La Defensa importa

LBNL

Y si no que se lo digan al Barça, que por falta de una defensa en condiciones el martes se tragó cuatro goles como cuatro soles, o al Madrid que anoche se llevó otros cuatro. Pero no, no me refiero a ese tipo de defensa, como tampoco a esa otra según la cual la mejor es un buen ataque. No, cuando hablamos de Defensa, de capacidades militares, hablamos de la capacidad de defenderse de un ataque, tanto en la práctica si verdaderamente llega a concretarse, como disuasoriamente por el mero hecho de contar con medios de defensa suficientemente convincentes.

Pero hombre, no me venga usted con esas. En nuestro vecindario europeo nadie se ataca militarmente y ni siquiera es concebible que nos ataque Marruecos. Ya, pero resulta que muchas de las cosas que dábamos por sentadas, como la democracia liberal, están de repente mucho más en cuestión de lo que era concebible hace sólo un lustro y Europa tiene una cierta tradición, milenaria, de destrozarse mutuamente, al menos hasta hace poco más de cincuenta años. Y por otro lado, yo sería de los primeros en sumarme a un acuerdo con Marruecos para compartir Ceuta y Melilla, pero no me parecería bien que entraran por la fuerza y resignarme. Y menos aún a que lo hicieran en Canarias, cuya soberanía española también se pone en cuestión por algunos lares. Si no tienes una defensa mínimamente preparada, no puedes sino resignarte a que tu futuro esté en manos de tus vecinos, de los aliados y de los adversarios. E incluso los aliados te cobran el favor. Por ejemplo, por mucho que se hayan privatizado, las líneas aéreas israelíes cerrarán antes de comprar un Airbus: tienen que comprar Boeing para devolver en parte la ayuda militar americana. En otras palabras, si pasas de ensuciarte las manos cuando te ataca el matón en el recreo, más vale que ande por ahí tu primo el de zumosol. Pero luego le tendrás que dar la mitad del bocata.

Ahora bien, la defensa moderna implica también la capacidad de intervenir allende las fronteras para asegurar el mantenimiento de la paz e incluso para contribuir a “hacer la paz”, lo cual no debería plantear ningún problema ético o político incluso para los más puristas, siempre que se haga de acuerdo con la legalidad internacional.

Sí, ya sabemos que la ONU no es una organización verdaderamente democrática puesto que su órgano rector, el Consejo de Seguridad, que es el intérprete sumo de la Carta de las Naciones Unidas y, por tanto, quién tiene la capacidad de dictar qué es conforme a la legalidad internacional, cuenta con 5 miembros (de un total de 15) que, además de formar parte del Consejo con carácter permanente (o precisamente por ello), tienen derecho de veto. Es un sistema francamente mejorable pero, al menos en mi opinión, mucho menos malo que si la legalidad internacional fuera decidida por voto igualitario de los más de 190 países miembros de las Naciones Unidas, muchos de los cuales siguen gobernados por dictadores, corruptos o simplemente cenutrios. Por el maldito derecho de veto, la dictadura siria puede seguir matando sin ton ni son, guarecida tras el veto ruso. E Israel puede hacer lo que le dé la gana, sabedor de que EE.UU. le presionará pero jamás consentirá que el Consejo de Seguridad dicte en contra de sus intereses vitales. Pero cuando las grandes potencias no tienen intereses importantes en juego, o cuando dejan de tenerlos (por ejemplo, China ahora apoyando sanciones contra Corea del Norte), el Consejo actúa y no lo hace mal del todo. Pregunten, si no, por la zona de los Balcanes, que por cierto no queda demasiado lejos, o por tantos países del África Negra dónde la intervención de la ONU es prácticamente la única esperanza de salvar la vida frente a tanto genocida suelto.

En fin, volvamos a la Defensa y sus múltiples detractores, particularmente en España. Muy poca gente en nuestro país es consciente de que ahora mismo tenemos 700 militares (llegamos a tener algo más de 1.100) literalmente operando como corta-fuegos entre la milicia chiíta de Hezbullah y el ejército israelí. Para unos, protegen al Líbano de más invasiones israelíes. Para otros, protegen a la única democracia verdadera de Oriente Medio de más incursiones terroristas y lanzamientos de cohetes sobre sus ciudades. Para ambos, pues, están haciendo una labor sensacional, sin pegar un tiro, pero armados, porque desarmados no tendrían el efecto disuasorio imprescindible y deseado. Y seguimos teniendo varios centenares en Afganistán, también bajo paraguas de las Naciones Unidas, contribuyendo a que las autoridades locales (no profundamente democráticas, pero al menos elegidas en votación libre) tengan una mayor capacidad de acción a favor de la población local. ¿Recuerdan cuando nos escandalizábamos de las violaciones de Derechos Humanos y la cerrazón talibán, especialmente aplicada a las mujeres? Pues donde están las tropas españolas e internacionales, ya no pasa, o pasa mucho menos, porque desafortunadamente este contingente sí ha tenido que disparar, siempre en defensa propia ante los que pretenden, a tiros, seguir mandando, tiranizando a la población local, exportando el 90% de la heroína mundial y siendo un foco infecto de terrorismo integrista islamista.

Ahora mismo no sé a ciencia cierta en cuántos más lugares tenemos soldados, policías y/o guardia civiles, pero los hemos tenido durante largos años en Croacia, Bosnia y Kosovo, y acabamos de mandar unos cuantos a Mali y estamos a punto de mandar otros más a Mauritania. Los de Mali van a entrenar al ejército local, para que pueda hacer frente a unos chiflados que tuvieron que salir corriendo de Argelia y Libia y que, aparte de atentar contra el patrimonio cultural mundial en Tombuktú, secuestran al primer occidental que encuentran para forrarse con el rescate y tratan de imponer un islamismo rigorista al estilo corte de manos por robar y condena a la mujer violada por mantener relaciones sexuales al margen del matrimonio. Y, además, en sus ratos libres, montan ataques suicidas en centrales de gas o, incluso, se animan a poner bombas en Europa. Así que puede que tenga cierta utilidad enseñar al ejército maliense a mantener el orden en su vasto, cercano y descontrolado territorio. Y lo mismo vale para la vecina Mauritania.

No es que España tenga vocación de policía mundial sino que forma parte de la Unión Europea y, francamente, quedaría muy mal que siempre dijéramos que no cuando todos los demás se ofrecen a acudir en respuesta a la petición del Consejo de Seguridad, las más de las veces de acuerdo con las autoridades locales y cuando no, por muy buenas razones, como la zona de exclusión aérea que se decretó para que Gadafi no pudiera aplastar a sangre y fuego la rebelión popular contra su larguísima y cruenta dictadura (qué ha venido y vendrá después es otra historia completamente diferente).

Quedaría todavía peor que siempre nos hiciéramos los suecos dado que también somos miembros de la OTAN. ¡Ah! Por ahí ya no paso, dirán algunos. Pero en realidad cada vez da más igual porque si uno se quita los prejuicios heredados de la guerra fría, como la OTAN toma sus decisiones por unanimidad, basta con oponerse para que no pueda tomar ninguna decisión que no esté conforme con la legalidad internacional. O abstenerse y quedarse fuera, como hizo Alemania en el caso de Libia. Ah, pero ¿no habíamos quedado en que no cabe mantenerse al margen? En realidad sí que cabe, lo que pasa es que se paga un fuerte precio por ello, que te puedes permitir de vez en cuando, sobre todo si tienes el peso económico de Alemania y su dramático pasado bélico, que hace que los demás entiendan e incluso casi prefieran que sigas pasándote de pacifista.

Bueno, pues resulta que para poder seguir teniendo capacidad disuasoria para evitar que te ataquen y también para poder seguir echando una mano allá donde la autoridad competente te lo solicita y muy importante, también te beneficia más o menos indirectamente, hay que rascarse el bolsillo. Y claro, es evidente que en los tiempos que corren resulta prioritario evitar o limitar los recortes en otras partidas más urgentes como sanidad o educación. Así que el porcentaje del PIB destinado a seguridad en sentido amplio y, todavía más, a gasto militar puro y duro, sigue reduciéndose, casi en la misma proporción que el destinado a la ayuda al desarrollo. Esto es particularmente grave porque en gran medida, lo que inviertas en mejorar la calidad de vida de tus vecinos más pobres, te lo puedes ahorrar en mayor medida en inversión en seguridad, porque ya se sabe que, sin entrar en otras disquisiciones más solidarias y equitativas, cuánto más tengan que perder tus vecinos, menor tendencia tendrán a embarcarse en aventuras agresivas.

Así que, por efecto de la crisis, dejamos a nuestros vecinos más pobres e inestables al pairo y, además, debilitamos nuestra capacidad defensiva para contener las amenazas crecientes que destilan.

El efecto de la reducción de gasto militar implica que delegamos nuestra seguridad en EE.UU., que todavía tiene miles de soldados en Europa y es, con gran diferencia, la mayor presencia militar en el Mediterráneo. Concretamente, EE.UU. soporta más del 50% del gasto de la OTAN, y como consecuencia, si Europa quiere hacer algo útil en Mali, tiene que pedirle una ayudita al primo americano para que nos transporte el equipo más pesado, porque no tenemos capacidad de transporte. Y encima pretendemos que los americanos no manden y se coordinen con nosotros antes de hablar con nuestros vecinos para poner un poco de orden (léase Sahara por ejemplo).

Por el momento, sólo cabe subrayar que las reducciones no salen gratis, porque es obvio que hasta que la economía no se recupere mínimamente, resultará inviable aumentar el gasto militar. Lo que sí cabe es utilizar mejor los cada vez más escasos recursos disponibles. Resulta que los americanos tienen un millón de militares mientras que Europa tiene dos millones de personas en uniforme. Así, los americanos gastan una proporción mucho menor en sueldos, destinando el excedente a equipamiento. Además, su industria de defensa es mucho más eficiente. No recuerdo los datos exactos pero si en EE.UU. hay cuatro productores de helicópteros militares, en Europa hay 16. Y encima, la producción no tiene un estándar homologable. Así, cuando varios países europeos mandaron tanques a la ex Yugoslavia, no pudieron funcionar conjuntamente porque sus sistemas de computación (IT) eran incompatibles. Por tanto, gastamos mucho menos que EE.UU. en defensa pero también mucho menos eficientemente, multiplicando esfuerzos inútilmente.

Pese a todo seguro que son muchos quienes seguirán sin estar convencidos sobre la conveniencia de atender la seguridad, en nuestro interés y en la de nuestros vecinos. En el mejor de los casos, mis argumentos habrán conseguido suscitar una leve duda, pero no interés suficiente. Ataquemos por otro flanco. La industria de defensa europea en su conjunto genera unos 600.000 empleos directos. No son empleos cualquiera, sino de alta cualificación y de difícil deslocalización. La industria de defensa europea produce en conjunto un total anual de unos 90 mil millones de euros (algo más del doble que el rescate bancario español). Dada su alta sofisticación tecnológica, la industria de defensa tiene un efecto directo brutal sobre el I+D+i, un sector siempre deficitario en España y ahora todavía más, y también sobre las PYMEs que son participantes necesarias de las cadenas de producción.

No se trata de fabricar bombas de racimo para vendérselas a Gadaffi y cia. Se trata de desarrollar artefactos muy sofisticados para poder defenderte – en caso de un ataque tanto más improbable cuanto mayor sea tu capacidad – con la mayor seguridad posible para tus menguantes fuerzas armadas. Hablamos por ejemplo del A400M que desarrolla Airbus Military y que supone uno de los proyectos europeos de mayor potencial. Se trata de que cuando vayamos a Afganistán (¿recuerdan el infame Yak?) no tengamos que alquilar un avión ucraniano de origen soviético pagando un pastón y poniendo en riesgo la vida de nuestros soldados. Y generemos mucha riqueza en el proceso, creando empleos altamente cualificados, poblando la cadena de producción de PYMEs especializadas, y exportando capacidad de aerotransporte a nuestros aliados. No hablo de producir ametralladoras que vender a sátrapas que las quieren para masacrar a sus pueblos. Hablo de inversión en ciber seguridad, esencial para evitar que nuestras infraestructuras críticas estén expuestas a ataques remotos que nos pueden literalmente apagar las centrales de energía, y de paso generar patentes de aplicación también civil (¿les suena internet?) y muy provechosa.

En fin, la seguridad no suena muy progre pero es necesaria, más bien indispensable, y encima genera mucho crecimiento económico, del bueno, del altamente productivo frente a nuestro tradicional ladrillo. Afortunadamente en Europa son muchas las cabezas pensantes que están dedicadas a encontrar soluciones para racionalizar el gasto continental en Defensa y sacarle partido. Formar parte de Europa, del euro, también tiene cosas buenas de las que en España apenas se habla. Pero no por ello dejan de ser menos ciertas.