lunes creo que la cosa está tan clara que posiblemente haya cierta convergencia entre lo que yo le aconsejaría y lo que le aconsejen aquellos que forman su círculo más íntimo de asesores.

Ahora bien, para ello deberían estar advirtiéndole de que sólo le queda una bala en la recámara. No está claro que lo estén haciendo porque ello implicaría admitir que la campaña del PSOE, que ese mismo círculo ha diseñado, no ha conseguido movilizar suficientemente ni siquiera a la masa de ex votantes socialistas que, a partes probablemente parecidas, están optando por volver al redil, apoyar a Rivera, votar a Podemos o seguir quedándose en casa. Pero quizás prime el instinto de supervivencia, sabedores todos ellos de que en caso de no alcanzar un buen resultado, Pedro y su círculo serán inmediatamente descabalgados y perderán sin remisión las riendas del PSOE.

Tampoco se trata de ser derrotistas. En intención directa de voto el PSOE anda empatado con PP y Ciudadanos, Pedro Sánchez es mucho mejor valorado que Rajoy y no anda tan lejos de Rivera, y el PSOE es una de las opciones preferidas de gobierno del electorado en general, con independencia de a qué partido vayan a votar, dado que los votantes del PP no van a superar el 30% del total. Pero sí alarmistas. La estrategia no ha funcionado y Rajoy les ha ofrecido una última “ventana de oportunidad”, que diría un anglófilo cursi.

Flancos hay, muchos y amplios. Pedro Sánchez los conoce bien. A mi juicio debería concentrarse en dos: corrupción y pésima gestión económica, tanto por su injusticia como por su falta de resultados. Y encontrar la manera de transmitir justamente lo contrario: que con él al frente del gobierno, en España habrá mucha menos corrupción, se luchará a muerte contra ella y se descargará todo el peso de la ley sobre los corruptos; y que su política económica será mucho más eficaz y, en todo caso, repartirá los sacrificios de forma mucho más justa.

Con Soraya, Pablo Iglesias se le adelantó y le birló el primer ataque sobre la corrupción, y Rivera el golpe de efecto de la portada de El Mundo con los papeles de Bárcenas. Ahora no estarán ninguno de los dos y además tendrá todo el tiempo del mundo para replicar que, estando mal – importante que lo admita – razón por la que se han pagado responsabilidades políticas, el gasto arbitrario del escándalo de los EREs palidece en comparación con el robo a mano armada de la Gürthel, la Púnica, los SMS a Bárcenas, su despido en diferido, etc. Le tiene que dar duro, muy duro, calificándole a la cara como inmoral por haber defendido primero a Bárcenas y luego dejarle públicamente a los pies de los caballos mientras por detrás le animaba y el partido le mantenía en nómina. Le tiene que espetar que en ningún país de Europa su propio partido, el PP, le habría consentido no dimitir, y que si el PP lo consintió es por la gran cantidad de dirigentes pringados.

Y enlazar con la amnistía fiscal, que se suponía que era buena para España a decir de Montoro pero que, en vista del beneficio que supuso para los peperos más corruptos, cabe la sospecha sobre cuál era su objetivo final. Y seguir con Rato, antaño genio de la economía pese a meternos en una burbuja inmobiliaria que seguimos sufriendo y sobre el que ahora, sin embargo, a Rajoy lo único que se le ocurre es decir es que no tiene palabras. Le tiene que exigir que le condene sin paliativos y cuando no lo haga, acusarle de que en el fondo le sigue apoyando, como demuestra su reunión clandestina con el Ministro en el Ministerio del Interior. Y si, por algún casual, le llegara a condenar sin paliativos, exigirle entonces que condene la reunión de marras y que el Ministro del Interior no repita en el cargo.

Y ahí podría enlazar con el fracaso económico porque fue la connivencia con Rato la que dilató el meterle mano a Bankia, lo cual nos ha costado a todos varias decenas de miles de millones de euros. Esto mismo me lo reconoció a mí el ex Ministro Piqué en una respuesta pública durante un coloquio unos seis meses antes de que estallara la crisis: “cierto, es un problema muy grave pero Rodrigo dice que lo puede sacar adelante”. Y entrar a saco de nuevo con las tarjetas black, que instituyó el anterior presidente y Rato consintió, beneficiándose él mismo, ambos amiguitos y nombrados por Aznar, que fue el mismo que le nombró a Usted, Señor Rajoy. Y ahí atreverse, como hizo Rivera, a esgrimir la acusación de El Mundo de que el bueno de Mariano, como el resto de la cúpula, cobró sobre sueldos. ¿Afirma Usted categóricamente que no cobró nunca un sobre sueldo en metálico del PP? Y si lo acepta pero esgrime que era un complemento perfectamente legal: ¿Afirma Usted categóricamente que declaró a Hacienda las cantidades que cobró en metálico como complementos del PP?

Esto último sólo debería hacerlo si tiene datos sobre el origen de las rentas declaradas por Mariano Rajoy en aquellos años. Cuando estalló el escándalo Bárcenas, el PP afirmó que publicaría todos los datos fiscales de sus dirigentes. Ignoro si lo ha hecho aunque lo dudo. Si lo hizo, debería ser posible cotejar los ingresos oficiales y ver si hay alguna partida extra, que podrían ser los sobre sueldos. Pero si no lo hizo, cabe reprocharle que su previsible afirmación categórica de haber declarado a Hacienda todo lo recibido del PP no se puede demostrar, dado que no han cumplido con su compromiso de transparencia. Y a continuación afirmar que si bien el posible delito estaría prescrito y que en términos legales le asiste la presunción de inocencia, a uno que es tan amigo de Luís Bárcenas, al que protegió hasta que no pudo más y al que le hizo una amnistía fiscal a medida, lo que se le aplica es presunción de culpabilidad ética y política.

Tiene que entrar a saco. Cuando Miguel Sebastián le sacó lo de Coruya a Gallardón la cosa no salió bien pero, a mi juicio, fue por sacárselo al final, porque no hubo tiempo para dejar claro que en su vida privada podía hacer lo que quisiera excepto tener peligrosas amistades con cómplices del mayor mafioso de España hasta la fecha (Operación Malaya). Ni tampoco para escudarse en que no era una acusación sino una pregunta a raíz de la publicación de semejantes sospechas en una revista nacional.

A toro pasado es sencillo ver cómo debía haberse hecho, pero Pedro Sánchez esta noche tiene que saber entrar a matar en vivo y en directo. No lo ha sabido hacer durante el tiempo que lleva al frente del PSOE pero es cierto que el escapismo de Rajoy no se lo ha puesto fácil. Esta noche lo tendrá enfrente, sin escapatoria, por lo que Pedro tiene que ser demoledor si bien amable, como lo fue Pablo Iglesias con Soraya, un poco al estilo de “Como Presidente del Gobierno le tengo todo el respeto institucional del mundo pero está Usted aquí esta noche como candidato del PP y en calidad de tal no me queda más remedio que…”

En cuestiones de economía Pedro Sánchez no necesita mis consejos pero no le vendría mal olvidarse un poco de los números, de los que abusó durante el debate de la semana pasada. Como le replicó Pablo Iglesias, los números se pueden retorcer hasta que te den la razón y sin duda Rajoy lo hará: menos parados que los que se encontró al llegar, menos empresas que se cierran, cada vez más altas de la Seguridad Social, etc. Antes que entrar en un duelo de cifras cuya validez la inmensa mayoría de los espectadores desconoce, más le valdría a Pedro Sánchez, creo yo, desafiar a Rajoy y recordarle los cientos de miles de españoles que no llegan a fin de mes, los que tienen dependientes y no reciben las ayudas legales, los que malviven con contratos precarios y los que llevan años en paro y han perdido la esperanza por lo que se dan de baja (ahí podría mencionar a las mujeres en particular). Y anticipándose a la acusación de que todo es culpa de la herencia de Zapatero, bien podría decirle que sabe muy bien que él no es responsable de todos los males porque la crisis era y sigue siendo real, como demuestran la deflación europea y los repetidos intentos del BCE de reactivar la economía. Pero que de lo que sí es responsable en exclusiva es de mentir anunciando bajadas de impuestos que se convierten en subidas y sobre la creación de millones de puestos de trabajo, como hizo Pons antes de las últimas elecciones, que todo lo más se han traducido en una bajada nominal del paro por el abandono de muchos, incluidos los miles de jóvenes cualificados que se sigue yendo fuera para buscarse la vida. Y ahí podría reprocharle que Soraya el lunes anterior se atreviera a hacer distingos sobre los nacidos fuera y dentro de España, lo que moral y políticamente es inaceptable y económicamente absurdo, porque nuestra economía y sociedad necesitan a los jóvenes que se van para poder seguir pagando las pensiones. Cuya hucha, por cierto, Usted ha desvalijado porque no se cansa de repetir que Zapatero fue un desastre pero la hucha subió de tanto a tanto y con Usted ha bajado a tanto, justo lo contrario que la deuda pública, que Usted se la encontró en tanto y ahora está en tanto, lo que implica que España debe ahora x miles de millones de euros más, lo que se traduce en que cada uno de nosotros es ahora tantos miles de euros más pobre.

Y convendría que le dijera todo esto con firmeza, serio pero no agresivo, dándole golpe tras golpe sin dejarse distraer por cada una de las afirmaciones y acusaciones que Rajoy haga, la mayor parte de las cuales serán falsas o inexactas, lo que suscita un comprensible deseo de rebatirlas. Pero no es esa la cuestión. La clave es que el tele espectador reciba el mensaje inequívoco de que Rajoy es un presunto corrupto y, en el mejor de los casos, un amigo y protector de corruptos. Y un desastre como gestor, que miente sobre sus supuestos éxitos como un bellaco, como todos los que lo están pasando mal – y pueden estar viendo el debate – saben de sobra.

Pero todo eso no valdrá si Pedro Sánchez no consigue al mismo tiempo transmitir la sensación de que, además de ser decente y capaz, tiene también ideas y propuestas para permitirnos capear el temporal más equitativamente y recuperar las cotas de prosperidad perdidas lo más rápidamente posible.

Alguna propuesta concreta es necesaria y las tiene, aunque quizás no sean revolucionariamente atractivas – becas, pensiones, negociación colectiva… – pero de nuevo se trata más de transmitir confianza que de convencer con números. Estuvo muy bien, por ejemplo, su anuncio en el debate a cuatro de que no va a bajar los impuestos, explicando lo que disfrutaremos a cambio. Frente a Rajoy, lo debería aderezar con alguna proclama provocadora: Ustedes deciden a quién creer, a quién les dijo que los iba a bajar y los subió y ahora les vuelve a prometer que los volverá a bajar, o a quién les dice a las claras que ahora es imposible bajar los impuestos pero les garantiza que se van a utilizar para limitar los recortes – por cierto, Bruselas pide más y ya sabemos con qué firmeza nos va a defender Rajoy – y repartir el coste de la crisis entre todos, incluidos los millonarios amiguetes del PP procesados por corrupción.

En fin, Pedro Sánchez hará el lunes por noche lo que estime oportuno y más le vale porque no hay nada peor en televisión que recitar un libreto que no sientes como propio. Lo malo es que el libreto que viene recitando hasta ahora ha sido todo menos eficaz, ni contra el PP ni contra los otros dos candidatos principales. Ojalá sea un temerario que se lo deja todo para el último día y el lunes machaque. Creo que es conocido en estos lares que no soy fan de Pedro Sánchez, pero como español me avergüenza que Mariano Rajoy y el PP sigan primeros en las encuestas pese a todo lo que ha pasado durante los últimos cuatro años. Y Pedro Sánchez tiene la obligación moral y política de evitarlo, o de irse a su casa. Ojalá sea lo primero.