La estrategia de Rajoy

Lobisón 

Las críticas de Rajoy en el debate sobre el estado de la nación harían pensar que para el PP lo adecuado ante la crisis es una política de control del déficit y reducción del gasto. Como señalaba con humor un periodista esa noche en una tertulia, eso dejaría al PP español en la única compañía de la derecha albanesa dentro del conservadurismo europeo. El resto de los partidos coaligados en el Partido Popular Europeo coinciden en la necesidad de políticas keynesianas de gasto e inversión.

 

¿Significa eso que si Rajoy llegara al gobierno en este mismo instante aplicaría tales políticas de equilibrio fiscal? Probablemente no, más bien modificaría los objetivos del gasto público (los infames ‘subsidios’) hacia otros grupos e intereses, quizá en la línea de agilizar —y no sólo flexibilizar— el mercado de trabajo, reduciendo y acortando las prestaciones por desempleo.

 

Pero ni siquiera eso es seguro, porque el desdichado final del decretazo de 2002 ha dejado marcas en la memoria de la derecha española. Es muy posible que un gobierno conservador aumentara el déficit al recortar los impuestos, y que su único intento de control del gasto fuera a costa de los funcionarios y de las partidas que ellos ven como marginales y ajenas a la racionalidad del mercado (es sabida la opinión de Esperanza Aguirre sobre los trabajadores del sector público).

 

Cabe sospechar incluso que Rajoy es consciente de que no tendría mucho margen de maniobra para introducir su ‘giro radical’ en la política económica, y de que para satisfacer a sus clientes sin arriesgarse a una alta conflictividad social debería empeorar la situación fiscal de España. Carente de vocación de ‘cirujano de hierro’, ni siquiera se atreve a especificar el contenido de sus ‘reformas estructurales’, y se limita a invocarlas para molestar a Zapatero con las (frecuentemente inoportunas) recomendaciones del gobernador del Banco de España o del normalmente más cauto Comisario de Economía de la UE.

 

¿Cuál es entonces la estrategia de Rajoy? ¿Tiene sentido seguir anunciando el apocalipsis a tres años de las próximas elecciones legislativas? Se diría que corre un grave riesgo de que antes se produzca una reactivación económica que le deje sin argumentos contra Zapatero en la próxima campaña electoral. Pero este riesgo sólo existiría si la estrategia de Rajoy fuera convencer a los españoles de que él es una alternativa a Zapatero, de que tiene mejores soluciones a los problemas de España.

 

Supongamos por el contrario que sólo estamos ante una nueva fase de la misma estrategia seguida por el PP entre 2004 y 2008. La diferencia es que ahora no estamos ante la traición a los asesinados por ETA y la ruptura de España, sino ante la traición a cuatro millones de parados y la absoluta incapacidad del gobierno para sacar a España de la crisis. Pero el tema central sigue siendo el mismo: Zapatero miente, miente siempre, mintió al subestimar el impacto de la crisis económica, como (en la fase anterior) mentía al negar que planeara hacer concesiones políticas a ETA, vender Navarra, etc.

 

¿Por qué es la misma estrategia? Porque el eje es destruir la confianza en el presidente del Gobierno hasta el punto en que cualquier otro candidato sea preferible, y que el mejor, por más lejano a las posiciones del Gobierno, sea Rajoy. No se trata de convencer a nadie de que Rajoy es un buen candidato, sino de que es la única alternativa a la insoportable continuidad de Zapatero. No se plantea la ardua tarea de convertir a Rajoy en un candidato atractivo, sino la de hacer odioso e insufrible a Zapatero.

 

Podría darse la paradoja de que se produjera una recuperación económica y sin embargo el PP capitalizara su sistemática destrucción de la imagen y la persona de Zapatero. Pero no es tan fácil, desde luego. Para mantener su actual línea de oposición Rajoy se sitúa en la estela de Aznar y su economía vudú (incapaz de diferenciar entre la situación de 1996 y la actual), y su estrategia de aislar a Zapatero corre el riesgo de arrancar más voto útil (para el PSOE) a los partidos que le sigan el juego.

 

En todo caso, antes que una variable crucial como la recuperación económica, la clave es la iniciativa política, y Zapatero la ha recuperado en el debate sobre el estado de la nación. Queda por ver si, apostando ahora a pasarle sus facturas, los grupos minoritarios van a ser seguidos y apoyados por sus electores, o van a afrontar su censura.