La desigualdad a la vista (y al tacto, al gusto, y al olfato)

Alberto Penadés

Vaya por delante que si bien entiendo el placer que se siente al dar viento al rencor de clase, y en seguida daré ejemplo, en el fondo me resultan interesantes los dandis, los personajes de Fitzgerald y mucha gente fina. Además, creo que la sociedad de consumo es liberadora, y que venerar una marca comercial es menos dañino que venerar una reliquia religiosa o, si me apuran, una patria. Es una razón más de la afinidad de la miseria con las dictaduras. En España ha habido algunos ricos muy interesantes, mi último descubrimiento es el barcelonés Mauricio Wiesentahl, cuyos amenos libros de viajes y recuerdos recomiendo mucho. Es el tipo de persona que podía convencer a su padre de que por el precio de estudiar un año en París podía alquilarse un viejo palacio, con un sirviente, en Marrakech, ese mismo tiempo, y hacerlo (y dedicarse a cultivar el árabe, la música, la poesía y las artes amatorias). Envidio y, en cierto modo, encuentro admirables a aquellos miembros de la clase ociosa que dedican su tiempo a cultivar habilidades y gustos que son muy intensivos en eso mismo, sea la música, las lenguas o los viajes lentos.

Los decadentes jovenzuelos del anuncio de Loewe, sin embargo, me inspiran una repugnancia que no quiero quitarme el placer de ventilar. Simplemente, son memos sin capacidad ni interés por disimularlo. Con una cantidad razonable de pasta, no tanta, y una cantidad mucho mayor de tontería, de hijos de una clase madrileña que a veces tuvo su momento creativo  y progre y de la que son, literalmente, su detrito.  Al señorito calavera le dedicó Machado (odio citar a Machado) un poema muy bueno,  ese que acaba con lo de “de la cepa hispana, no es el fruto podrido ni maduro, es una fruta vana”. El pobre creía que era una despedida (“de aquella España que pasó y no ha sido…”). Pero ahí los tienes, enseñándonos a besar.

El coste de vivir extraordinariamente bien, según la revista Forbes, no para de subir. Miren este simpático artículo (http://www.forbes.com/sites/scottdecarlo/2011/09/26/cost-of-living-extremely-well-index-the-price-of-living-large-is-up/) No hay broma ni engaño, la revista ha creado un IPC para vivir como dios en el olimpo, y constata que sube más deprisa que el IPC de los mortales. La lista de bienes es realmente interesante, incluye la hora de abogado y la de psiquiatra, los masajes más exclusivos, los barcos y aviones privados, los mejores vinos y comidas, los colegios de élite, las tiendas de moda más elegantes, la ópera, la universidad de Harvard o un piano de cola. No incluye productos Loewe, lo siento. No incluye la vivienda, que para esta gente no es “coste de vivir”, evidentemente, sino patrimonio puro y simple. El índice constata que se disparan los helicópteros privados (un 14%), los relojes de oro y algunos artículos de piel, y sube bastante la educación en Harvard (casi 60.000$) o en una preparatoria decente (apenas  50.000 pensión completa). Un piano Steinway ha subido un 6% (piano de gran sala, de 140.000$) y otro tanto un catering para 40 invitados, que ya pasa de los 7.000. Se mantienen cosas como tener flores de temporada en casa (seis habitaciones, cambio semanal, 8175$ al mes) o el precio de un buen coche (RR Phantom 380.000$). Solo bajan las piscinas y las saunas, que es algo que obviamente lo tiene cualquiera, aunque no se pueda prescindir de ello.

Esto me ha llevado a preguntarme por el IPC ibérico (vid. Página del INE), en el que por cierto la vivienda ocupa el 10,4%, todavía tengo que averiguar por qué (¿es la media de la vida y de las personas?). Llaman la atención muchas cosas. Lo primero lo antiguo que parece haberse quedado en algunas cosas (¿o es que somos así?) pues en el menaje del hogar cuenta el precio de los papeles pintados, y en ocio y cultura, el de los toros, así como el de los payasos para espectáculos privados.  Lo segundo es el retrato de una sociedad más bien cazurra. Se incluye la medicina alternativa (al fin y al cabo los ricos cuentan al psiquiatra) y se excluyen los libros. Solo cuentan los libros “de entretenimiento” (con fotos y mapas, “para colorear “(sic) etc.) y los textos escolares. Los instrumentos musicales están clasificados con los “grandes equipos deportivos” y, así, el piano se promedia con la tabla de surf. La tercera es política, pues se incluyen servicios sanitarios y educativos que teóricamente no se pagan. Es cierto que pesan poco en el índice, pero ¿no es significativo que el precio de una radiografía,  una cama de hospital, o hacer tercero de la ESO estén computados? La cuarta es socio-gastronómica. Los bombones están excluidos,  expresamente. Sin embargo se detallan “hígados, mollejas, riñones, sesos, criadillas, etc.; despojos: rabos, morros, cabezas, etc.”.  No es que se coma mal, se cuenta el pescado (el langostino es la comunión nacional) y muchos alimentos naturales y llamados mediterráneos. También las chuches, los turrones y las peladillas. Pero huele a grasa.

Y en el subíndice de la ropa, se incluyen los remiendos.

Ricos y pobres siempre han hecho vidas distintas, no es ningún descubrimiento. Comer cosas distintas es una de las experiencias más jerárquicas que hay, y el tabú es su etnificación. Y eso que comer, com-edere, es comer junto a alguien (en esto los castellanos y lusos nos quedamos con la forma buena, frente al “manducare”, vulgar masticar, que da manjar, y menjar, manggiare…). Siempre me ha espeluznado la comensalía espartana, la obligación de hacer de la comida algo público e igualitario: a la ciudadanía por el rancho.  Elegir con quién comer, y comer con amigos, es pura humanidad. Pero la distancia del caviar a los higadillos es demasiado hiriente.  Sabemos que en torno a la mesa se hacen amigos, y también negocios y jerarquías. No hay felicidad sin amigos, podría decir que lo dijo Aristóteles para que no quede tan simple. Pero cómo equilibrar el respeto por las afinidades de cada cual con la igualdad es un problema mucho menos fácil de lo que parece.

4 pensamientos en “La desigualdad a la vista (y al tacto, al gusto, y al olfato)

  1. Supongo que si los ricos se adaptan al IPC para vivir como dioses, los pobres, con eso de los recortes que obligadamente están teniendo que ralizar por motivos de la crisis para no pasarse en el consumo, habrán adaptado un ICP.

  2. !” ……. Torrijos, otrora secretario provincial de CC.OO., histórico sindicalista y autor de innumerables discursos públicos sobre la defensa de los trabajadores, tendrá que añadir ahora a su biografía que también es el primer político de Sevilla condenado a pagar de su bolsillo una indemnización por provocar daños morales a una trabajadora a la que, según la sentencia del TSJA, contra la que sólo cabe recurso de casación ante el Supremo, sometió a un constante acoso laboral por no plegarse a sus imposiciones políticas. ……. ”
    http://www.abcdesevilla.es/20120323/sevilla/sevi-torrijos-condenado-pagar-bolsillo-201203222317.html

  3. El articulo de Penadés de hoy es un homenaje a los bon vivant, o al menos , al concepto de buen vivir.
    Pues no me parece mal. De vez en cuando bien vale sacar a colación los higados y las mollejas, y los caviares y a cuanto van los garbanzos.
    Una salvedad, se puede disfrutar razonablemente bien sin estridencias Loewevianas ¿a que si?

  4. El crecimiento de la desigualdad entre ricos y pobres, precisamente en las democracias avanzadas, está generando pautas de comportamiento y consumo muy diferentes según que se pertenezca a la clase rica o a la pobre. Antonio Cano, corresponsal de El País en Washington nos cuenta que el profesor Charles Murray en su libro Coming Apart presenta la hipótesis de que “la nueva clase alta” y “la nueva clase baja” viven en mundos completamente separados. Y detalla sus diferencias: los ricos están titulados en las mejores universidades, viven en barrios seguros y alejados del centro de la ciudad, tienen parejas estables, están adscitos a alguna iglesia, comen sushi, disfrutan de arte y espectáculos vanguardistas y buscan la naturaleza en sus viajes de vacaciones y lugares sin aglomeraciones. Hacen viajes a Europa y suelen ser bilingües. Los pobres, en cambio, dejan los estudios antes de licenciarse o lo hacen en universidades de segunda clase, habitan en zonas invadidas por la delincuencia, se alimentan de comida basura, no perduran en sus relaciones de pareja y tienen frecuentes hijos fuera del matrimonio, su única fuente de entretenimiento es la tele y pasan sus vacacaciones en lugares de grandes aglomeraciones.

    Bueno, aunque España no es EEUU también han crecido las diferencias de renta y pautas de consumo y quizas por eso Penadés encuentra que el el IPC tiene mezclas muy raras de distintos bienes y sevicios de consumo. Cada vez que el INE pone en marcha un nuevo IPC, previamente se ha seguido las pautas de consumo de unas 8000 familias repartidas en el ámbito nacional y de distintos estratos de renta. Por tanto , la impresionante condensación e integración de miles de artículos en 9 indices componentes del IPC, siempre es un potpurri que puede inducir risitas de los que lo analizan. Y lo peor es el Indice de vivienda que es una mezcla ponderada de alquileres reales, alquileres imputados y reparaciones.

    En cuanto al anuncio de Loewe, creo que está siguiendo la tendencia de Benetton, de intentar escandalizar para fijar la atención. La panda de pijos que muestra es un tanto artificial. Los pijos de clase alta son muy conservadores en su vestimenta, mientras que los pijos de clase baja suelen ser un tanto desaliñados o directamnte sucios. No tienen nada que ver con los guapitos y guapitas del anuncio de Loewe.

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