La demoscopia de El País

LBNL

Si le siguen concediendo un mínimo de credibilidad a las encuestas que regularmente publica El País, el sorpasso ya está aquí. De momento, sólo con respecto al PSOE pero me atrevo a aventurar que dentro de muy poco – quizás el finde que viene – también con respecto al PP. Las encuestas las encarga el diablo que está al mando de la cocina pero atendiendo exclusivamente a la intención directa de voto según Demoscopia, Ciudadanos estaría a punto y medio de convertirse en la primera fuerza política de nuestro país, con PSOE y Podemos a 3,3 y 5,5 del PP respectivamente. Peor aún para los antagonistas del “pijo naranja”, su valoración positiva es del 54% frente a un 33% del inefable Pedro Sánchez y un 28% al alimón de Pablo Iglesias y Mariano Rajoy, con un 40% de aprobación para el bueno de Alberto Garzón que resulta sin embargo bastante irrelevante en vista del 4,3% de IU en intención directa de voto.

Albert Rivera lo tiene crudo para gobernar dada la carencia de cuadros e implantación de Ciudadanos en muchas provincias, que serán un lastre importante a la hora de traducir simpatías en escaños. Y sin embargo, Ciudadanos está empatado con PP y PSOE como partido favorito para ganar las elecciones y Albert Rivera lidera con un 22% frente al 17, 16 y 14% de Rajoy, Sánchez e Iglesias como Presidente del Gobierno preferible. Todavía más importante parece el dato de que un 56% de votantes declarados del PSOE y un 23% del PP considerarían positivo que gobernara un partido distinto al PPSOE.

El pasado sábado anduve farra con algunos acólitos del PSOE que me trataron de convencer de que Ciudadanos es la marca blanca del PP. Peor aún: es un partido que duda a la hora de condenar el franquismo y muestra tintes preocupantes en cuestiones como el aborto, etc. Les pedí que me mandaran pruebas porque, de ser cierto, no podría yo comulgar con ruedas de molino. Pero mal que me pese, la importancia de mi voto es menos que relativa. Lo crucial es que Albert Rivera y Ciudadanos se han aparecido ante la ciudadanía como la opción de centro, centro-izquierda para unas cosas y centro-derecha para otras, pero limpia, moderna y regeneradora.

En esa misma reunión un prócer socialista me vaticinó que Rivera cometería algún error antes del 20-D. No lo descarto pero no lo considero probable. Estoy completamente seguro de que habrá varios electos de Ciudadanos o figurantes en sus listas que serán pasto de las llamas por sus propios errores, pero no creo que Rivera vaya a ser tan torpe, después de haber sido capaz de superar el peligro durante los últimos años en una Cataluña completamente hostil.

Cuando los amigos que me alertaban del carácter derechista de Rivera me pidieron que encarecidamente que votara a Sánchez, les pregunté por qué. La respuesta fue descorazonadora: porque nos va muy mal y no le viene bien a España que el PSOE, que ha sido la fuerza detrás la modernización del país, se hunda. Estando de acuerdo en lo último, les respondí que a mí particularmente me interesaba antes el beneficio de España que el de la fuerza política que tanto ha hecho por su bienestar. Además, ojalá Ciudadanos consiguiera sobrepasar al PP y convertirse en el homólogo de la CDU alemana o los Tories británicos, es decir, derecha o centro derecha económica pero no moral. Mucho me temo que la mayoría del electorado no vaya a hilar tan fino. Sánchez es más alto y más guapo que Rivera y seguramente le iguala a pectorales, pero el bueno de Albert es mucho más dinámico y letal debatiendo.

Por cierto, que el prócer socialista me comentó que de encontrarse él en la situación de Rajoy, aceptaría un debate a cuatro, en el que podría aprovechar la juventud de los otros tres para posicionarse como el candidato de los menos jóvenes. Yo discrepé. No creo que Rajoy fuera capaz de ganar ningún debate a cuatro pero desde luego no le podría dar ni la réplica a Albert Rivera.

Seguiremos desmenuzando la última realidad (virtual) de las elecciones mañana mismo.