La guerra civil de los postcomunistas catalanes

José Rodríguez

Entender los entresijos de la política catalana requiere un doctorado en politología y un máster en psicología. En especial, la política que afecta a aquellos partidos o movimientos que están en las zonas de frontera ideológica. Si hace 3 años era necesario ser PSCeólogo para entender qué pasaba en Catalunya, ahora es necesario saber y entender que se cuece entre las filas de los Comunes para entender dónde están las principales tensiones políticas catalanas.

El espacio político de los comunes incluye diversos grupos. Desde el reciente organizado Podemos Catalunya a ICV hasta los Comunes próximos a Colau.

Este espacio es el que ahora mismo sufre grandes tensiones internas. Por un lado está el sector más pragmático que busca gobernar en ciudades. Los Comunes participan del gobierno de diversas ciudades gracias a coaliciones con terceros. Muchos de estos dirigentes locales lo único que desean es tranquilidad en su espacio político que no les dificulte los acuerdos ni les generen excesivo ruido.

Este sector más pragmático necesita desesperadamente la centralidad política que le permita sostener sus pactos a la vez que consigue afianzar su figura de gobernabilidad. Por eso Ada Colau asiste a la manifestación de la ANC del 11 de septiembre a la vez que sostiene su coalición de gobierno con un PSC anti soberanista.

Esta parte del espacio de los Comunes sufre además una tensión adicional, gobiernan y tienen que demostrar que realmente vienen con proyectos de cambio a la vez que han de lidiar con la real politik. Esto por sí solo generaría tensiones entre los más idealistas y los más pragmáticos.

Por otro lado, existen tensiones dentro de la coalición de los Comunes en el Parlament. El sector de Podemos choca con el sector más duro de ICV. El discurso tradicional de ICV, “la culpa de todo es de Convergencia”, se ha ido agotando. La coalición de los Comunes en el Parlament tiene muy recortada su capacidad de acción, ni participa de la hoja soberanista de Junts pel Sí y la CUP ni tampoco se ve cómoda en extrañas alianzas con el PP, Cs y el PSC. Un 25% de sus votantes son independentistas y eso añade mucha más tensión a la coalición en los temas del “procés”. Por el momento ha ido ganando la línea dura de oposición que representa Coscubiela, pero parte de la coalición es consciente de que eso hace que su espacio quede muy reducido. En parte la guerra de Podemos contra ICV para dominar el grupo parlamentario viene de esta situación.

Además, para los Comunes, ICV comienza a ser un obstáculo en su labor de oposición. ICV participó del último de los tripartitos, que inició los primeros recortes, y dirigió el departamento de Interior en la etapa de mayores errores en el uso de la fuerza por parte de los Mossos. Al espacio de Comunes, ICV les ha aportado un buen número de cuadros, pero les está lastrando como marca.

Estamos asistiendo a un juego de luchas intestinas desplegado en público que deja en mantillas la guerra civil del PSC de hace tan solo unos años. Hemos visto diputados de Catalunya Sí Que Es Pot criticar a regidores de Colau por su postura respecto a la manifestación del 11S, ataques dentro del grupo parlamentario de los Comunes, participación de responsables de Podemos y del equipo de Colau en actos claramente independentistas que eran criticados por sus propios diputados.

El “procés” es un killer de los espacios políticos. Dejó al PSC hecho una sombra de lo que era, destruyó la coalición de CiU, ha aniquilado a UDC, a la vez que también ha trinchado internamente a CDC obligándola a una refundación. El “procés” ha provocado la guerra civil dentro de la CUP y ahora mismo está haciendo que los Comunes tengan una lucha intestina inédita. Seguiremos observando como el terremoto avanza.