La guerra de los yayos

 Senyor_G

Durante mucho llegué a tomar como mérito propio que mis dos abuelos lucharan en el bando republicano hasta el final. Ciertamente ni lo era ni lo es. A Gregorio, el padre de mi padre, no lo llegué a conocer, de los primos quizás sólo el mayor llegó a tratarlo. Murió ya en l’Hospitalet cuando mi padre hacía la mili. Las referencias a la su guerra son intermediadas por mi padre. Por una parte que en Almedina, provincia de Ciudad Real, cuando empezó la guerra, uno dijo de matar a todos los de los otros, me imagino que se refería a los nacionalcatólicos. Otro le respondió que sí, y que empezarían por Fulano y Mengano, que justamente eran parientes o amigos del primero, así que decidieron dejarlo para otro día y acabaron pasando tres años. No me suena que me haya dicho mi padre nada de ajustes posteriores. Según parece, llegó a San Sebastián y le impresionó ver la playa de la Concha, esto no deja de sorprenderme, porque no sé cómo llegaría a aquel frente para luego acabar en Valencia la guerra y volver andando al pueblo. Dónde su hermano acabó con grado en los vencedores. Si así me lo ha contado mi padre, yo me lo tomo así.

Mi abuelo Dionisio salió de Fondón en Almería, con algunas de las últimas quintas, pero no estoy seguro de que fuese la del biberón, para hacer la guerra incluso en el Ebro. De sus cuatro nietos, fui el que en palabras de mi madre más lo disfrutó. Le recuerdo hablar de hacer la guerra en un sitio donde del frío de la nieve le hacía quemarse la piel. Y luego sobre lo de disparar piojos a los moros. Entonces no entendía mucho, ni que el frío quemase, ni qué era aquello de disparar piojos, y menos a los moros. ¿Qué pintaban los moros en esa guerra? Alguna vez me explicó la historia de que encontraron un animal comestible por así decirlo, algo digno, y que cuando lo estaban cocinando tuvieron que largarse porque vinieron los enemigos. Estas cosas me las contaba en los entonces llamados Bloques Onésimo Redondo, ahora Blocs La Florida de l’Hospitalet. Viviendas de inmigrantes ahora, viviendas de inmigrantes antes. Los abuelos se sentaban en los poyetes de los jardines remodelados entonces por la Generalitat Pujolista y hablaban de la guerra. Los hacía a todos del mismo bando, de hecho además del frío, los piojos y los moros, no entendía cómo podían haber perdido si éramos mayoría en el pueblo. Vagamente recuerdo una vez el comentario de otro abuelo sobre algo de que venían preguntando a las unidades de qué partido eran y dependiendo de la respuesta, los separaban. Ahora puedo deducir o llegar a pensar que fueses después de mayo del 1937, pero cuando pude saber e interesarme más sobre el tema, mi abuelo ya no quería explicarme nada al respecto. 

No sé por qué, o me lo quedo para mí. De pequeño jugué a la guerra por aquellas calles peatonales de los Bloques, y disfrutaba. Ahora me puedo poner muy nervioso si el Senyoret_G hace algo parecido a disparar contra personas, o cuando veo un niño con una pistola o metralleta. Cada día que pasa odio más la guerra, y me viene aquella frase de mis mayores, así dicho en general: “guerras ni las que ganas”, que iba en el pack de las cosas que me costaba entender, sobre todo viniendo de gentes que la habían perdido. Me impresionó una visita hace algunos años con EUiA a algunas localizaciones de la batalla del Ebro, a principios del verano. Si ya costaba estar por allí andando, lo que sería con el miedo, las armas, las chinches… y mi abuelo estuvo allí sufriendo aquello. Esa visita fue especial porque estuvo mi tía Carmen con las gentes de la Casa de la Reconciliación, esa es otra historia. Un hombre mayor de la zona que había combatido allí, nos explicó su experiencia en uno los pueblos viejos que Franco dejó en los escombros para que nos acordásemos de la guerra. Si alguien esperaba un alegato heroico, no lo hizo, hizo uno bastante humano. Lo prefiero. 

Todo esto viene porque conviene recordar que no es tan natural, ni tan humana la paz. Además, porque ando desde hace unas semanas con las memorias de Tísner, Viure i veure[1] y les pensaba hablar de ellas por lo que explica en el principio, justo antes del inicio del guerra. Su denuncia de que los asesinos de los responsables de los jefes de los Mossos, los hermanos Badia, había sido un grupo de la FAI; queda para otro día cómo se jugó la piel y cómo se la dejó otro periodista: Josep Maria Planes. Miren que es espectacular lo que explica, el tono que toma y el catalán que usa. 

En ese recorrido que hace de su vida tomando como referencia la guerra, encuentro explicaciones de las sensaciones, miedos, voluntades, discusiones, charlas, injusticias e ideas que supone la vida en el frente. Que me pueden hacer una idea de lo más humano que pudieron pasar mis abuelos y que no sé y que no quiero saber. Del relato de Tísner, aún voy a medias, me encuentro en el momento en que la República desesperada está llamando a los más jóvenes, casi críos, y a los viejos de casi mi edad, justo cuando unas páginas antes, aún con la ganas de comer bien, deben abandonar un carnero o una oveja o una bestia de este tipo cuando la tiene cocinada, y que caerá en los estómagos del enemigo y es fácil volver a lo que me explicó mi yayo Dionisio. 


 

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