La democracia venezolana

Alejandro Corvalán 

El gobierno de Hugo Chávez no deja indiferente a nadie. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) indica que por una parte (i) el gobierno venezolano ha aumentado los niveles de alfabetización, atención de salud, provisión de servicios públicos básicos a los pobres, junto con disminución de la pobreza y la tasa de mortalidad infantil; y por otra (ii), que el gobierno ha socavado la democracia al concentrar el poder, intimidar a opositores y a los medios, y tener fuerte influencia sobre el poder judicial al poder remover a los jueces transitorios.

Dada la evidente concentración de poder en la figura del presidente Chávez, hay quienes han cuestionado si Venezuela es una democracia. Entre ellos, el Senado de España, sin los votos del PSOE, durante el año 2009.

La concepción moderna de democracia – sugerida inicialmente por Schumpeter en 1942 – es minimalista. Según esta, la democracia es simplemente un procedimiento donde el gobernante es elegido mediante elecciones competitivas. Como indica Pzreworski, democracia es un sistema donde, en cada elección, los participantes aceptan de antemano la posibilidad de perder.

Lo importante de la noción moderna de democracia es justamente lo que excluye. Revisando otras definiciones, sobre todo aquellas menos formales, se asocian a la democracia una serie de atributos positivos desde el punto de vista político: representación, igualdad, libertad, justicia, etc. Pero el efecto de la democracia, minimalista o procedimental, sobre la igualdad política o la justicia, por ejemplo, es suficientemente interesante como para ser resuelto por mera definición. 

Así, por ejemplo, ocurre con la libertad. La libertad no es un atributo sine qua non de la democracia. A menudo se tienden a asociar ambos conceptos, en un claro guiño a la democracia liberal americana, pero lo cierto es que la libertad en sí misma no asegura los medios para ejercerla. Estados Unidos tiene libertad para formar partidos, pero no lo ha hecho en la práctica desde hace más de 100 años; muchos países latinoamericanos tienen libertad de prensa, pero las cadenas son controladas por los grandes grupos económicos. Al respecto, la crítica al gobierno de Chávez por lesionar la libertad de prensa puede ser muy pertinente, pero no permite sacar conclusión alguna sobre la democracia en Venezuela.            

Si la democracia es un procedimiento, ¿es Venezuela una democracia? La respuesta es afirmativa. Las elecciones en Venezuela se efectúan de manera frecuente y los observadores internacionales no han sugerido irregularidades en ninguna de ellas. Más importante, la política venezolana durante la última década ha sido un constante tira y afloja entre gobierno y oposición, y no el predominio monopolístico de una sola de las partes. El gobierno venezolano ha debido someterse reiteradamente a resultados adversos. A partir del 2001, la oposición venezolana mostró la respuesta organizada más fuerte que ha evidenciado AL en los últimos diez años. Paralizó al país con protestas (incluyendo el intento de golpe) y, más importante, logró el 2004 un referendo revocatorio de las reformas de 1999. El referendo, no obstante, fue ganado por el gobierno. Las denuncias de fraude hechas por la oposición fueron contradichas por la OEA, pero a pesar de ello, la oposición no se presenta a las elecciones parlamentarias del año siguiente. El 2006, en la elección con mayor participación electoral en la historia venezolana, Chávez logra un aplastante 63% de los votos. Pero un año más tarde, pierde un bullado referendo para reformar nuevamente la Constitución. La razón de la derrota fue, nuevamente, el alto grado de organización dentro de la oposición. El gobierno venezolano acató el fallo y no hubo reforma. El 2008, el gobierno volvió a perder las elecciones locales,  incluyendo la derrota en las alcaldías de Caracas y Maracaibo. Toda la descripción anterior da muestras de que el pulso político en Venezuela está guiado por la competencia eleccionaria.

Las opiniones disímiles en esta materia se deben a una noción errada del concepto de democracia, al que, insisto, se le atribuyen una serie de atributos positivos de manera un tanto ingenua. Pero la democracia es un procedimiento, y no un sistema virtuoso en sí mismo. Sostener que Venezuela abandonó el camino democrático es una exageración de quienes asocian a la democracia sus propios credos normativos. España podrá criticar a Chávez así como a otros mandatarios sudamericanos, pero al pan hay que llamarle pan, y al vino: vino.