La Facultad de los milagros

 Guridi 

 “Podemos” está de moda. Todo lo relacionado con este joven partido y con lo que haga su líder, Pablo Iglesias Turrión, está rodeado de un aura de popularidad que lo hace invulnerable a las críticas. De repente, todos los medios quieren saber más, vender noticias relacionadas con ellos, vengan a cuento o no. Exaltar aún más al tertuliano-profesor-político o tratar de buscarle trapos sucios; algunos de ellos completamente descabellados.

 Alguien me ha dicho que lo que ocurre con “Podemos” es lo mismo que pasó con el falso intérprete de lenguaje de signos en el funeral del Mandela: si lo ves tal cual, te parece bien y aplaudes que esté ahí. Pero, si sabes de qué va la cosa, te das cuenta de que las cosas no son lo que parecen y te ofendes.

 Dentro de las noticias que utilizan los medios para vender todo lo relacionado con este partido, están las que se encargan de analizar su “caldo de cultivo”: la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. Unos medios la pintan como el paraíso de la vanguardia educativa e ideológica y otros, como un sucio panorama postapocalítico, donde bandas de “punkies” malcarados imponen su reinado del terror.

 Habría que decir que no sólo Pablo Iglesias y su equipo han salido de esa facultad, también algunos jóvenes políticos de IU y del PP que destacan en la comunidad de Madrid, como Jorge Castaño, Sara Porras o David Erguido. Curiosamente, ningún joven del PSOE. Ni el ámbito regional, ni, por supuesto, en más altos destinos. Sí que hay algunos dignísimos representantes del profesorado, como Maravall oTorres Mora. Lo cual, seguramente, sea signo de algo, aunque no me atrevería a decir de qué.

 Torres Mora, no sin ironía, escribió: “los socialistas éramos la extrema derecha de aquella facultad”. Aunque yo no estoy tan de acuerdo con él. Yo diría que nadie que no viva en un extremo puede prosperar en ese entorno. La derecha católica más rancia y la ultraizquierda conviven cómodamente en los departamentos y se encargan de repartirse puestos, doctorandos, becas de investigación y gastos de todo tipo. Todo lo que esté en el medio es ignorado o aplastado. 

Los departamentos a la derecha se encargan de mandar a sus pupilos a Georgetown y de conseguirles becas de FAES, mientras que los de la auténtica izquierda organizaban viajes a Venezuela, Bolivia, Cuba o a Libia. Todos a gastos pagados. Para todo lo demás, no hay problemas en utilizar como propios los recursos de la facultad, porque enseñar es lo de menos. Aquí se trata de poner fichas en el tablero y de conseguir algún dinero extra sin dar muchas explicaciones, ya sea con cátedras Jean Monnet, asesoría a gobernantes, alguna columna de prensa o las tan codiciadas tertulias. Y ya se encargarán los doctorandos de impartir las clases y de poner los exámenes. 

Para rematar, por supuesto, están los irrelevantes libros y artículos producidos por ese profesorado que pasan a ser textos obligatorios en las clases, “coordinados” cordialmente por derecha e izquierda verdadera. Salvo honrosísimas excepciones. 

Sé que no es novedoso hablar del uso de la universidad para fines privados por parte de algunos de sus docentes, más en el caso de la pobre universidad española, donde los buzones de algunos departamentos se organizan por familias. Lo novedoso, en este caso, es el intento por parte de algunos de esos docentes de organizar su propio movimiento político, con candidatos, recursos y cuadros extraídos de su entorno. Normalmente, los profesores universitarios que entran en política lo hacen a través de alguno de los partidos ya existentes. La novedad está en que Carolina Bescansa y Juan Carlos Monedero deciden que IU se les ha quedado pequeña y que, la manera de romper la Ley de Hierro de los Partidos enunciada por Mitchells, es… Crear tu propio partido. 

Por increíble que ahora nos parezca esto, parece que Pablo Iglesias no fue el primer candidato a considerar por las mentes creadoras de “Podemos”: dicen que se consideró a otras figuras más mediáticas, entre ellas, a algún humorista/presentador que rechazó las mieles del poder en un ejercicio de responsabilidad. 

El movimiento, sin embargo, no deja de ser enormemente inteligente y ambicioso. Usar los recursos, los conocimientos, el prestigio y la estabilidad de la institución universitaria para “puentear” a los partidos y presentarse a las elecciones con un mensaje de demandar un nuevo régimen. 

Expongo todo esto en mal momento, porque los niveles de popularidad de “Podemos” son tan altos, que todos estos hechos caerán en el vacío. Pero he sentido la necesidad de hacerlo porque: 

-La facultad de Políticas es un desastroso ejemplo del lamentable estado de las universidades españolas, no una Arcadia feliz, ni la Franja de Gaza. 

-Esta gente no ha salido de la nada y quien les conoce, no les quiere. No representan una ideología, ni una ética pública, sino que cabalgan en el nihilismo catártico que provoca esta crisis. 

-Me subleva ver en todas partes a las caras famosas de “Podemos”, llamando “casta” a los demás con aires de matones, cuando pocos colectivos son tan endogámicos, abusones, corporativos y extractores de rentas como algunos de los departamentos de esa facultad. 

También me resigno a que todo esto caiga en saco roto. Y si, nada de esto pasaría si los demás lo estuvieran haciendo mejor.