La doctrina Parot

LBNL

El Tribunal de Estrasburgo tumbó ayer la denominada doctrina Parot. Lógico. Era un sinsentido jurídico básico y evidente. Y además, la sentencia tendrá un efecto político muy positivo, mal que nos pese porque va a doler ver a tanto desalmado salir de la cárcel y más todavía cuando sean objeto de homenajes. Pero es lo que hay. Esta gentuza cometió crímenes horribles, pagó muchos años de cárcel y a algunos ya les toca salir. Les tocaba hace tiempo pero nuestro Estado de Derecho se hizo trampas en el solitario y les mantuvo en prisión. Afortunadamente nuestro caciquismo tiene límites, lamentablemente exteriores, y el error jurídico ha sido enmendado. Y muy posiblemente, las liberaciones de aquellos que ya han cumplido sus penas contribuirán a cerrar definitivamente la tragedia de la violencia terrorista emanada del País Vasco.

Uno de los principios esenciales del Derecho Penal es que a uno se le juzga, y en su caso se le sentencia, en función de la ley vigente en el momento de la comisión del crimen. Los etarras condenados, que son malos malísimos –eso nadie lo pone en duda- lo fueron a las penas que les correspondían y las fueron cumpliendo en función de lo establecido en el Código Penal vigente, en cada momento, que establecía un límite absoluto a la reclusión de 30 años y un generoso régimen de remisión de pena por trabajos y demás actividades. En la práctica, daba lo mismo matar una que varias veces porque estaba establecido que la remisión de pena se calculaba sobre la reclusión máxima de 30 años, a partir de la cual se podía descontar hasta un tercio o incluso más del total.

El sistema no tenía sentido pero era así. El fallo fue del legislador, no tanto en cuanto a la reclusión máxima de 30 años como al descuento de días a partir de ese máximo y no del total de la condena. Pero es lo que se estableció y no tiene ninguna lógica cambiar las reglas del juego a mitad del partido. Y así lo ha confirmado el Tribunal de Estrasburgo, encargado de dilucidar las quejas provenientes de los ciudadanos de los Estados que han suscrito la Convención Europea de Derechos Humanos, que son casi todos.

Cuando se concibió la doctrina Parot todavía cabía argumentar que el Estado no podía dejar salir a la calle a viles asesinos que posiblemente volverían a engrosar las filas del terrorismo. No sé si recuerdan al HdP de Parot, francés al mando del denominado “comando itinerante” que sembró de sangre y fuego la geografía española. Verle salir a la calle después de sólo (digamos) veinte años de varios cientos de condena tenía delito. Y mucho más con ETA activa. Pero la respuesta del Estado fue lamentable. El Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional, el Gobierno (socialista, por cierto), la oposición y hasta el Tribunal Constitucional, todos se conchabaron para que la remisión de penas, por arte de birlibirloque, se hiciera a partir de la condena total. Lo cual habría estado muy bien si se hubiera enmendado la legislación a principios de los ochenta, cuando ETA mataba a mansalva. Pero no, en aquel momento a nadie se le ocurrió que veinte años de reclusión de un etarra asesino podían ser pocos. Y cuando empezó a tocar que salieran los peores, ETA todavía daba coletazos.

No es el caso ahora. Según la policía francesa, ETA tiene hoy entre diez y veinte militantes activos. Por llamarles algo. Se trata de una panda de pringaos que roba coches en Francia, circula con herramientas para tratar de mantener los zulos en forma y pernocta en zonas sin cobertura de móvil para tratar de evitar ser detenidos. Hay varias decenas más de ellos diseminados por diferentes países europeos y americanos, como la que detuvieron en Bélgica hace unos días, a cuenta de su participación en varios atentados en los primeros años ochenta.

No hay mucha diferencia entre ella y la afamada Yoyes, una auténtica HdP que sólo se diferencia en que quiso volver al País Vasco tras apartarse del terror. La otra no, decidió rehacer una vida perfectamente normal en Bélgica, quizás para evitar el destino de Yoyes.

Son muchas decenas los terroristas y cómplices que andan fuera de España sin decidirse a volver no vaya a ser que sean encausados. Y muchas más los miembros de sus familias que añoran al “gudari exiliado”. Y más todavía las familias de los centenares de presos etarras en cárceles españolas y francesas.

No estoy en absoluto a favor de la impunidad. Estoy a favor de las medidas de gracia siempre cuando medie algún tipo de arrepentimiento. No de enmienda desde el momento en el que ETA ha renunciado a la violencia y sus cómplices políticos son los primeros en reclamarle que dicha renuncia se escenifique como definitiva. Ya no tiene sentido declararse opuesto a la violencia desde el momento en el que la casa madre así lo ha suscrito.

Pero, por lo mismo, al que está en la trena por haber matado a mansalva, le queda condena y no muestra ningún tipo de arrepentimiento, que se joda en chirona hasta el fin de sus días. Bueno, eso es lo que me pide el cuerpo. La cabeza me dice que debe seguir en prisión hasta cumplir su condena.

Mario Conde está en la calle, Amedo está en la calle, De la Rosa está en la calle (tendría que comprobarlo pero estoy seguro)… Mal que bien –en estos tres casos más bien mal que bien- han cumplido la condena que les adjudicó el tribunal y salieron. Si por mi fuera, estarían los tres pudriéndose en la trena de por vida. Afortunadamente no depende de mí, ni de la AVT, ni de Usted. Es lo que tiene el Estado de Derecho. Tenemos unas normas, afortunadamente garantistas, y las aplican unos profesionales bastante insensibles a los prejuicios. Y a cada cual le toca lo que le toca según la ley aplicable cuando cometió el crimen.

No solo serán etarras maléficos los que saldrán a la calle, también habrá algún violador en serie beneficiado. Es lo que hay. Es lo que nos diferencia de la ley del talión. La base del Derecho Penal es la reinserción. El HdP de Alcasser ha pasado muchos años en prisión. No tengo claro que se haya regenerado, más bien sospecho que no, porque ya venía muy mal de fábrica y la cárcel es un Master de criminalidad. Pero quizás me equivoque. Quizás el HdP de turno, etarra o no, haya asimilado que ha perdido los mejores años de su vida encerrado y haya decidido no volver a pasar por semejante trance.

En el caso de los etarras que serán liberados, da bastante igual lo que sientan en su fuero interno. Pueden salir haciendo el signo de la victoria y emocionarse abrazados a sus familiares mientras unos cuantos de sus vecinos les hacen un homenaje en el frontón de Hernani o de Pasajes. Tanto da. Lo que importa es que han pasado en prisión los muchos años que les correspondían según la ley vigente cuando cometieron sus desmanes y, muy importante, que aunque quisieran reintegrarse a filas, la posibilidad ya no existe.

Todos tenemos claro que la violencia terrorista de ETA era un sinsentido. Que por mucho conflicto político subyacente que pudiera haber, no tenía pase matar y hacer sufrir a centenares de víctimas y a la sociedad entera con su chantaje. Todo ello no es óbice para reconocer que el problema de ETA no se acabará definitivamente hasta que la gran mayoría de sus presos no esté en la calle. No hablo de una amnistía, ni de indultos personalizados pero generalizados, como en el caso de los polis-milis. Pero sí de una evidencia: la enfermedad acaba completamente cuando la pústula desaparece. Y los presos son una pústula asquerosa.

La doctrina Parot pretendió mantener en la cárcel a asesinos que llevaban un par de décadas en ella, por razones morales, políticas y de orden público (para que no volvieran a las andadas). Estas últimas ya no concurren. Políticamente es hasta conveniente que vayan saliendo de la cárcel, sobre todo cuando les corresponde. Y la moral está de nuestra parte, siempre lo estuvo y desde que les derrotamos hasta ellos mismos lo tienen cada día más claro.

La sentencia de Estrasburgo no es una mala noticia. Es buena para enterrar ETA definitivamente y es sobre todo muy positiva para que nuestro Estado de Derecho vuelva a poder ser considerado como tal.