La cursilada y la bravuconada

Carlos Hidalgo

Hace poco que en Podemos están celebrando su cuarto aniversario. Y han inundado las redes de su habitual mezcla retórica entre cursilería y amenazas a todos aquellos que no son ellos. Me da un poco de pena que en tan sólo cuatro años hayan ascendido y caído con tanta rapidez. No tanto por ellos, a los que sufrí en su día en la Facultad de Políticas, sino por la gente que sinceramente creía que eran una alternativa a lo que existía en ese momento.Detrás de Podemos hay mucha gente de buena fe, que realmente creía que era posible llevar a cabo un proyecto progresista y regenerador de la democracia española, que lleva dando preocupantes crujidos desde 2011. La pena es que quienes conocemos a sus fundadores nunca creímos en la sinceridad de ese proyecto. La mayor parte de mis amigos y amigas de la facultad, que abarcan todo el rango ideológico, han compartido mi descreimiento y, cómo me ha pasado a mí, se han quedado solos en ocasiones, en estos años en los que a Podemos, comunicativamente hablando, les han rebotado las balas.

Voy a dar un par de apuntes para que entendais mi posición, que es absolutamente personal, subjetiva y, precisamente por ello, de primera mano. Durante mi etapa en Políticas ayudé a fundar y presidí una asociación de estudiantes. El objeto de la asociación era reunir a lo que ahora se llaman “frikis” y combinar lo que aprendiamos en la carrera con cultura popular, juegos de mesa y novelas, películas o cómics. Podíamos organizar una conferencia sobre la “Realpolitik” en tiempos de Bismark y luego celebrar un torneo de “Diplomacia”, un juego de mesa donde conquistas el mundo negociando con otros jugadores. Los que luego serían los miembros fundadores de Podemos (entonces en la asociación ligada a IU, llamada por entonces AU-EI) nos odiaban. No entendían que la gente se lo pasara bien con nosotros, que nuestros actos tuvieran humor a raudales y que no fomentásemos el malhumor o la indignación. En palabras del Íñigo Errejón de entonces, éramos una expresión de “infantilismo capitalista”. Durante el tiempo en el que estuve en la Universidad, esta gente no dudó en asaltar nuestro local, tratar de intimidar verbal y físicamente a nuestros socios y socias (ahí hay que destacar el papel del joven Ramón Espinar) y pedir de todas las maneras posibles al Decanato que nos cerrasen. Eso no llegó a ocurrir y los “frikis” persistimos en nuestra resistencia a los abusones y en tratar de sacar adelante nuestros estudios, contra viento y marea en muchas ocasiones. Sin embargo, ver las clases de Monedero, Verstrynge y Bescansa era asombroso: sólo había que ver como trataban a Iglesias, Errejón, Mayer o Espinar para saber que iban a ser profesores en la Complutense casi antes de acabar la carrera. Por no hablar del deferente trato que les daba el entonces vicedecano de alumnos, Heriberto Cairo.

En las incipientes redes sociales de entonces podíamos ver las fotos de estas personas viajando “becados” a conocer a Evo Morales, Gadafi o Hugo Chávez, mientras que el resto de alumnos teníamos suerte si nos llegaban a pagar las becas del Ministerio. Y en nuestro trato diario veíamos también cómo Iglesias y sus acólitos ascendían y purgaban según simpatías personales como manera de gestionar sus relaciones sentimentales. Ni qué decir que es imposible no ver un reflejo de todo esto en la breve historia de Podemos.

Otro apunte personal: sin haber pasado esos días por la Puerta del Sol, se puede decir que viví el 15M de una manera muy especial. En aquel momento gestionaba las redes del PSOE y veía lo que la gente que simpatizaba con ellos vertía en las redes. Desde legítimo descontento a viles insultos o a gente que revindicaba cosas que ya existían. En cualquier caso, yo hice mías las palabras de Zapatero con respecto a todo ese movimiento: es una expresión democrática que merece ser escuchada. Y eso hice. Ni qué decir que muchas de las voces que entonces eran los y las portavoces habituales del 15M, no están en Podemos. De algunos no se acuerda ya nadie. Tampoco se acuerda nadie de cómo el 15M desapareció de las plazas para ir “a los barrios”. Y lo que yo vi en las rede fue cómo una creciente paranioa por la búsqueda de infiltrados policiales les llevó a tal nivel de caza de brujas, que la gente decidió disolverse en grupos más pequeños para tener la fiesta en paz. Y también para evitar que ciertas personas monopolizasen siempre las asambleas. Nadie o casi nadie de los que estaban allí tienen hoy una posición relevante en Podemos. Algunos sí que lo tienen, pero en segunda fila, como Pablo Soto o Facu Díaz, que es algo así como el humorista oficial de Podemos y a la vez militante de IU.

En mi opinión y según mi experiencia, lo que Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa o Juan Carlos Monedero trataron de hacer fue usar ese potencial para servir a su propio proyecto, no para servir a las demandas de quienes estuvieron en esas plazas. Y ni siquiera lo hicieron con un plan propio, sino sacando la idea de un artículo que Belén Barreiro publicó en El País. En cuanto a Verstrynge… Verstrynge hizo lo que mucho políticos retirados quieren hacer: tratar de revivir su juventud volviendo a ser influyentes o medianamente relevante, una especie de crisis de la madurez que aqueja a muchas personas vanidosas.

El potencial de toda la gente -de toda la buena gente- que se sintió legítimamente descontenta, más la brillantez de Belén Barreiro -que señaló acertadamente que había un gran grupo de personas que no se sentía bien representada-, sirvieron para Podemos naciera, creciera a toda prisa y evitase en dos ocasiones que se desalojara a Rajoy del Gobierno. Pero una vez que ese impulso se agota y que acaba el escenario descrito por el artículo de Barreiro, era el momento de que los inventores de Podemos demostrasen cuál era su proyecto. Y la verdad es que ese proyecto es una combinación de retórica cursi con bravuconadas seudoguerrilleras. Podemos ha conseguido mucho poder en muy poco tiempo y la verdad es que no se ve ningún uso útil de ese poder. Ha valido para que Pablo Iglesias se bese en varias ocasiones en el hemiciclo (cursilada) o se pavoneen de ser los responsables de la abdicación de Juan Carlos I (bravuconada y además falsa). Hablan de “construir pueblo” (cursilada) y de cómo “la trama” les teme (bravuconada). Han intercambiado paseo y regalos con Pedro Sánchez (cursilada) y han promovido una moción de censura inútil (bravuconada). Y reformulan la promesa de sus cargos para no usar la oficial (cursilada y bravuconada a la vez).

Pero, ¿qué más han hecho? La verdad es no mucho más. Han hecho promesas, han denunciado conspiraciones en contra de ellos, han derribado gobiernos progresistas y son malos gobernantes en los sitios donde han sido apoyados por otros partidos de izquierdas. Han hablado de hacer patria mientras han apoyado siempre a los separatistas. Desde mi muy personal (y posiblemente erróneo) punto de vista han seguido haciendo lo que en los tiempos de la universidad: usar recursos públicos en su beneficio, convertir en política sus filias y fobias personales, pedir que el árbitro elimine al resto de jugadores y, en el colmo de la ironía, llevar a cabo purgas internas.

Lo que opino es muy personal. No soy nada objetivo, ni pretendo serlo. Pero todo esto me suena.

6 pensamientos en “La cursilada y la bravuconada

  1. Muy interesante esta narración personal de la trayectoria de Podemos. No podía estar más de acuerdo con tu análisis. Gracias

  2. Excelente y valiente artículo. Retrata bien la desfachatez política de esta tropa. Hace poco más de dos años Iglesias le decia a Évole que si no ganaba las elecciones dimitiría. Ese ego. Hoy es ese señor que, después de su enésimo fracaso, solo ofrece, como los malos equipos de fútbol, dejarse la piel y la salud en el campo. Ideas? Ni una. Un día su referente es Venezuela ( que generosamente le premió a él y los suyos) otro es Grecia y los fines de semana y fiestas de guardar se vuelve danés y socialdemócrata. Y dos huevos duros. Lo que haga falta. Por el camino son 120.000€ al saco, según declaracion en el Congreso. Su único mérito es ser el gran tonto útil de la derecha, en Madrid y en Barcelona. Más de un millón de ciudadanos le dijeron no a su sorpasso. A IU la ha dejado tocada de muerte con la ayuda de su compadre Garzon. Con el PSOE lo lleva intentando desde el minuto uno pero se le resiste. Mariano lo cuida como oro en paño. Ferreras y Roures hacen el resto. Dicen las encuestas que las derechas sacan casi 15 puntos a las izquierdas. Si Pablo se lo propone pueden ser más. Está en ello.

  3. Estoy muy de acuerdo con ambos. En consecuencia, si las cosas son como parece que son ¿ por qué diablos mantiene el PSOE con ellos esas extrañas alianzas ?

  4. Como bien indica el autor, análisis no objetivo y totalmente sesgado por las preferencias politicas y las composiciones propias.

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